Descubre el impacto del empleo verde en la economía

Descubre el impacto del empleo verde en la economía
Descubre cuál es el impacto y la transformación que genera el empleo verde en la economía mundial.

Un futuro sostenible con bajas emisiones de carbono y cuidado del medio ambiente es la empresa más desafiante a la que se enfrentan las sociedades de todo el mundo. Un nuevo paradigma para la salud del planeta pero también una oportunidad de crecimiento económico, con la posibilidad de crear millones de empleos verdes. Es decir, empleos con habilidades y competencias específicas en una gran economía global que está revisando su pasado de descarte para construir un futuro sustentable, innovador y, sobre todo, eficiente. La transición está en marcha.

Las formas de trabajar están cambiando porque la crisis climática lo exige, pero también porque las empresas y compañías con responsabilidad social están identificando que si implementan una perspectiva ambiental son más rentables. A su vez, el sector financiero y los gobiernos comprometidos en accionar contra la degradación planetaria inciden en la consolidación de un perfil verde al otorgar beneficios fiscales, bonos verdes o créditos para potenciar sectores menos contaminantes y saludables con el medio ambiente.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que se generarán 24 millones nuevos de puestos de trabajo si se alcanzan las metas comprometidas en el Acuerdo de París para frenar el calentamiento global. Es decir, 24 millones de empleos con enfoque ambiental, tanto en sectores tradicionales de la industria, la agricultura, la ganadería o el turismo, como en desarrollos en energías renovables y producción de bienes y servicios para esas energías.

¿Qué son los empleos verdes?

Los empleos verdes son empleos que combinan prácticas sustentables con el entorno natural y condiciones laborales decentes, esto es: dignas, seguras, equitativas y perdurables. Estos empleos se ubican en la intersección del cuidado del medio ambiente y la protección social. Y por eso, involucran a cualquier rama de la economía y de la producción, ya sea en sectores claramente ecológicos desde el punto de vista del producto final como en funciones laborales respetuosas con el medio ambiente, como identifica la OIT, el organismo que más ha desarrollado estrategias de promoción y difusión de este tipo de puestos de trabajos.

Agricultor agroecológico, recuperador urbano, un instalador de paneles solares o guía de ecoturismo son algunos de los empleos verdes más conocidos pero no son los únicos. También un empleo verde puede ser el de un fabricante de moda sustentable, un abogado ambientalista, un hidrólogo, un gestor de redes inteligentes o un director de ventas de una empresa que recicla plásticos para la producción de objetos perdurables y atérmicos, desde maletas, prendas de vestir, aspiradoras, portátiles hasta zapatillas, como la iniciativa de Adidas y Parley for The Oceans.

Un empleo verde desde el punto de vista del producto final podría ser una pyme dedicada a la agricultura rural y vegetal que, por un lado, no utiliza para sus cultivos pesticidas y agrotóxicos ni manipula los ritmos naturales, lo que al mismo tiempo trae beneficios para la seguridad y salud de quienes trabajan en sus campos. En países de América Latina existe la figura del recuperador urbano, lo que podría definirse como un empleo verde pero al no estar garantizadas las condiciones de salubridad en la recolección de sus empleados no pueden concebirse como tales, dado que un trabajo verde debe operar en un doble movimiento: respeto al medio ambiente y respeto a la calidad de vida de las personas.

Básicamente, un trabajo verde es cualquier trabajo concebido desde una perspectiva ambiental. Por ejemplo, en una planta automotriz de energías renovables, el diseñador de esos automóviles ejerce una práctica laboral verde, pero también aquel que lo construye, el que lo vende y el que luego lo mantiene. En esta cadena de responsabilidades sociales, otro eslabón es el consumidor.

Lo mismo podría ilustrarse con las empresas constructoras que fabrican ladrillos de polipropileno, que se realizan a partir del reciclaje de las millones de tapitas de gaseosas que contaminan los océanos. La cadena de empleos verdes va desde el director de la firma, su director de relaciones institucionales hasta las inmobiliarias que ofrecen construcciones desarrolladas con este tipo de materiales.

En definitiva, para una transición hacia una economía circular, de mínimo impacto y respetuosa con el medio ambiente, se precisa de la generación de empleos verdes, los cuales para la OIT permiten:

  • Aumentar la eficiencia del consumo de energía y materias primas.
  • Limitar las emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Minimizar los residuos y la contaminación.
  • Proteger y restaurar los ecosistemas.
  • Contribuir a la adaptación al cambio climático.

La capacitación y la formación: el futuro está en el trabajo

Según un estudio de Linkedin en los últimos cinco años las ofertas de empleo que requieren habilidades verdes crecieron un 8 % anual. Es decir que la fuerza laboral aumentó un 38 % desde el año 2015. Esa cifra, señala el estudio, logró que en 2019 la balanza de contratación se inclinara hacia el talento verde ya que ese tipo de contrataciones tuvo un crecimiento por delante de la tasa de empleos no verdes, a pesar de que éstos últimos son mayoría. La demanda de habilidades verdes lideró en servicios corporativos, manufactura, energía, minería, administración pública y construcción.

