El proceso de toma de decisiones inteligentes

El proceso de toma de decisiones inteligentes
Adoptar smart decissions no es un talento innato. Existen una serie de hábitos, procedimientos, competencias, capacidades y rutinas que ayudan a tomarlas.

Tomar decisiones es algo habitual. Nada más salir de la cama hay que decidir qué ropa ponerse, qué desayunar y qué agenda del día se va a llevar a cabo. Evidentemente, no todas las decisiones son igual de importantes. Quizás resulte indiferente tomar un cruasán relleno de crema o una pieza de fruta con el café con leche, al menos a corto plazo, aunque finalmente esa suma de decisiones continuadas puede hacer aumentar el colesterol y causar un problema médico.

Por otra parte, hay decisiones trascendentales desde el primer momento. El ámbito directivo está lleno de ellas. Ascender o no a un cargo intermedio, prescindir de otro, invertir en una máquina de producción o elegir la campaña de publicidad de la nueva temporada son algunas de estas smart decissions esenciales. El hecho de decidir tan a menudo, de una manera inconsciente, no implica saber hacerlo bien; en realidad ocurre todo lo contrario. La precipitación, el desinterés, la falta de tiempo o, simplemente, la ausencia de un proceso reflexivo en profundidad y libre de emociones incapacitantes para ver con claridad el rumbo necesario pueden generar errores de imprevisibles consecuencias, casi nunca positivas ni recuperables.

Nadie nace aprendido. Resulta imposible encontrar a una persona con la cualidad innata de acertar cada vez que escoge. En realidad, los desaciertos suelen ser los que más y mejores lecciones proporcionan. Como decía John Sculley, exdirectivo de Pepsi, Apple y uno de los grandes gestores norteamericanos de la historia: “Yo he descubierto que aprendo más de mis errores que de mis éxitos. Si alguien no comete errores, señal de que no arriesga lo suficiente”.

Pero, claro, hay momentos en la vida en los que fallar no es admisible. Un alto cargo corporativo se juega su futuro, y el de su compañía, en el 90 % de sus decisiones. Por eso debe ser capaz de desarrollar una serie de competencias, habilidades y hábitos que le permitan discernir mejor todo el contexto de cada decisión y, a partir de ahí, tener más posibilidades de acertar cuando proceda.

Cómo analizar los hechos antes de tomar decisiones

Un auténtico líder inicia su proceso de toma de decisiones definiendo el problema que es necesario resolver. A veces no resulta sencillo reconocer ese mal endémico: a menudo porque los síntomas impiden identificar las causas. Resulta fundamental establecer qué pasa exactamente antes de buscar la solución.

Por otra parte, el verdadero líder sabe que suya es la responsabilidad final de decidir, pero también que no está solo ni debe aislarse durante este proceso. Conviene recabar información, opiniones, sugerencias y visiones del resto del equipo, escuchar atentamente y valorar sus diagnósticos e impresiones.

Es necesario decidir pronto y bien, pero no precipitarse. Recabar los datos, la información, los antedecentes, las experiencias similares, lo que hizo o haría la competencia y, en general, cualquier indicador que aporte luz es imprescindible. Solo después de haber recopilado, estudiado e interiorizado estas realidades, la intuición puede arrojar cierta luz.

Un buen líder no teme a la acción. Para eso está, se ha preparado, le pagan y ha sido elegido. Los escenarios de incertidumbre acaban resultándole su hábitat natural y nunca teme al riesgo. Siempre y cuando, claro está, haya llevado a cabo los pasos anteriores.

Evaluar tras decidir es la última etapa imprescindible al tomar smart decissions. Solo así es posible conocer qué grado de acierto o de fracaso ha cosechado la elección y, de este modo, seguir creciendo en la capacidad de tomar excelentes decisiones.

Principales errores al tomar decisiones

Una de las competencias básicas para mejorar el proceso de toma de decisiones es evitar los principales lastres que impiden reflexionar con creatividad y eficiencia.

1. Obsesionarse con lo negativo

La motivación para escoger se sustenta en cuánto es posible ganar, no en lo que se puede perder si no se acierta. La parálisis del análisis surge cuando se pospone o bloquea la decisión para evaluar más y más información, normalmente con la mirada centrada en los riesgos, los peligros y el conservadurismo.

2. Posponer indefinidamente la elección

Las cosas no dejarán de ocurrir si no se decide. Lo que pasará es que ese directivo ya no será el soberano del devenir de su empresa. Retrasar y retrasar la toma de una decisión esperando un momento idóneo, perfecto, que nunca va a llegar es ilusorio, ineficaz y peligroso. ¿Cómo evitar el problema? Estableciendo una fecha objetiva y razonable para decidir sí o sí en una dirección u otra.

