El impacto ambiental de la Navidad

El impacto ambiental de la Navidad
Es posible cambiar la forma de vivir la Navidad y reducir el impacto en las tres áreas mencionadas más arriba. ¿Cómo lograrlo? Te lo contamos aquí.

La Navidad es una época del año muy especial, por todo lo que se celebra en torno a ella. Sin embargo, en la actualidad, se ha perdido su esencia y ha acabado transformándose en días de acelerado consumismo. De hecho, esta es la época del año en la que más se consume, lo que se traduce en altos costes a nivel ambiental, social y económico. Es necesaria una adecuada sensibilización ambiental para reducir este ritmo de consumo tan insostenible y depredador, que está causando tantos estragos en el planeta. En este artículo, se van a dar pautas para lograr una Navidad verde y sustentable.

Respecto a lo ambiental, el gasto energético se dispara considerablemente en Navidad, en comparación con otras épocas del año. Según un estudio de la Universidad de York (Inglaterra), en unos días de Navidad, se emite un 5,5 % del CO2 producido todo el año. Tampoco hay que olvidar los muchos residuos generads en estos días. A nivel social, muchas personas que han elaborado los productos que se van a consumir están en una situación de pobreza tal que jamás podrían comprar esos mismos productos. Por otro lado, los consumidores son, a menudo, víctimas de un sistema que les incita a consumir sin control ni consciencia, lo que va a afectar a su salud y estado mental. Por si fuera poco, a nivel económico, muchos hogares acaban endeudados al final de las fiestas navideñas.

Afortunadamente, es posible cambiar la forma de vivir la Navidad y reducir el impacto en las tres áreas mencionadas más arriba. ¿Cómo lograrlo? Simplemente, emprendiendo acciones conscientes que lleven a cambiar los hábitos de consumo. Depende de cada uno querer seguir viviendo, año tras año, las Navidades de una forma programada e inconsciente o despertar y crear la diferencia. No solo cabe la posibilidad de mejorar las propias condiciones de vida, sino que también se puede hacer algo por las de otros seres humanos y del planeta. A continuación, se van a desglosar algunos aspectos en los que enmarcar distintas acciones encaminadas a lograr una Navidad sostenible.

1. Energía:

El consumo energético en Navidad es mucho mayor que durante el resto del año. A menudo, se olvida que gran parte de la energía que se consume procede de fuentes no renovables que conllevan gran contaminación, por la emisión de gases de efecto invernadero. Uno de los principales gastos energéticos en Navidad viene de la iluminación, la cual representa un tercio de las emisiones. Empezando por el alumbrado de calles y comercios y terminando por las luces decorativas de las casas, se genera un gasto energético adicional de 3,6 millones de kW (lo que consumen 1.200 hogares al año).

Algunas ciudades españolas, motivadas por la crisis, han reducido los presupuestos destinados al alumbrado navideño reemplazando bombillas por apliques LED, que suponen una mayor eficiencia y duración. Por ejemplo, en Madrid, se utilizan 600.000 bombillas menos y el 85 % de las que se utilizan son de tecnología LED. Esto ha reducido el consumo a la mitad desde 2009.

Una iniciativa local muy interesante es la del pueblo de Dúrcal, en Granada. En lugar de gastar dinero en iluminación, lo han utilizado para emplear a 20 ciudadanos durante 15 días y con un sueldo de 700 euros. Este tipo de iniciativas no solo tiene una repercusión positiva a nivel ambiental, sino que también la tienen a nivel social y económico.

A nivel doméstico, son muchas las acciones que se pueden llevar a cabo para reducir el gasto energético. Por ejemplo, es viable decorar el árbol sin luces. También se puede procurar que sean eficientes y que no estén encendidas todo el rato. Otra idea es reducir el uso de la calefacción, encenderla solo cuando sea realmente necesaria y buscar formas alternativas de mantener el calor. También hay que ser responsables con el uso de los electrodomésticos que consumen más, como el horno.

2. Alimentación:

La ingestión de comida en Navidad crece considerablemente, hasta el punto de que supone un 4 % de las emisiones de cada persona. Sin embargo, muchos de estos alimentos son procesados, llenos de químicos y de baja calidad nutricional, lo que, en definitiva, perjudica la salud. Además, son muchos los alimentos que acaban en el contenedor de basura, ya sea por comprar más de la cuenta, por falta de planificación; o debido a que, a nivel industrial, se han descartado por alguna razón que pueda dificultar o imposibilitar su venta. Esto supone que el 40 % de los alimentos producidos acabe siendo desechado, una cifra dramática, si se tiene en cuenta la gran cantidad de personas pasando hambre en el planeta por pobreza extrema.

