¿El fin de la innovación disruptiva?

¿El fin de la innovación disruptiva?
¿Cuales son los tipos de Innovación? ¿Ha llegado el fin de la innovación disruptiva? Abordamos este dilema con casos prácticos y ejemplos.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, la disrupción como concepto alude a una ruptura brusca. Por tanto, se puede intuir que la conocida como innovación disruptiva no es más que una estrategia que basa su éxito en el rompimiento, esto es, acabar con todo lo que había antes de ella para generar nuevos procesos, formas de consumo, productos, servicios, etcétera.

La innovación disruptiva ha sido ampliamente estudiada por el profesor Clayton M. Christensen. Nacido en 1952, Christensen se convirtió en profesor de Administración de Negocios en Harvard y a partir de entonces desarrolló sus estudios relacionados con la innovación en las empresas comerciales. Su primer libro, El dilema de los innovadores, publicado en 1997, constituye su obra maestra y en ella articula la teoría de la innovación disruptiva. Christensen, además de su labor como teórico de la innovación, es cofundador de una empresa de consultoría e inversión especializada en innovación. Tras el éxito obtenido con su primer libro, trabajó en otros títulos como La solución del innovador o Innovación y el gestor general, entre otros.

Sobre la teoría de la innovación disruptiva

En El dilema de los innovadores se habla de dos tipos de innovación:

  • La innovación continuada la llevan a cabo las grandes empresas con fines varios, como la mejora de alguno de sus procesos de producción. La finalidad de esta innovación se corresponde con la mejora de algo que ya existe para mantener las arcas de la empresa siempre llenas de beneficios. Las innovaciones de este tipo se llaman también incrementales. La experiencia de las empresas ya establecidas en la industria y sus investigaciones de mercado les ofrecen la posibilidad de formar hipótesis sobre qué quieren en realidad los clientes, qué provoca la competencia o qué drivers posee un negocio. Esa información se utiliza también para desarrollar productos finalmente valorados por sus consumidores y que las mantengan en una posición de rentabilidad.
  • La innovación disruptiva se corresponde con la desarrollada por las pequeñas entidades o los empresarios independientes que se hallan en la búsqueda de algo nuevo, inexistente hasta el momento, sencillo de usar, sin excesivos costes de producción, económico para el cliente y que, ante todo, ofrezca una experiencia completamente nueva, tan rompedora que termine por obtener un espacio muy competitivo en el mercado.

Cabe indicar que, de acuerdo con el autor, la innovación disruptiva funciona asociada a un cambio tecnológico que permite probar algo nuevo, que no era posible de realizar hasta ese momento como, por ejemplo, la aparición de Internet vinculada a la mensajería instantánea o a la visualización de vídeos en streaming. En dichos casos, lo disruptivo no estriba en sí en la tecnología, sino en el cambio que esta permite que se produzca en los modelos de negocio y, precisamente por tal motivo, dicha teoría ha sido considerada con tanto interés en el mundo de los negocios de las últimas décadas.

En el caso de Wikipedia, por ilustrarlo con un caso, que fue habilitada gracias a la comunicación a tiempo real y los modelos colaborativos de Internet, la técnica utilizada fue la disrupción directa, al acabar por cerrar la era de las enciclopedias físicas. Así sucede siempre: el dilema del innovador se basa, como bien explica el autor, en convertir lo correcto en incorrecto.

¿Ha llegado el fin de la innovación disruptiva?

El concepto de innovación disruptiva cuenta ya casi con cuarenta años y ha sido muy estudiado por su descripción del mundo de la innovación. Las nuevas tecnologías, según explicaba Clayton Christensen, provocan que las grandes empresas fallen y permiten que las pequeñas aún florecientes innoven.

Se podría asegurar que su teoría se ha convertido finalmente en realidad dado que muchas industrias fueron desplazadas del mercado o incluso desaparecieron debido al auge de compañías nuevas disruptivas, cargadas de ideas brillantes no solo a nivel de servicios y productos sino también en la forma de dirigir sus actividades. De este modo, pequeñas entidades consiguieron pensar diferente y, aun así, poco a poco, se integraron en la sociedad como nuevas grandes compañías.

¿Qué se halla detrás de todo esto? En la asignación de recursos empresariales, la maximización de los beneficios constituye la ley y, para conseguirlo, se ha de apostar por innovaciones sostenibles, lo cual implica que cada vez se diseñe mejor pero sin producir realmente un gran cambio.

Cuando emergen las innovaciones radicales que suelen apuntar a los clientes marginales o a nichos de mercado completamente nuevos, las compañías bien establecidas en el mercado, sin embargo, se paralizan.

