El segundo acto

El segundo acto
Según la revista Forbes, sólo un 8% de las personas logran cumplir todos sus propósitos. Por eso es importante marcarse objetivos asumibles.

Al final el año, muchos solemos hacer planes y buenos propósitos para el año que empieza. El arranque de un nuevo año suele estimularnos el deseo de plantear y buscar nuevos retos y objetivos distintos. Es decir, de empezar a hacer cosas nuevas y dejar también con el cambio de año algunos hábitos en el pasado. Sin embargo, como publica la revista Forbes, sólo un 8% de las personas logran cumplir todos sus propósitos de hacer nuevas cosas. Por eso es importante marcarse objetivos asumibles y dejar de hacer planes de acción que sabemos no podremos cumplir. El incumplimiento de los propósitos es precisamente una de las principales razones por las que las personas dejan de hacerlos. Los profesionales y emprendedores no son una excepción, y estas fechas suelen ser buenas para buscar nuevos retos y caminos. Es lo que lo ingleses llaman, como si de una obra de teatro se tratase, el  segundo acto (“second act”), y se refiere al proceso de reinvención por el que muchos pasamos en las diferentes etapas profesionales de nuestra vida. Reinventarse consiste sencillamente en dejar de hacer determinadas cosas para empezar a hacer otras. Es cerrar una etapa para  empezar otra nueva y diferente.

No es un proceso sencillo. El primer paso, tanto para las empresas como para las personas, es saber cuándo ha llegado ese momento crucial. Muchos líderes de mercado lo son hoy porque en un momento determinado decidieron y supieron reinventarse. Reconocieron que el momento había llegado. Tomar la decisión de reinventarse para sobrevivir y mantenerse a largo plazo es posiblemente una de las decisiones más difíciles que existen. Inversores, empleados, clientes, proveedores… todos en nuestro entorno pueden sentirse confundidos o amenazados. Por ello, muchas empresas tienden a retrasar y posponer la decisión. Se trata de seguir como estamos a ver si las ventas se mantienen, aunque se frenen, y se aguanta la rentabilidad con algunos ajustes y recortes. Los profesores Paul Nunes y Tim Breene explican algo crucial: la mayoría de las organizaciones que fallan en reinventarse no lo hacen porque no tengan capacidades, el talento o los recursos para reparar y recomponer sus negocios sino porque tardan demasiado tiempo en decidirse a transformar los fundamentos de su modelo. Invierten su tiempo y energía en ajustar y matizar sus modelos para recuperar resultados, pero no ven el cambio crucial que lentamente se produce en su entorno. Así sobreviven hasta que el grado de madurez del mercado sin crecimiento termina por asfixiar sus resultados. El riesgo está, por tanto, en tomar esa decisión cuando ya es tarde para tomarla. Será imposible hacerlo cuando el consumidor, la industria y los competidores hayan cambiado y lo único que nos quede sea constatar que no estamos en el mercado, que nuestro modelo ya no sirve y el único remedio sea achatarrar el negocio e irse a casa. Acertar no es nada fácil y se han propuesto muchas teorías para tratar de explicar y ayudar en ello.

El libro “Reinventarse – Tu segunda oportunidad –“ de Mario Alonso Puig que va ya por su vigésimo primera edición nos explica que muchas personas no saben qué hacer cuando su relación con otro ser humano no es como les gustaría que fuera. Otras quisieran atreverse más en la vida, hacer algo nuevo, sea un deporte, un curso o un nuevo trabajo, pero al final algo se les interpone en el camino y abandonan. Hay seres humanos que aspiran a sentirse un poco más valiosos y respetados, pero que, finalmente, tras una serie de intentos fallidos acaban resignándose a su situación.  Hoy en día, también hay muchas personas que han hecho lo posible para sacar adelante sus empresas, trabajos y vidas y que, derrota tras derrota, se sienten sin fuerzas para seguir adelante.

Ante ciertos retos, se nos nubla la mente, nos cuesta pensar con claridad mientras notamos que nos invade la angustia, se nos hace un nudo en el estómago y sentimos como si algo nos robara toda nuestra energía. Para que generemos nuestros propios estados de ansiedad es suficiente con que nos imaginemos que en el futuro van a aparecer problemas y que vamos a ser incapaces de resolverlos. La ansiedad es un estado de inquietud en el cual sufrimos en el presente por algo que ni siquiera sabemos con certeza que se va a manifestar en el futuro.

Todo ello hace que sea necesario conocer las profundidades de nuestro interior para comprender mejor de dónde surgen nuestras verdaderas limitaciones. Si queremos aumentar nuestra capacidad para resolver problemas y deseamos potenciar nuestra competencia a la hora de descubrir oportunidades, necesitamos aprender cómo transcender los límites que nuestra mente nos impone.  Cuando entendamos por qué actuamos como lo hacemos, podremos empezar a diseñar nuevas estrategias que nos permitan alcanzar lo que hasta ahora nos parecía inalcanzable. Es en este nuevo espacio de posibilidades donde afloran la creatividad, la sabiduría y la energía que transforman por completo nuestra experiencia, al traer una mayor serenidad, ilusión y confianza a nuestras vidas.  El libro de Mario Alonso define un  mapa pensado ayudar en el complejo proceso de  reinventarnos, que no es otra cosa que extraer nuestro verdadero y mejor lado para que nos ayude en nuevos proyectos que a su vez contribuyan a fortalecer nuestra propia proyección como individuos.

Una de las principales claves para anticipar ese momento es la forma en la que las organizaciones entienden y deciden sobre sus negocios. Debemos sobre todo mantener una visión amplia y un pensamiento crítico sobre las cuestiones fundamentales: ¿Nos dirigimos a los clientes acertados? ¿Estamos bien posicionados en el entorno de negocio? ¿Nuestros socios y empleados tienen las capacidades adecuadas? ¿Tenemos las métricas e indicadores necesarios? En definitiva, debemos preguntarnos si sabemos dónde estamos y si estamos donde debemos estar. Cuando no sea así, debemos saber que ha llegado el momento de empezar a ser otra cosa, echar la cortina sobre lo que fuimos e iniciar el segundo acto de nuestra obra.

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