Cobardes estratégicos

Cobardes estratégicos
Son muchos los que confunden acciones y objetivos a la hora de definir las estrategias. Este es uno de los errores más frecuentes en muchas organizaciones.

Son muchos los que confunden acciones y objetivos a la hora de definir las estrategias. Este es uno de los errores más frecuentes en muchas organizaciones, y al que ya me he referido en otras ocasiones. Los objetivos marcan los resultados a los que queremos llegar. Por ello deben ser concretos y medibles con el fin de evaluar si nuestras estrategias sirven a los mismos. Es también posible que podamos llegar a un objetivo a través de diferentes estrategias. De hecho, es muy probable que en un mismo mercado encontremos empresas que buscan los mismos objetivos con estrategias muy diferentes. La valoración que cada empresa haga de su realidad y del entorno es la que le llevará a decidirse por unas u otras opciones estratégicas. Esos objetivos se descomponen normalmente en hitos o metas, que permiten ir acercándose a los objetivos de más largo plazo. Esos hitos y metas también ayudan a movilizar a los equipos y a la organización, pues la medida ambición que debe caracterizar a los objetivos puede hacerlos parecer algo lejanos, vistos desde el día a día.

La estrategia no es otra cosa que el cómo de esos objetivos. Es decir, cómo vamos a conseguir llegar los mismos. Dicho de otra forma, la estrategia es un conjunto integrado de acciones diseñadas para lograr los esperados resultados que se derivan de lograr de una ventaja sobre nuestros competidores. La estrategia debe definir también el plan de acción: las acciones que vamos a realizar para conseguir nuestros objetivos. La estrategia se compone, por tanto, de objetivos y acciones. Confundir estrategia con objetivos es, como he dicho un error muy frecuente. Otra trampa en la que caen los directivos de muchas organizaciones a la hora definir y planificar sus estrategias es confundir estrategia con planificación, olvidándose o renunciando a los objetivos. El miedo al fracaso y a no cumplir con los planes provoca que muchas veces las organizaciones (o mejor dicho sus directivos) tiendan a establecer solamente objetivos y metas que creen pueden llegar a hacer y cumplir. Confrontados con la opción de buscar un reto importante pero complicado, frente a otro mucho más modesto pero asequible, la mayoría elegirá el segundo. ¿Por qué? Dice el profesor Roger L. Martin de la Escuela de Negocios Rotman de la Universidad de Toronto, que el miedo al fracaso es uno de los instintos humanos más poderosos. Simplemente nos aterroriza y odiamos fracasar. Por eso solemos buscar caminos más seguros.

La elaboración de un plan estratégico produce habitualmente en muchas organizaciones un frenético baile de negociación y recorte. Algo parecido pasa cuando se trata de definir el presupuesto o los objetivos comerciales. Los equipos tiran con fuerza de la cuerda de los objetivos hacia abajo, buscando reducirlos a metas más alcanzables. Están asustados por la posibilidad de fracasar y atemorizados de llegar a ser considerados responsables de ello. La tranquilidad no suele llegar hasta que ven reflejados unos objetivos que ven pueden cumplir con cierta seguridad a corto plazo.

Sin embargo, la búsqueda de esta seguridad difícilmente llevará nunca a las empresas a importantes éxitos para su negocio. Montártelo, como dicen, para asegurar que cumples con los objetivos puede no ser una mala idea en algunos casos. Sin embargo, entorpece las estrategias. Como señala el profesor Martin, en lugar de hacer el trabajo difícil de llegar a un conjunto integrado y coherente de acciones con el objetivo para ganar a la competencia, muchos prefieren llegar a un acuerdo en una lista de iniciativas. Una lista que saben más o menos van a poder llegar a cumplir y que tiene sus correspondientes recursos y proyecciones asociadas.

La cobardía desde un punto de vista estratégico tiene sus recompensas, no lo dudo, pero también su precio. Sencillamente nos alejan de los beneficios de abordar nuestras estrategias con mayor ambición. ¿Quién se atreve con ello?

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