Contrato en fraude de ley: ¿Cuándo existe?

Contrato en fraude de ley: ¿Cuándo existe?
La comisión de un fraude de ley en un contrato temporal es una mala práctica, desgraciadamente, habitual en España, por lo que se explica cómo combatirla

La existencia de un contrato en fraude de ley constituye una situación más que habitual en el sistema laboral español. Pese a que se trata de una conducta empresarial que está persiguiéndose cada vez más, su incidencia ha resultado creciente a lo largo de los últimos años. 

Por lo tanto, vale la pena analizar en qué consiste este fenómeno. A qué se debe y cómo puede combatirse esta mala práctica. A continuación, un repaso de las características particulares de los contratos formalizados en fraude de ley. 

Una primera descripción del concepto

En primer lugar, conviene tener claro qué es lo que se entiende como fraude ley. En este sentido, hay que remitirse al artículo 6.4 del Código Civil .A grandes rasgos, se trata de intentar subvertir el ordenamiento jurídico mediante la utilización de la ley. El fraude de ley implica, por tanto, valerse de las normas existentes para acabar consiguiendo unos resultados contradictorios a estas. Por consiguiente, se trata de una conducta especialmente perseguida por el poder judicial, dado que incide directamente en sus cometidos. 

Así que la siguiente profundización en el concepto que protagoniza este texto es la relativa a extrapolar lo que implica un fraude de ley en la realización de un contrato temporal. En este aspecto, se cometerá un fraude de ley cuando se formalice un tipo de contrato para llevar a cabo las funciones que deberían haber sido reguladas mediante otra clase de contrato. 

Este fraude de ley podrá identificarse mediante el cálculo del tiempo que esté durando la relación laboral del trabajador con la empresa, en directa comparación con las faenas para las que ha sido contratado. Las casuísticas relacionadas con los contratos temporales son, en este ámbito, las más recurrentes. 

En las siguientes líneas, se resume cuál es la principal discrepancia que surge respecto a esta clase de contrato.

Un poco de contexto

Hay que señalar que los fraudes de ley tienen una gran incidencia en la actual contratación temporal, dado que numerosos empresarios prefieren asignar estos tipos de contratos a sus empleados. Unas condiciones que los empresarios interpretan como favorables a sus intereses. 

De manera que se está convirtiendo en demasiado habitual la formalización de contratos temporales que deberían haberse acordado como fijos. Asimismo, una mayor perversión de esta mala práctica es la caracterizada por la encadenación sucesiva de varios contratos temporales, en lugar de la celebración de un solo contrato fijo.

Si ya se había detectado una excesiva querencia por estos fraudes de ley en España, la crisis económica que se ha atravesado desde 2008 ha propiciado un recurso más sistemático a estas formas de contratación. Sin duda, su pervivencia y persistencia suponen un menoscabo en los derechos de los trabajadores. Grosso modo, instauran una creciente precarización del mercado laboral, que acaba por tener efectos sistémicos en la calidad del empleo. De hecho, numerosos trabajadores, en el marco de su posición débil ante los empresarios, no se han atrevido a denunciar que sus contratos incurrieran en fraudes de ley, ya que han preferido no poner en juego (en un contexto de elevados porcentajes de desempleo) sus puestos de trabajo. 

Sin embargo, también hay que recalcar que se están realizando esfuerzos a tener en cuenta para revertir esta situación. Por ejemplo, los que remarcó el subsecretario de Empleo y Seguridad, quien aseveró que los planes de lucha contra el fraude puestos en funcionamiento desde 2012 habían propiciado que más de cien mil contratos temporales formalizados en fraude de ley hubieran tenido que convertirse en fijos. 

Las inspecciones de trabajo han hecho aflorar parte de este empleo fraudulento. Pero, sin duda, resta mucha investigación por realizar, puesto que consta que estas contractualizaciones indebidas se siguen realizando. 

¿En qué consiste el fraude de ley en los contratos temporales?

Ya se ha introducido brevemente cómo se producen, por norma general, los fraudes de ley en los contratos temporales; pero, dada la magnitud y el carácter recurrente de estos, conviene efectuar una nueva profundización en estas ilegalidades. 

Lo primero que hay que recordar es que un contrato de trabajo temporal, en España, se ciñe, como su propio nombre indica, a un plazo de tiempo determinado y limitado. Como no puede ser de otra forma, la justificación de la existencia de este contrato temporal se ha de clarificar mediante la remisión a unos trabajos concretos. Es la naturaleza de estos trabajos (temporal, provisional, etc.) la que justifica que la relación laboral tenga esa duración determinada y limitada. Esta reflexión remite a lo que se considera la causalidad del contrato temporal, es decir, la necesidad de motivar la causa por la que se ha acordado un contrato temporal y no se ha formalizado uno fijo. 

