El bucle estratégico OODA

El bucle estratégico OODA
El bucle OODA se basa en 4 fases: Observación (percepción), Orientación, Decisión y Acción. Analizamos todas ellas en el ámbito de la empresa.

Un entorno belicista fue, precisamente, causante de la aparición del bucle OODA (Observe – Orient – Decide – Act). El comandante aviador de la United States Air Force (USAF) –las fuerzas de combate aéreo estadounidense– John Boyd describió la cognición humana en cuatro procesos: observación (percepción), orientación, decisión y actuación. Así funciona para todos los ámbitos, de ahí que su bucle haya sido tomado como referencia en diversas estrategias de gestión empresarial.

El pensamiento de Boyd, influido por teóricos del conocimiento como Piaget, Skinner y autores cognitivistas, se basa en que en el espectro de batalla se encuentran dos bandos claramente diferenciados y es el tiempo de actuación lo decisorio a la hora de vencer o perder un encuentro. La acción se ejecuta tras un proceso de percepción, que activa la orientación de cada parte de la batalla (relacionada con una visión a largo plazo). Tras todo ello, los mecanismos mentales inician la fase de toma de decisión, en la que se sopesan los riesgos, ventajas o consecuencias de la acción que se realizará.

Así, el bando que ejecuta el bucle más rápido será quien salga victorioso de la batalla. La teoría de Boyd continúa vigente aún hoy día en la formación de pilotos de caza y sirve, fundamentalmente, como soporte en el proceso de toma de decisiones, sobre todo en el manejo de artillería pesada y armas verdaderamente mortíferas, como los misiles transoceánicos y las bombas nucleares.

Estas cuatro fases forman parte de una de las teorías más reputadas que, aunque aparecida por vez primera en los años cincuenta, permanece todavía también en el entorno empresarial, donde las decisiones se incrustan claramente dentro de un entorno de competencia en el cual el tiempo constituye un factor clave a la hora de ganar determinadas batallas como la de la innovación.

El afán de las compañías donde prevalece una estrategia de gestión bien definida estriba en situarse a la vanguardia, destacar por encima del resto de sus competidores y marcar tendencia; en definitiva, no dejarse alcanzar y convertirse en la estela que persiguen el resto de empresas.

A continuación se establece un análisis de cada fase del bucle OODA, adaptado al entorno empresarial.

Primera fase – Observación (percepción)

La gestión empresarial se conforma de nuevas situaciones que exigen de esta primera fase. Observar supone la etapa primigenia, la base de todo lo demás. Recolectar la información que acaece con los hechos a partir de una visión sana, estratégica y beneficiosa para la compañía en su conjunto constituye un imperativo no solo de la alta dirección sino también de cada uno de los miembros del equipo. Permanecer atento, alerta, vigilante y bien enterado de lo que ocurre en los grupos de interés (stakeholders), así como en los diferentes escenarios donde la empresa puede moverse, representa el primer paso para actuar con determinación.

Las necesidades reales del momento forman parte de la guía en esta fase. Como se observa en párrafos anteriores, el tiempo resulta de vital importancia con el fin de vencer la guerra. Por ello, no se ha de perder nunca atendiendo a hechos que poco o nada guardan relación con los retos que se hallan encima de la mesa en el momento presente.

Las fuentes de información, en este proceso, muestran una vital importancia para atinar en el diagnóstico. Solo una valoración acertada de lo que acontece en derredor puede proporcionar elementos de juicio capaces de actuar con determinación exitosa. Existen algunas preguntas, a modo de guía, para ejecutar esta primera fase:

  • ¿Qué ocurre en el entorno que directamente afecta a la empresa?
  • ¿Y en el contexto indirecto?
  • ¿Sucede algo que pudiera repercutir a largo plazo?
  • ¿Resulta el diagnóstico preciso?
  • ¿Alguna de las predicciones difiere radicalmente de la realidad?

Segunda fase – Orientación

Se trata de la etapa que mira en el interior de las personas que adoptan las decisiones. Cada individuo se muestra influido por una serie de experiencias previas que condicionan sobremanera su manera de realizar predicciones. De ahí que haya que detenerse, especialmente, en esta segunda fase. La cultura, una idiosincrasia, situaciones anteriores que hubieran marcado decisivamente en la manera de actuar del individuo, todo se halla relacionado en la fase de orientación.