Sin embargo, uno puede contribuir a mejorar este problema haciendo elecciones conscientes en la mesa. En primer lugar, si planifica sus compras para no adquirir más de lo necesario y congela lo que no sobre. Por último, si consume productos ecológicos, locales y de temporada, para reducir los impactos sociales, a la vez que cuida tu salud. Hay que evitar los productos tropicales que proceden de agricultura intensiva, como la piña, y, si se adquiere alguno, que sea ecológico y de comercio justo.

El consumo de carne conlleva grandes emisiones de CO2, por lo que hay que plantearse reducir su consumo o, incluso, evitarlo. Si no se desea dejar de comer carne, también se puede optar por carnes de procedencia local y ecológica. En cuanto al pescado, es recomendable comprarlo con el sello de pesca responsable MSC. El langostino conviene eliminarlo del menú, ya que su producción conlleva destrucción de manglares tropicales y se le inyectan químicos y antibióticos para conservarlo durante el transporte. Tampoco conviene consumir especies en peligro, como el besugo, el pez espada y el rodaballo. Como alternativas más sostenibles, destacan el bacalao de Islandia, las sardinas, la trucha arcoíris, los mariscos de concha, los berberechos y el centollo.

3. Regalos:

Estos pueden ser muy variados: juguetes, ropa, electrodomésticos, cosméticos, mascotas, etc. Conviene reflexionar sobre su procedencia, producción, distribución y sus materiales, antes de adquirirlos, ya que su impacto puede ser mayor de lo que uno imagina. Todo el proceso de producción y distribución, así como cada componente del regalo, conlleva emisiones de CO2. Sin embargo, unos generan más emisiones que otros, en función de la cantidad de plástico que lleven, si utilizan pilas, la distancia que han recorrido para llegar al establecimiento, etc. Un dato importante es que los regalos suponen la mayor fuente de las emisiones de CO2 en Navidad, con un 48 %.

Los juguetes son los regalos estrella en Navidad y todos los niños los quieren, pero hay que tener cuidado con sus peticiones. A menudo, la publicidad les incita a desear más juguetes de los que necesitan y, cuando acaban las fiestas, quedan arrinconados o, incluso, en algún contenedor de basura. Prueba de ello es que el 5-6 % de los residuos urbanos remite a juguetes o pequeños aparatos electrónicos. Vale la pena optar por comprar juguetes artesanales, sin pilas y que estimulen la creatividad. También los juegos de mesa y los pedagógicos son unas buenas alternativas.

En cuanto a los electrodomésticos, hay que elegir los más eficientes y fácilmente reparables. Los cosméticos, que sean de origen natural y sin experimentación animal; y, en cuanto a la ropa, se puede recurrir a la de segunda mano, al trueque o a confeccionar la propia ropa con la base de la vieja. También cabe la posibilidad de dar rienda suelta a la creatividad y crear el propio regalo. Se debe evitar comprar mascotas, si no hay seguridad de que la persona que vaya a recibirla se va a poder hacer cargo de ella. También se recomienda probar con regalos intangibles, como la suscripción a una ONG, un masaje, una buena cena o un viaje. Y, para dar ejemplo, se puede empezar por pedir a los amigos y familiares que no le hagan a uno regalos materiales.

4. Residuos:

La cantidad de residuos sube considerablemente en fechas navideñas. En primer lugar, conviene reducir todo lo posible lo que se va a consumir; pero, después, siempre se puede tratar de reutilizar. Lo que no se pueda reutilizar, conviene separarlo adecuadamente para que puede reciclarse.

Con estos consejos prácticos para reducir la cantidad de residuos, se puede conseguir tener una Navidad más sostenible:

  • No utilizar productos de usar y tirar.
  • Evitar las pilas, puesto que son muy tóxicas y no se pueden reciclar. Es mejor comprar aparatos que se puedan enchufar a la red eléctrica o utilizar pilas recargables.
  • Ir a comprar con una bolsa de tela.
  • Rechazar los productos sobreempaquetados y los envases pequeños y optar por los productos a granel o en tamaño familiar.
  • Reutilizar el papel de regalo de otros años o, incluso, papel de periódico o de estraza.
  • Evitar los adornos de plástico no biodegradable o con materiales contaminantes. En cambio, es posible hacer los propios adornos con materiales de desecho.

5. Transporte:

Supone un 15 % del impacto en Navidad y tiene mucho que ver con el medio de transporte elegido. Por ejemplo, un desplazamiento de Madrid a Barcelona en tren supone una emisión de 8 kg de CO2. En coche, supone 68 kg de CO2; y, en avión, 93 kg de CO2. Está claro que el tren es el transporte más ecológico, seguido por el autobús. Otra alternativa es compartir coche. Para las distancias cortas, es viable caminar o ir en bicicleta.

Con estos consejos, aumentan las ideas para preparar una Econavidad y reducir el impacto. Hay que revisar cada una de las acciones y hacer cambios. Si todos contribuyen de alguna manera, los resultados se notarán.

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