3. Dejar que actúe el miedo

La responsablidad y el miedo son primos hermanos, pero muy distintos. La primera es estimulante e invita a dar el máximo de cada uno. El miedo puede resultar paralizante, sobre todo cuando se le permite. Los mejores lo son porque han sabido aprovechar sus errores y fracasos. Es como lanzar un penalti: solo el especialista, quien lo tira, puede fallar al hacerlo. Pero ayudar al equipo, saborear la gloria de marcar y confiar en uno mismo son resortes suficientes para aceptar su misión con responsabilidad, pero sin miedo al fracaso. El que tiene miedo, siempre falla.

Un itinerario útil para tomar smart decissions

Incorporar al día a día rutinas de decisión de éxito ha demostrado ser una vía inteligente para alcanzar un mayor índice de acierto. En este sentido, un esquema básico multifuncional y personalizable es el que está formado por 7 pasos:

1. Enfoque correcto

El decisor debe olvidarse del ‘me parece’ para centrarse en los hechos objetivos. La postura inicial ha de ser de apertura a la información, de todo tipo, y a la recopilación de los distintos puntos de vista. Antes de decisor, se debe ser observador, escuchante y empático.

2. Amplitud de miras

Una manzana puede tener un aspecto lozano, sonrosado y muy apetitoso en su parte delantera y, sin embargo, estar podrida y con gusanos por detrás. Si antes de tomar la decisión solo se mira una de estas partes, la visión conjunta que se tiene es parcial y limitada. Tan inexacto es decir que toda la manzana está sana como que está completamente podrida. El mejor analista no se conformará con mirarla, también la olerá, la tocará, la escuchará al partirla e incluso la saboreará si es posible. Ampliar el foco, iluminar las zonas oscuras y tomar distancia son aspectos esenciales para decidir mucho mejor.

3. Definición de criterios

Sin brújula se puede llegar a cualquier parte, menos a la que se desea. Por eso es importante definir lo antes posible qué se está buscando, exactamente, con cada smart decission. ¿Un beneficio económico, la posibilidad de crecer, una mejora humanitaria o tal vez evitar una amenaza de futuro? Está información, saber a qué diana se dispara, permite escoger mejor la munición y el arma idóneas.

4. Rastreo de casuística

¿Cómo se ha resuelto esta disyuntiva en otras ocasiones? ¿Qué ejemplos son comparables, qué se hizo en ellos y qué resultado obtuvieron? Los casos de éxitos son siempre un referente extraordinario, pero también los intentos fallidos. La clave está en interiorizar esas referencias, aprehenderlas y extraer de ellas ideas y lecciones propias. Estos ejemplos no son la solución a copiar, pero sí una extraordinaria fuente de inspiración.

5. Primera decisión: el cuándo

Antes de la elección en sí misma hay que tomar otra: qué momento es el idóneo para hacerlo. No es infrecuente que una buena decisión fracase por haberla aplicado antes o después de lo adecuado. Tan fatídico es asumir riesgos innecesarios por precipitación como posponer indefinidamente la elección por puro inmovilismo.

6. ¡Acción!

No decidir es, también, una decisión, siempre y cuando la haya tomado el responsable. Ya hemos dicho que es posible acertar o fallar, pero nada es peor que dejar que algo suceda por sí solo si haber hecho nada al respecto. Cuando llegue el momento, es necesario confiar y decidir.

7. Evaluación de resultados

Mantener un seguimiento tras la decisión es fundamental por varios aspectos. En primer lugar, porque solo así es posible continuar tomando decisiones al respecto. Lo importante no es ser infalible, sino alcanzar el objetivo. Por eso puede resultar interesante seguir tomando decisiones, en la misma línea o la contraria, para mantener o enderezar el rumbo inicialmente establecido. Además, esta evaluación permite continuar aprendiendo y mejorar.

Entrenamiento y competencias

La experiencia es un grado en todo proceso de toma de decisiones. Además, ejercitarse y practicar ayuda a estar en mejores condiciones. Dado que la rutina cotidiana exige tomar pequeñas y grandes decisiones permanentemente, es posible implementar estos itinerarios y hábitos de actuación en algunas de ellas, con el fin de ir ganando tablas para cuando lleguen las realmente importantes.

Incorporar hábitos como la recogida múltiple de datos, el estudio analítico, la definición de una fecha tope para la decisión, la escucha activa y la liberación de los miedos decisorios es un estupendo punto de partida. Quienes toman las smart decissions más idóneas suelen ser personas racionales, analíticas y pacientes, pero al mismo tiempo intuitivas, empáticas y emocionales. Han aprendido a manejarse en el entorno de la incertidumbre y conviven con ella con responsabilidad, tranquilidad y criterio. Y, sobre todo, han aprendido a confiar en sí mismos.

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