El carbono deja su huella

La huella de carbono es un concepto importante que ayuda a saber y calcular el dióxido de carbono que generamos individuos y empresas en nuestro día a día

Si atendemos a la definición de huella, esta es la marca que deja el pie del ser humano o las patas de los animales sobre la superficie por donde pasan. Siendo esto así, ¿qué entendemos como huella de carbono? Extrapolando este término a la definición anterior, sería la señal que dejamos en el planeta provocada por nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. A modo de resumen podemos aceptar esta descripción, pero, realmente, el concepto de huella de carbono es mucho más complejo.

¿Qué es la huella de carbono?

Para ser más exactos, es la cantidad de gases emitidos que contribuyen al efecto invernadero, los que producen las personas al llevar a cabo cualquier proceso, fabricar un producto o realizar sus actividades cotidianas. En resumen, sería la huella dejada en el planeta, tomando el dióxido de carbono como gas de referencia.

Dentro de los gases que intervienen en el denominado efecto invernadero (GEI), no solo puede hablarse del dióxido de carbono (CO2), también de los siguientes:

  • Metano (CH4): se trata de un gas inodoro e incoloro, prácticamente insoluble en el agua cuando se encuentra en estado líquido. Aunque el CO2 es el gas más conocido, este CH4 es hasta 23 veces más potente y se encuentra en concentraciones muy elevadas en el ambiente, pues se produce a partir de la descomposición anaerobia de las plantas, siendo producto de la digestión de animales rumiantes en su mayoría.
  • Óxidos de nitrógeno: son varios compuestos formados por la combinación de oxígeno y nitrógeno que aparecen, mayoritariamente, tras la combustión a altas temperaturas. El óxido nitroso sería el más importante, causado por el uso de fertilizantes nitrogenados.
  • Ozono: se forma por la quema de fuentes de energía que son contaminantes.
  • Compuestos clorofluorocarbonados (CFC): estos compuestos se encuentran en una cantidad baja en la propia atmósfera, pero contribuyen enormemente al efecto invernadero. Forman parte de aerosoles y aislantes térmicos, entre otros.
  • Vapor de agua: se produce por evaporación del agua de los mares, principalmente. La cantidad depende de la temperatura que exista en la superfície de los océanos, aunque suele producirse de forma natural.
  • Hexafluoruro de azufre (SF6): es un tipo de gas muy utilizado como aislante en sistemas eléctricos y otros procesos industriales.

Por tanto, cada ser humano deja una huella de carbono en la Tierra según sus hábitos, tipo de alimentación, medios de transporte empleados y consumo de energía. Pero, además de nuestra propia huella, una organización, evento o producto puede dejar la suya propia, diferenciando 2 acepciones:

  1. Huella de carbono de una organización: mide el total de GEI que se emiten tanto directa como indirectamente, los cuales aparecen por la actividad de esta organización.
  2. Huella de carbono de un producto: de esta forma se miden las emisiones de estos gases durante todo el ciclo de un producto, comenzando por los gases producidos durante la extracción de la materia prima, su fabricación y su distribución y acabando por el fin de su vida útil.

¿Para qué sirve conocer este parámetro?

La medición de la huella de carbono permitirá identificar la cantidad de GEI que se liberan a la atmósfera en cualquier actividad, pero también nos ayuda a identificar la fuente de las emisiones y a aplicar las medidas necesarias para su reducción.

Para determinar el parámetro de cada actividad debemos conocer el alcance que tienen estas emisiones, diferenciando 3 posibilidades:

  1. Emisiones directas: son las emisiones de gases que suceden en el mismo lugar donde se produce la actividad. Por ejemplo, las que tienen lugar por la combustión de las calderas, vehículos y fugas accidentales.
  2. Emisiones indirectas: son aquellas que no ocurren en la propia organización, pero que son consecuencia de la actividad de esta; por ejemplo, el consumo de electricidad.
  3. Otras emisiones indirectas: estas tampoco tienen lugar en la propia organización. Aquí encuadramos las emisiones debidas al transporte, extracción de materias primas, actividades logísticas, etc.

Normalmente, para calcular la huella de carbono se utilizan los datos de las emisiones directas e indirectas (1+2).

¿Cómo podemos calcular los gases nocivos que emitimos?

El propio Ministerio para la Transición Ecológica (MINECO) ha desarrollado varias herramientas con las que es posible calcular esta huella de carbono en una organización. Una de ellas es la calculadora de huella MITECO. Esta calculadora permite estimar la emisión de gases por parte de una organización, teniendo en cuenta las emisiones directas e indirectas, aunque no incluye las de alcance 3.