Dicho esto, se puede pensar que la innovación disruptiva retira participación de mercado al producto rey en el momento en el que aparece. Ahora, cuando las grandes corporaciones derivan de innovaciones disruptivas, son ellas mismas las primeras interesadas en no permitir que aparezcan nuevas y pequeñas empresas que les roben parte del pastel. Y ¿cómo se logra? Dedican, a tal fin, buena parte de su potencial a innovar de forma disruptiva.

Ejemplos claros de dicha técnica son entidades como Google, que empezó como un simple grupo de amigos y terminó convirtiéndose en la marca por excelencia del mundo actual. Esta empresa eminentemente disruptiva ahora conforma una gran compañía y en consecuencia, teóricamente, no podría volver a innovar disruptivamente. Sin embargo, recurrió a este método a la hora de desarrollar Google Glass o tantos otros proyectos realmente sorprendentes.

Lo mismo sucede con Facebook, una compañía que nació de un deseo adolescente personal y que ahora se ha convertido en una gran empresa. En su momento fue disruptiva cuando apareció aunque teóricamente ya no tendría por qué seguir siéndolo. Pero ¿qué se puede decir cuando lidera la tecnología de realidad virtual? ¿No es esto acaso una disrupción, una ruptura con el pasado?

La caída de la teoría disruptiva

El paso previo a una caída es el éxito: El dilema de los innovadores se transformó en un bestseller y fue elegido como mejor libro de negocios en el año 1997 por la publicación The Economist. Su autor, además, fue premiado por la revista Forbes por alzarse como uno de los pensadores de negocios más importantes de todos los tiempos.

Así, Christensen se posicionó como un gurú de los negocios y continuó ofreciendo consejos a sus millones de lectores sobre las respuestas al cambio disruptivo, la educación, el conocimiento del entorno y otros.

Pero pronto llegaron las dudas. En un artículo reciente de la MIT Sloan Management Review, dos profesores (Andrew King y Baljir Baatartogtokh) advirtieron del endeble respaldo empírico de la teoría y estudiosos del ámbito universitario se dedicaron a desmantelar numerosas predicciones del autor, de modo que mancillaron considerablemente su teoría de la innovación disruptiva.

Ponían como ejemplo claro la empresa Seagate, líder en la industria de discos rígidos, la cual no fue disrumpida por las startups nuevas de la industria. De hecho, hasta el momento actual mantiene su liderazgo. Otro caso lo representan las tiendas departamentales quie crearon sus propias marcas de bajo coste como forma de respaldo ante la irrupción de las tiendas de descuentos u outlets.

Existen otros muchos ejemplos que Christensen sugerió pero que no se han cumplido, como las corporaciones que intentan disrumpirse a sí mismas. Pasó en concreto con la empresa de comunicación Time. Según la explicación del libro de Christensen, las grandes corporaciones se autodisrumpirían para mantener su éxito. Sin embargo, Time, en cambio, creó una compañía paraguas para sus revistas digitales y, contra todo pronóstico, la decisión avocó al fracaso. Quizá el caso más llamativo sea el relacionado con el iPhone; la predicción de fracaso de la teoría de Christensen no se produjo en ningún caso.

Otra ilustración, esta vez muy cercana a las palabras de Christensen, se corresponde con las siderúrgicas establecidas en Norteamérica, disrumpidas finalmente por las plantas de acero de bajo coste. Estas pequeñas empresas llevaron precisamente a la quiebra a Bethlehem Steel, muy en consonancia con la teoría de Christensen. Sus detractores indican que la compañía no se salvó porque no pudo reaccionar a tiempo a la amenaza dado que su mano de obra se encontraba muy sindicalizada.

Efectivamente, en algunos casos el autor ha errado en sus pronósticos y en otros no. Su teoría ha sido considerada omnicomprensiva por muchos, pero, como toda gran teoría, pueden producirse excepciones y detalles que generen polémica. Sin embargo, la teoría de innovación disruptiva sigue mostrándose plenamente válida en la actualidad y constituye parte fundamental del aprendizaje de negocio. Además, representa una forma muy interesante de obtener información con el fin de crear estrategias para abarcar el éxito.

En palabras de sus críticos, la teoría de Christensen sirve como una advertencia contra el grave error de miopía de la gestión de empresas. Asimismo, se presta a recordar la importancia de realizar test de mercado continuos que estudien todos los supuestos del negocio.

La innovación forma parte imprescindible de los negocios hoy día y conocer a fondo qué significa realmente innovar puede constituir la mejor manera de empezar a hacerlo. Teorías como la de la innovación disruptiva enriquecen notablemente el aprendizaje de los negocios y el entendimiento del mundo.

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