Aunque todavía se está en una etapa temprana, hay un indicio en la tendencia de los nuevos trabajos: la exigencia y valoración de competencias inteligentes y ecológicas. La demanda de talento verde es sin dudas un motor para la transición energética y las nuevas generaciones tienen una gran oportunidad, pero deben estar acompañadas por inversiones de los gobiernos en la formación de esa masa laboral. Este desajuste entre la falta de competencias y la demanda del mercado es uno de los llamamientos que hacen organismos internacionales cuando se trata de desarrollar estrategias de incidencia en el mercado laboral del presente y del futuro.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) identifica como habilidades verdes aquellas “específicas para modificar productos, servicios u operación debido a los ajustes, requerimientos y regulaciones del cambio climático”. Por eso, un empleo verde es un empleo de calidad y un pase asegurado al futuro del trabajo. Porque si algo legó la pandemia del Covid-19 es la necesidad de la resiliencia social frente a un planeta en estado crítico, que no puede seguir desoyendo los efectos sobre su salud, especies e individuos.

Lo poco que se pierde frente a todo lo que se gana: una contracción necesaria

Para cumplir con el Acuerdo de París de limitar el aumento global a 2° C y frenar el cambio climático, la Organización Internacional del Trabajo reconoce que se perderían unos 6 millones de empleos, sobre todo en la industria petrolera. Se calcula que entre 1 y 2 millones de personas están empleadas actualmente en puestos que no tienen posibilidad de reinvención, por lo que deberán migrar hacia otras ramas productivas. Aquí se puede pensar en los peones de la minería, oficiales de la metalurgia, conductores de vehículos de equipos pesados móviles o científicos e ingenieros que trabajan en industrias muy contaminantes, como la del gas. Si bien esa pérdida no tiene reformulación posible dentro de la misma área, podría compensarse rápidamente con el crecimiento de otros sectores, como el de las energías renovables.

El mercado laboral y los modelos de negocios deben reconvertir sus culturas y formas de ejecución de procesos como un imperativo ético, en el marco de un escenario internacional cooperativo sin precedentes en su accionar contra la degradación de la salud planetaria. Más allá de la resiliencia del sector o su supervivencia, lo cierto es que todos los modelos de negocios, los trabajadores y los ciudadanos deben asumir el compromiso ético del cuidado del medio ambiente a través de buenas prácticas tanto en sus hogares como en sus lugares de trabajo.

A nivel global, se precisa, entonces, de una transición justa que no afecte a la masa de trabajadores y trabajadoras en su calidad de vida y acceso al trabajo, a través de reorientaciones en los perfiles de sus ocupaciones así como reubicaciones dentro de los mismos espacios de trabajo. Para semejante hazaña, se precisan de cooperaciones entre el sector público-administrativo y el privado, así como de emisiones, estímulos y beneficios para los sectores económicos y productivos.

Como efecto indirecto, se prevé el aumento del empleo en sectores de servicios como la administración y la ingeniería y otros puestos de trabajos deberán repensarse en función de las metas climáticas, como aquellos vinculados al turismo sustentable. En este sentido, hay sectores más vulnerables a los efectos del cambio climático como la pesca, la energía, el turismo o la agricultura, porque no son ajenos a los efectos del calentamiento. En definitiva, una nueva revolución industrial y productiva con enfoque y justicia ambiental no puede olvidar la inclusión social y la equidad de género como motor de desarrollo global.

Algunas oportunidades emergentes: energías renovables

Los empleos en el sector de las energías renovables alcanzaron los 12 millones a escala global en el año 2020 de acuerdo a los datos, siendo la energía solar y la eólica las primeras en el ranking. Las energías renovables son aquellas derivadas de fuentes naturales que se renuevan más rápido de lo que se consumen, como la luz solar y el viento, a diferencia de los combustibles fósiles como el petróleo que tardan cientos de millones de años en formarse.

Las energías no renovables tienen un efecto dramático sobre el planeta ya que producen la energía al quemarse y eso provoca emisiones que hacen mal al entorno natural y a la salud de las personas produciendo lo que se conoce como gases de efecto invernadero. La OIT proyecta que en el caso de América Latina y El Caribe la transición supone el desempleo de 60.000 puestos de trabajo en las centrales eléctricas de combustibles fósiles pero una ganancia de 100.000 puestos en las energías renovables.

En el año 2020, los países que lideraron empleos en energías renovables fueron en primer lugar China, seguida de Brasil, India, Estados Unidos y miembros de la Unión Europea. Con la pandemia del Covid-19, el interés por este sector creció, por lo que se estima que si las renovables siguen creciendo podrían dar trabajo a unas 43 millones de personas de aquí a 2050.