Actúa, por tanto, como la lente o cristal desde el que miran los individuos a la hora de analizar una situación. Y esto repercute directamente, primero, en los diagnósticos y, después, en la acción que se adopta. John Boyd estableció cinco hechos que condicionan la fase de orientación de cada individuo:

  • Tradiciones culturales: los rasgos distintivos del lugar donde se crece y desarrollan los primeros años del ciclo vital, tan decisivos, ayudan a comprender las motivaciones de quienes actúan.
  • Herencia genética: la ciencia explica que el patrimonio genético heredado de los padres posee una especial relevancia en las generaciones futuras.
  • Habilidades de análisis y síntesis: una mente bien estructurada simplificará estos procesos y facilitará la fase de observación.
  • Experiencias anteriores: la vida constituye un camino que se compone de vivencias y estas determinan y curten las personalidades.
  • Informaciones nuevas: los datos que todavía se desconocen también forman parte inherente del proceso de orientación.

Esta fase se muestra tan personal y diferente como individuos existen sobre la faz del planeta. En este sentido, las empresas buscan perfiles bien orientados y que de su gestión o trabajos anteriores se hayan desprendido ingentes casos de éxito, sobre todo para puestos de responsabilidad que exijan calibrar perfectamente entre los hechos reales y las decisiones del futuro.

Finalmente, la orientación es la cognición, o sea, cómo influyen los hechos dentro de los individuos que toman las decisiones y entran en juego todas sus sensibilidades y su capacidad de empatía.

Tercera fase – Decisión

Se vincula con la selección de la mejor actuación para la compañía, sus miembros y stakeholders. Para iniciar la fase del proceso de decisión, se ha de conocer concienzudamente el entorno y haber precisado los diagnósticos acertadamente. De lo contrario, una decisión errónea podría conducir a una mala gestión empresarial y esto podría suponer una deriva fatal para su futuro.

La fase de decisión se encuentra directamente ligada a la responsabilidad. No se entiende una sin la otra. En las compañías, muchas veces, la responsabilidad se halla en gran medida imbricada a la presión, de ahí que una mente fría y que piense con claridad sea de vital importancia a la hora de escoger quién llevará el timón de las áreas o departamentos más estratégicos o importantes.

Resulta igualmente decisivo entrenarse bajo la siguiente premisa: las decisiones son predictivas. Nada asegura el éxito de una de ellas. Nadie conoce el futuro ni las consecuencias que se derivarán a la vuelta de un tiempo. Asumir que la toma de decisiones supone un proceso basado en la experiencia y que esta puede comprobarse acertada constituye el primer paso para desarrollar cualquier proceso vital necesario.

Las decisiones, en gestión empresarial, son averiguaciones realizadas en la primera fase de percepción y en la segunda de orientación. Una vez adoptadas, deben ser consideradas como trabajos que marchan en proceso. Sin embargo, no se debe olvidar que, durante esta fase, pueden surgir nuevos hechos o alzarse nuevos datos que varíen tangencialmente una decisión ya previamente tomada. Mostrarse flexible y no precipitarse resulta de vital importancia para salvar esta fase del proceso.

Cuarta fase – Acción

Se corresponde con la fase final del bucle y se traduce en la materialización de la decisión. Tras adoptarse esta, ya no suele haber vuelta atrás. La acción supone la implementación de las tres fases anteriores, lo que finalmente resulta de observar, orientarse y decidir.

La acción constituye lo más visible, lo que una empresa da a conocer de sí misma. Prevalece, incluso, por encima del resto de fases. Se trata de la ejecución de sus obras y será la causante de la percepción que los grupos de interés posean de una determinada empresa.

No quepa ninguna duda de que los stakeholders evaluarán el funcionamiento de una compañía por cómo actúa. Por tanto, las acciones han de desarrollarse en consonancia con una misión y unos valores compartidos socialmente aceptados. Las acciones serán también socialmente responsables. No cabe la posibilidad, en consecuencia, de dejarlas al libre albedrío. Las empresas, como agentes sociales, necesitan gestionar esta fase del bucle OODA y dotarla de los esfuerzos necesarios para que sean percibidas de manera positiva.

Por último, vistas las cuatro fases del bucle OODA, se ha poner en valor cómo la cognición permanece siempre detrás de la teoría. En este sentido, se debe destacar que la ética ha de mantenerse en todas las gestiones empresariales, pero, con frecuencia, se olvida incluir este valor intangible a los diferentes modelos. Respetando el bucle en su totalidad, la responsabilidad social corporativa (RSC) podría arrojar luz sobre cómo implementarlo desde una perspectiva en la que todos ganen, alejándose de la tiranía de algunos modelos que no cuentan con las sociedades en las que interactúan sus compañías. Realizar los procesos de cognición desde la moral, pensando en el bien social, supone la mejor manera de poner el bucle OODA en funcionamiento.

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