Por lo que respecta a esta causalidad del contrato temporal, elartículo 15 del Estatuto de los Trabajadores

 opera como una garantía de los derechos de estos. Básicamente, estipula que todo contrato temporal que haya sido generado en fraude de ley acabará por tener la consideración de contrato indefinido. 

¿Cómo se justifica la temporalidad de un contrato?

El sistema laboral español cuenta con tres tipologías de contratos temporales, las cuales justifican que no se opte por uno indefinido y se acuerde el que se ciña a estas circunstancias de limitación en los cometidos y la duración. Por lo tanto, si una empresa celebra un contrato de trabajo temporal, no concurriendo las causas legales para ello, se estará ante un supuesto de contrato firmado en fraude de ley. Como se ha recalcado anteriormente, un contrato temporal en fraude de ley podrá ser catalogado, con los efectos pertinentes, como indefinido.

A continuación, los tipos de contratos temporales que contempla el régimen laboral español.

  • Contrato de obra y servicio. Se trata de un contrato mediante el que se requiere al trabajador hasta que se complete la obra o servicio para la que ha sido contratado. La duración de estas, por otra parte, puede ser incierta. Así que, de cara a aclarar cuándo finaliza la relación laboral del trabajador con la empresa, debe quedar suficientemente clara la naturaleza temporal de la obra a llevar a cabo o del servicio a prestar. Asimismo, es necesaria una justificación de las capacidades del empleado para encargarse en condiciones de esa obra o ese servicio. Un ejemplo paradigmático de esta relación laboral podría ser el de una peluquería que contrata a un interiorista para que diseñe las instalaciones de su nueva tienda. 
  • Contrato eventual por acumulación de tareas o exceso de pedidos. Como su propio nombre indica, constituye un contrato temporal justificado por unas circunstancias especiales y provisionales del mercado. Aunque se trate, a diferencia del supuesto anterior, de una contratación relacionada con la actividad habitual de la empresa en cuestión, debe clarificarse que se ha producido una nueva necesidad de producción o prestación de servicios que implica realizar un esfuerzo en la contratación de nuevos trabajadores. Así que, para que no haya dudas sobre la causalidad de esta modalidad de trabajo temporal, se harán constar qué eventualidades del mercado han propiciado las contrataciones temporales y por qué motivos se han decidido. Este tipo de contratación es muy frecuente en campañas concretas, como puede ser la de Navidad, en las que en algunos centros comerciales se necesitan perfiles (el de empaquetador es uno de los habituales) que permitan sacar adelante unos incrementos de la faena, respecto a las típicas de otras épocas, notables.
  • Contrato de interinidad. Por último, cabe recalcar la importancia del contrato de interinidad. Esta clase de contratación es por la que se opta cuando es precisa la sustitución de empleados que van a volver a trabajar en la empresa. Estos trabajadores ostentan el derecho a recuperar a posteriori su puesto de trabajo, el cual han abandonado transitoriamente por unas circunstancias específicas. Circunstancias, como, por ejemplo, el disfrute de una baja de maternidad, lo que les permite hacer uso de sus derechos a la excedencia. Por consiguiente, va a resultar oportuno justificar debidamente que la contratación temporal de un nuevo empleado de la empresa remite a la cobertura de este puesto de trabajo concreto. En este sentido, tendrán que ser señalados tanto el nombre del empleado que va a ser sustituido como la razón por la que se lleva a cabo dicha sustitución.

Las acciones a realizar por parte de un trabajador con contrato temporal en fraude de ley

En última instancia, cabe resaltar que el empleado que considere que ha sido despedido de manera improcedente (ya que no debería tener un contrato temporal, sino uno indefinido), puede demandar a la empresa, la cual tendría que demostrar que la relación laboral contaba con los requisitos que permitieran encuadrarla en los supuestos de contratación temporal.

Si la empresa no reconoce su condición de fijo, podrá pedir al SEPE los certificados de los contratos temporales. En definitiva, unos casos en los que, si la empresa no reconoce un fraude de ley, el trabajador puede hacer uso de su papeleta de conciliación y poner en marcha la demanda judicial. 

Esto implica que el empleado no está solo frente a un contrato de fraude de ley, sino que puede reclamar tanto durante la duración de la relación laboral como una vez finalizada la misma.

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Comentarios (1)

Responder

Estefania

Enviado el

Buenas tardes,

Tengo un contrato fijo discontinuo, que está en fraude de ley debido a que:
Desde 2011 hasta noviembre 2013 no hay interrupción y luego desde 2013 al 2015 exactamente lo mismo. Teniendo en cuenta que nos encontramos en 2019, existe la posibilidad de reclamar la conversión a indefinido desde esas fechas?

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