Controvertida Geoingeniería

Controvertida Geoingeniería
Geoingeniería, la tecnología al servicio del hombre para revertir las consecuencias del abuso de éste sobre el planeta. Riesgos y beneficios de intervenir.

El hombre, como especie, forma parte del equilibrio ecológico de la naturaleza. Sin embargo, desde la revolución industrial, su influencia en el sistema ha ido más allá del efecto considerado proporcional. Ha creado una nueva era geológica que se ha llamado Antropoceno. Tal es la influencia, que le ha llevado a romper con el balance del planeta, denominado homeostasis.

La ruptura de este equilibrio la ha conseguido mediante acciones de contaminación o de aprovechamiento excesivo de recursos, lo que ha derivado en numerosos perjuicios naturales, como el aumento del efecto invernadero, la fragmentación de ecosistemas, la destrucción de la capa de ozono entre otros. Estas acciones han sido llevadas a cabo de forma no premeditada.

Sin embargo, son muchos sectores de la sociedad, entre los que se encuentran importantes representantes de la comunidad científica que ante los problemas de cambio climático han adoptado un compromiso ético y social. Existen numerosas propuestas para hacer que el desarrollo sea compatible con la sostenibilidad.

Entre las acciones llevadas a cabo, la mayor parte de ellas se encuentran dentro de movimientos de mesura y auto control. El hombre puede tomar acción directa no ya para frenar su impacto, sino para intentar invertir las consecuencias que sus actos han generado. La Geoingeniería o también conocida como intervención climática se propone una actuación a gran escala sobre el planeta tierra para revertir los efectos perniciosos de, por ejemplo, el calentamiento global.

La Geoingeniería es una tecné, es decir, una transformación de lo natural a través del conocimiento. En este caso, consiste en la aprovechar todo el saber de la especie humana sobre la constitución geológica del planeta y su respuesta ecológica para poder intervenir, con resultados predecibles, sobre el ecosistema.

En la mayoría de los casos, esta intervención tiene relación con los efectos derivados del cambio climático. La cuestión, debido al gran impacto mediático que tiene éste, es que la Geoingeniería entra, muchas veces, dentro de una agenda política y no exclusivamente de carácter científico.

Si se atiene solo a a su carácter como episteme y tecné, su trabajo funciona a través de la acumulación del conocimiento científico de Física, Geología, Ecología, Climatología entre otras. Con estas bases, identifica los principales problemas que se desarrollan dentro del planeta y, finalmente, fuerza una respuesta a gran escala actuando sobre actores igualmente reconocidos dentro del sistema con el afán de compensarlos. Por ejemplo, para enfrentarse a un problema como la fragmentación de ecosistemas por desertificación, la geoingeniería podría proponer crear pasillos ecológicos mediante el aumento de precipitaciones.

En la Universidad de Oxford, investigadores como Steve Rayner han sentado los llamados «Principios de Oxford» que son unas pautas que presiguen guiar el desarrollo de esta incipiente ciencia. Su primer principio es que la Geoingeniería debe regularse como bien público.

Técnicas de la Geoingeniería

Existe un amplio abanico de técnicas propuestas para desarrollar la Geoingeniería. Normalmente se dividen en:

  1. Gestión de la radiación solar (SRM, por sus siglas en inglés) o Geoingeniería solar.
  2. Eliminación del dióxido de carbono (CDR, por sus siglas en ingles) o Geoingeniería del carbón.

Eliminación de dióxido de carbono

Actualmente, se dispone de numerosas herramientas para poder actuar a gran escala. La mayor parte de ellas se han generado pensando tan sólo en la limipieza de dióxido de carbono, uno de los principales gases GEI (gases de efecto invernadero). Una de las propuestas más antiguas es el aumento de los productores primarios.

En selvas y bosques, esto significa reforestar grandes extensiones, de forma que los árboles se conviertan en captadores del dióxido de Carbono atmosférico al transformarlo a través de la fotosíntesis. De esta forma, al arrebatar dióxido de Carbono de la atmósfera, se reduce la absorción de calor en la atmósfera, se permite que éste escape hacia el espacio y se disminuye la temperatura global del planeta.

Obviando el impacto que genera la ocupación de grandes extensiones para repoblar forestalmente y, sobre todo, sin tener en cuenta la disponibilidad de recursos del suelo, agotados por agricultura intensiva en muchos casos, este tipo de prácticas adolece de falta de previsión. Por una parte, sólo los árboles en crecimiento tienen un balance favorable a la captura de dióxido.

Cuando el bosque está maduro, la fotosíntesis se ve superada por la respiración. Por otra parte, muchas veces se olvida, no obstante, que la fotosíntesis tiene su opuesto en la descomposición de los cadáveres y toda la materia fijada en forma de biomasa en bosques vuelve a acudir, tras periodos relativamente cortos, a la atmósfera en forma de GEI. 

