Blockchain, ¿Ha quedado para quedarse?

Blockchain, ¿Ha quedado para quedarse?
El Blockchain o cadena de bloques es una prometedora tecnología monetaria descentralizada, pero está por ver si resulta verdaderamente revolucionaria

El blockchain o cadena de bloques es una tecnología revolucionaria, basada en el objetivo de eliminar intermediarios y descentralizar gestiones. Principalmente, se emplea en modelos monetarios, configurando un sistema en el que cada usuario participa de la gestión de cuentas para proteger su privacidad y seguridad. Pero, actualmente, sus posibilidades son increíblemente amplias. Básicamente, se trata de una base de datos cifrada y distribuida entre miles de nodos, sincronizada entre ordenadores y otros dispositivos, de modo que permite un registro más seguro y, sobre todo, más difícil de controlar e intervenir.

¿Cómo funciona la cadena de bloques?

La aplicación monetaria del blockchain funciona del siguiente modo:

  1. Cada vez que se desea realizar una transacción, el remitente del dinero comunica a toda la red la cuantía y destinatario de la misma. Cuando cada nodo comprueba que el remitente dispone del dinero, autoriza la transacción. Aprobada la transacción, el dinero cambia de cuenta.
  2. Las transacciones se van anotando en unidades de información llamados bloques. Estos bloques funcionan como un libro de cuentas, con la diferencia de que el libro está centralizado pero los bloques están distribuidos por todos los nodos. Cuando ya no caben más transacciones en el bloque, este se añade a la cadena de bloques.

Al encadenarse todos los bloques de información, se consigue un registro seguro y trazable, respetuoso con la privacidad de los usuarios y distribuido entre todos los nodos de la red. Por eso, ante una eventual caída de la red, el sistema seguiría funcionando mientras persista un solo nodo operativo.

La minería de criptomonedas

Por supuesto, los bloques son unidades de información, lo que determina que, una vez saturada su capacidad de almacenamiento, el bloque debe ser validado o sellado. En el caso del bitcoin, se denomina minería de bloques al proceso mediante el cual se registran estos bloques en la cadena. Esto impide su posterior modificación sin corromper la cadena por completo.

Por tanto, la minería consiste en recibir avisos de transacciones y reunirlas en un bloque. Al completar el bloque y sellarlo, el minero recibe una recompensa (en el ejemplo, una cantidad de bitcoins). Completar cada bloque requiere una importante capacidad de procesamiento, pues se realiza mediante algoritmos cada vez más complejos. Por ello, los mineros de datos tienden a asociarse, y cuentan con servidores muy potentes.

Aunque el proceso de minado es mucho más complejo, esta explicación sirve como primera aproximación. En definitiva, el minero es quien codifica y enlaza los bloques de modo que formen una cadena de información, cuyas principales virtudes son:

  1. Que, al registrar un historial de transacciones, impide la modificación fraudulenta del sistema.
  2. Que impide la identificación personal de los remitentes y destinatarios de las transacciones, garantizando su privacidad.
  3. Que, aún protegiendo la intimidad de los usuarios, permite la trazabilidad de sus transacciones, lo que impide la falsificación o “doble gasto” de la moneda virtual.

Este es el aspecto revolucionario de la tecnología de cadena de bloques: permite intercambiar activos o valores digitales no respaldados en entidades certificadoras de confianza. Y, por ello, colisiona con los intereses de las entidades de crédito, que hasta ahora ostentaban el monopolio de los “libros de cuentas” del dinero.

Sin embargo, esto no supone que la confianza no juegue ningún papel en el sistema. Muy al contrario, es un elemento intrínseco del mismo, pues las criptomonedas se emplean como medida común cuyo valor se acuerda entre sus usuarios. Por supuesto, la moneda virtual no podrá considerarse como dinero real sin el respaldo de alguna potencia estatal.

Los detractores del blockchain

Como no podía ser de otro modo, múltiples autoridades se alzan contra esta luminosidad del Blockchain. Es el ejemplo de la Harvard Business Review, que manifestó su escepticismo respecto a la seguridad del sistema y señaló que hay “muchas barreras tecnológicas, gubernamentales, organizativas e incluso sociales que hay que derribar”.

Además, el negocio de la banca se ha manifestado reiteradamente en contra de las criptomonedas y la tecnología de cadena de bloques. Es cierto que, por el momento, la moneda virtual se emplea principalmente para pagos, pero también lo es que empiezan a barajarse usos financieros.

Numerosos expertos han señalado que el blockchain puede ser una tecnología que, pese a sus bondades, es susceptible de generar burbujas, ya que la gente todavía no termina de comprenderla.

Además, la tecnología de cadena de bloques tiene cierto nivel de complejidad, lo que puede llevar a que el usuario final no quiera utilizarla.