También permite valorar la reducción de emisiones tras aplicar un sistema de mejora y comparar los resultados de diferentes años.

A modo de resumen, el cálculo de la huella de carbono sería el resultado de multiplicar dos factores:

  • Dato de actividad: define el grado de la actividad que producen las emisiones de GEI, por ejemplo, el gas natural que se usa para calentar.
  • Factor de emisión: se trata de la cantidad de gases que se emiten por cada unidad del parámetro anterior, lo que varía según la actividad de que se trate.

Aparte de esta ayuda que encontramos en MINECO, existen diferentes metodologías y normas con mayor reconocimiento internacional, siendo las más usadas a nivel europeo las siguientes:

  • Greenhouse Gas Protocol Corporate Standard (GHG Protocol), desarrollado por el Instituto de Recursos Mundiales y Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, el más utilizado internacionalmente.
  • UNE-ISO 14064-1, de acuerdo con la metodología anterior, esta norma ISO 14064 surgió en 2006 estructurada en 3 partes, aunque la que nos interesa es la parte 1, la cual explica los requisitos para cuantificar y el informe de las emisiones de GEI.
  • UNE-ISO 14065: 2012, donde se especifican los requisitos para las organizaciones que realicen las acreditaciones y verificación de GEI.

¿Qué ventajas tiene conocer esta huella de carbono?

Conocer este parámetro es una herramienta que puede ayudar a reducir los costes que suponen esos gastos extra de energía y contribuir a la sostenibilidad del planeta, reduciendo la emisión de GEI.

Una vez determinados los cálculos a partir de procedimientos oficiales, se puede emitir un informe de huella de carbono donde se reflejan los elementos de la organización a tener en cuenta para su cálculo. Este informe debe ser verificado por una empresa externa que acredite que se ha cumplido la metodología y la normativa, así como que los datos son verídicos.

Además de esto, en el propio MINECO existe un Registro de huella donde las empresas pueden inscribirse de forma voluntaria. Para poder registrarse será necesario que la organización se encuentre en territorio nacional y disponga de los cálculos de su huella de carbono, además de contar con un plan de reducción de esta, sin ser necesario que esté validado por una entidad externa siempre y cuando cumpla los requisitos siguientes:

  • Cálculo de su huella de carbono y tipo de huella (alcances 1 y 2).
  • Tipo de organización (PYME, ONG…).
  • Tipo de emisiones.

Para inscribirse en el registro de huella de carbono es también necesario que se acompañe un plan de reducción. En el apartado de reducción de huella de carbono debe probarse la reducción de estas emisiones. Esta reducción y su grado se reflejarán en el sello que se le otorgue a la organización. Por tanto, si una empresa u otra organización está inscrita en este registro y dispone de un plan de reducción, pero sus medidas aún no se han reflejado en la reducción de estas emisiones, en su sello solo estará activa la parte de «Calculo». Por otra parte, si la empresa presenta una tendencia a la reducción de estos GEI, en su sello aparecerá también la palabra «Reduzco».

Estar inscrito en este registro y reducir los gases emitidos tiene también sus ventajas, como las expuestas anteriormente (ahorro energético y monetario) y un mejor posicionamiento como entidad responsable con el medio ambiente.

Además de los certificados de «Calculo» y «Reduzco», MINECO da la opción de registrar diferentes proyectos de absorción de CO2 mediante actividades que estén relacionadas con el uso de la tierra. Todos estos proyectos deberán cumplir con una serie de requisitos, siempre ubicados en el territorio español.

Mediante el uso de alguno de los proyectos anteriores o certificando la reducción de las emisiones de GEI a través de un tercero, las organizaciones pueden conseguir que en su sello acreditativo aparezca la palabra «Compenso».

Esta compensación va a quedar registrada cuando haya acuerdo entre la empresa que está registrada en la huella de carbono y un proyecto de absorción que tenga en este momento absorciones disponibles. En la propia página donde se realiza el registro se pueden encontrar todos los proyectos de absorción inscritos y disponibles.

El sello que se obtiene con el registro facilita a las organizaciones mostrar su participación en la misma y su grado de esfuerzo, dividido en los 3 niveles antes comentados. Este sello tendrá validez anual y deberá ser renovado.

Las grandes empresas tienen en su mano la reducción de la emisión de los gases más contaminantes y el uso de herramientas para calcular el CO2 originado, así como el otorgamiento de sellos y acreditaciones que certifiquen que son organizaciones sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Todo ello supone una gran ayuda para reducir el efecto invernadero.

La página web www.cerem.es utiliza cookies para mejorar los servicios ofrecidos. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso e instalación. Para más información haga click aquí.

Subir