Aunque esto es igualmente aplicable a la materia marina, los periodos de absorción del dióxido de Carbono por parte de los productores marinos bacterianos o eucariotas son mucho más prolongados en el tiempo. De hecho, los combustibles fósiles, con millones de años de antigüedad, son consecuencia de esta captación. Para facilitar la captura del dióxido de Carbono, se lleva a cabo la fertilización de océanos, que es la aspersión de determinados recursos de los que carece una región para el crecimiento de los productores primarios oceánicos.

La limitación de los recursos, como el hierro, convierte grandes extensiones del océano en desiertos de vida, donde prácticamente no crece nada. La  incorporación de hierro de estas regiones modifica el equilibrio local, haciendo que los organismos disparen su crecimiento.

Esto conlleva que el resto de los recursos presentes en la zona sean consumidos a un ritmo mayor que el que se regenera de forma natural, al mismo tiempo que modifica la estructura de la red trófica. Si los organismos no son consumidos porque no hay depredadores suficientes, tienden a caer hasta el suelo del océano, donde pueden sumirse bajo capas de sedimento y resultar inaccesibles por periodos geológicos

El problema consiste en ignorar que, además de los organismos fotosintéticos, que son los encargados de fijar el dióxido de carbono, los organismos heterótrofos también ven favorecido su crecimiento cuando existe una fertilización local. El hierro usado para la fertilización puede promover el crecimiento de organismos depredadores tanto que pueden llegar a superar al de los organismos fotosintéticos.

Algunos de estos depredadores, además, forman conchas de carbonato cálcico que durante su desarrollo provocan altas emisiones de dióxido de Carbono a la atmósfera. Esto fue descubierto mediante observaciones de fertilizaciones por hierro en el océano Índico.

Geoingeniería y efecto albedo

Además de la reducción de los GEI mediante prácticas biológicas se han propuesto e, incluso, practicado, otras tecnologías para reducir las consecuencias del cambio climático. Hay máquinas capaces de capturar el dióxido y almacenarlo en tanques estancos. Existen también compuestos reactivos que pueden absorber gases atmosféricos y dejarlos en forma inerte.

Igualmente, se ha propuesto disolver productos para modificar el pH del océano y que éste pueda disolver de forma más eficiente el dióxido del aire. Más allá del dióxido de Carbono, existe otra práctica centrada en la reducción de la temperatura, la gestión de la radiación solar incidente

El efecto invernadero, del que es responsable el dióxido entre otros muchos gases, sólo se encarga de prorrogar el tiempo que el calor solar permanece en la atmósfera terrestre. El efecto albedo es la capacidad que tiene un cuerpo, en este caso la Tierra, de devolver la radiación incidente.

Naturalmente, en este planeta lo llevan a cabo las nubes, los grandes desiertos y los casquetes polares. Cuanto mayor es la presencia de cuerpos claros y lisos, más grande es la devolución de la radiación hacia el espacio. Algunos geoingenieros proponen el uso de aerosoles o de capas gaseosas que puedan reflejar la radiación antes de que esta entre en el ciclo terrestre en forma de calor.

Sin embargo, las consecuencias de la modificación del efecto albedo pueden ser impredecibles, ya que éste puede retroalimentarse de forma positiva de forma incontrolable. Burdamente, si aumenta el tamaño de los casquetes polares, incide menos radiación. A menos radiación, menos calor. Y, a menos calor, mayor tamaño de los casquetes polares.

Controversia de la Geoingeniería

El principal problema de la Geoingeniería es que, en la mayoría de los casos, se conocen tan sólo algunos de los actores y factores implicados dentro de cada sistema. En muchos casos, se carece de datos fiables sobre las relaciones entre los diferentes sistemas.

La forma en que el lenguaje científico aborda estos casos es a través de la modelización, es decir, de la reducción de los elementos implicados a aquellos más relevantes. De esta forma, se simplifican los sistemas, pero se facilita la aprehensión del conocimiento y, a su vez, se obtienen respuestas más interpretables.

La Geoingeniería se apoya en otras ciencias consolidadas como la Geología, la Física y la Ecología. El conocimiento de los ciclos geoquímicos de la Tierra está modelizado. Al ser imposible experimentar a escala planetaria de una forma controlada, las herramientas usadas en la Geoingeniería entrarían, en muchos casos, en el terreno de la especulación. Científicamente hablando, no es posible confiar exclusivamente en esta tecnología para revertir los efectos del cambio climático, aunque en algunos casos puede suponer un elemento de apoyo indispensable.

Indiscutiblemente, la Geoingeniería tiene el mérito de haber reconocido una problemática que afecta al clima del planeta, y no sólo eso, sino que propone soluciones que pueden ponerse en práctica para poner remedio a las consecuencias del ritmo de emisiones actual.

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