Muchísimos países cuentan con proyectos y políticas públicas que buscan mitigar los efectos negativos del entorno sobre todo en lo que respecta a la descarbonización de su producción, con Europa, China y Estados Unidos, a la cabeza. En Europa, uno de los acuerdos más significativos es el Plan Verde que busca convertir a la Unión Europea en el primer continente neutro con la reducción de aquí a 2030 de más de la mitad de las emisiones netas de gases de efecto invernadero.

Los tres sectores claves para una economía verde

En su primer Informe sobre la Nueva Economía de la Naturaleza, el Foro Económico Mundial estimó que más de la mitad del Producto Bruto Interno mundial está en riesgo como resultado de las empresas que dependen de recursos naturales, lo que supone unos 44 billones de dólares por la pérdida del ecosistema debido a las malas prácticas en la el uso y manipulación del entorno natural.

Para mitigar el riesgo, el informe del Foro identifica 15 transiciones que podrían generar 10 billones de dólares anuales en nuevos negocios, lo que generaría 395 millones de puestos de trabajo para 2030 en tres sectores económicos:

  • Alimentación, tierra y uso de los océanos.
  • Infraestructura y construcción.
  • Energías y extractivos.

Se trata de sectores que representan más de un tercio de la economía mundial y proporcionan hasta dos tercios de la masa de trabajo global. De ahí, la urgencia de acompañar e incentivar sus transiciones hacia modelos socialmente responsables y positivos con el medio ambiente. La agricultura, la pesca y la ganadería son sectores primarios de urgente relevancia para restaurar los ecosistemas dañados, por lo que se necesitan acciones empresariales cuidadas de no deforestación, soluciones basadas en la naturaleza o enfoques de alto valor de conservación por parte de productores.

Entre la acción climática y la oportunidad de trabajo para el crecimiento económico

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) llevó adelante una evaluación sobre la relación directa entre la creación de empleo y la economía verde en Zimbabwe e identificó que las inversiones en agricultura de empleos positivos con el medio ambiente crearon unos 30.000 empleos nuevos por cada millón de dólares invertidos.

No cabe duda de que la agricultura y la silvicultura tienen un gran potencial para crear nuevos puestos de trabajo, de hecho es una fuente de empleo clave en los países periféricos. En este sentido, América Latina y el Caribe alberga el 40% de la biodiversidad del mundo, cerca del 50% de los bosques tropicales, y es el principal exportador de alimentos del mundo. Uno de los mayores empleadores de la región es el sector agroalimentario, que está viviendo reajustes en función de los cambios alimentarios de las personas. Desde OIT estiman que las transformaciones en las dietas crean 19,7 millones de empleos a 2030 en función de la agricultura vegetal y en detrimento de la ganadería, la pesca y productos lácteos. En este marco, la agroecología es un sector pujante para América Latina como sector posible de reconvertir su sistema de producción y comercialización de manera sustentable y resiliente al reducir su huella ecológica.

Los productos ecofriendly: el consumo con conciencia social

El término ecofriendly funciona como llave de entrada para adquirir muchos productos en áreas tan distintas como la cosmética, la construcción, la alimentación, el turismo o la indumentaria. Una suerte de etiqueta y certificación de garantía que tiene como interlocutores directos a los consumidores dispuestos a invertir en una forma de vida amigable con la naturaleza frente al inminente colapso planetario. Al igual que un producto o un servicio -como el turismo ecosustentable-, una persona es ecofriendly en su estilo de vida en función de cómo gestiona la basura, qué tipo de envases utiliza o el modo en que ahorra energías al interior de su hogar, pero también en los productos, bienes y servicios que decide comprar.

Este redireccionamiento en el perfil de los consumidores es un motor de crecimiento para muchas empresas y organizaciones que apuestan por una cadena de suministros de valor de mínimo impacto o ecológica, que abone en el uso de materias primas y recursos naturales renovables. Pero sobre todo, y lo más importante, se lee como una expresión de conciencia social de las dificultades a las que se enfrenta nuestro medio ambiente con el cambio climático.

Así como en el sector de la indumentaria ya hay prendas que llevan las etiquetas de eco porque su producción se realizó bajo parámetros de sustentabilidad o incorporó la reutilización en el proceso de su confección, el sector de la cosmética también viene dando señales de su crecimiento cuando demuestra su interés por la transición hacia una economía verde, tanto en iniciativas localizadas en las principales potencias como en países de América Latina.

Las empresas y pymes que se dedican a cosmética y productos de belleza econatural combinan factores que vuelven a ese tipo de iniciativas viables teniendo en cuenta que son productos cada vez más pedidos por los consumidores. Si bien hay distintos porcentajes de certificación ecológica, en líneas generales se trata de cosméticos que no han sido testeados en animales, contienen productos de origen natural y su producción no ha contaminado el ambiente, o lo ha hecho pero con un impacto mínimo.

La alza en el uso de este tipo de productos que toman materias primas como la cera de abeja, leche o miel viene acompañada por la adhesión que le dan figuras públicas de la escena internacional, como la actriz Gwyneth Paltrow, una defensora del movimiento que promueve el uso masivo de cosmética natural.

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