Por último, algunas voces críticas dudan de que la tecnología pueda solucionar problemas de confianza en la economía. Señalan, como ejemplo, el fenómeno de las fake news, originado al descentralizar el control de la información por el uso de Internet.

Algunas aplicaciones del blockchain

Una forma de aplicar la tecnología Blockchain, fuera de la compraventa, es la financiación empresarial mediante tokens o monedas virtuales. Son las llamadas Initial Coin Offerings (ICO), y sus características buscan sustituir las tradicionales acciones.

De este modo, el valor de las criptomonedas (limitadas, como las acciones de una empresa), se vincula al valor de la sociedad. Frente a las Ofertas Públicas de Venta (OPV), presentan la ventaja de que pueden respaldar proyectos que todavía no operan en el mercado. Esto las adecúa al mercado actual, y las convierte en herramientas muy útiles para la financiación de proyectos tecnológicos y start-ups. Sin embargo, conlleva la asunción de riesgos de inversión mayores que los propios de las tradicionales acciones.

La tecnología de la cadena de bloques es la que sustenta las criptomonedas en la actualidad. Sin embargo, su uso no se limita a servir de base para la moneda virtual. Como ejemplo, Ethereum no solo permite especular monetariamente, sino que se diseñó para permitir un sistema descentralizado para realizar todo tipo de transacciones.

Se define el contrato inteligente como aquel programa informático creado para “facilitar, asegurar, hacer cumplir y ejecutar acuerdos registrados entre dos o más partes”. De este modo, se puede crear un programa que, acaecidas determinadas circunstancias, ejecute una cláusula contractual predeterminada.

La potencialidad de estos contratos inteligentes dispara las posibilidades de la tecnología Blockchain, pues podría emplearse para sustentar sistemas de seguros, compraventas, préstamos sindicados y transacciones de derechos de propiedad intelectual completamente automatizados.

Además de estos contratos inteligentes, las esperanzas están depositadas también en la relevancia de la cadena de bloques para el Internet de las cosas.

Por otro lado, y pese a la resistencia que el Blockchain tiende a encontrar en estos sectores, su implementación a nivel gubernamental podría prestar innumerables ventajas para la gestión de lo público. Así, permitiría a la administración una mayor trazabilidad del dinero público, o la implantación de métodos de firma y voto digitales más seguros.

En este sentido, el gobierno japonés ha iniciado un llamativo proyecto, mediante el que pretende unificar el registro de la propiedad mediante la tecnología de blockchain, iniciativa que se plantea también en Dubai y que, bien pensado, presentaría claras ventajas frente a cualquier registro público que requiera el tracto sucesivo.

Por otro lado, gobiernos y servicios públicos de otros Estados, han diseñado proyectos de gestión de servicios públicos, de licencias y autorizaciones, de recursos administrativos, de pagos… Se ha llegado a proponer sustituir los números de la Seguridad Social, en Estados Unidos, por sistemas basados en cadenas de bloques.

Precisamente, en el sistema de seguridad social, así como en el de sanidad, las cadenas de bloques permitirían la creación de historiales médicos, laborales y prestacionales más seguros y accesibles que los actuales.

También ha habido agrupaciones de entidades financieras (Consorcio R3) que han empezado a diseñar sistemas de inversión basados en tecnología de cadena de bloques. Asimismo, ha habido empresas que han integrado esta tecnología para compartir vehículos o para distribuir música o realizar pagos en el mundo real, mediante tarjetas prepago.

Por otro lado, las empresas de seguridad se han lanzado a experimentar con la tecnología blockchain para desarrollar sistemas de reconocimiento e identificación digital, un campo que cada vez va cobrando más importancia, ya que a día de hoy es posible gestionar toda la vida económica de una persona desde su terminal móvil.

Por tanto, las posibilidades de esta tecnología, a día de hoy, son literalmente infinitas. Solo el tiempo dirá si las cadenas de bloques terminan superando el escenario de las criptomonedas o, por el contrario, demuestran ser una mera ilusión.

¿Una tecnología revolucionaria?

En conclusión, se está presenciando el crecimiento de una tecnología que, previsiblemente, cambiará el mundo. Siempre que se ha democratizado el acceso a bienes y servicios y se han eliminado intermediarios, la sociedad ha avanzado a pasos agigantados.

En estos momentos, el dinero todavía es gestionado por entidades certificadoras del crédito. Pero si el blockchain sigue cogiendo fuerza, muchos especulan con que las desbancará, fulminando el actual concepto del banco y reconfigurando todo modelo de negocio conocido.

En una era en la que la economía colaborativa está a la orden del día y la práctica totalidad de los habitantes de sociedades desarrolladas lo son también de redes sociales, cabe esperar que las tecnologías de descentralización avancen hacia un reparto del poder y de la participación en los asuntos públicos y privados.

Aunque también podrían tener razón los detractores del blockchain. Y todo esto no sería más que una nueva burbuja.

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