No pongamos todos los huevos en la misma cesta: Empresas que cerraron o que se ven abocadas a cerrar por un cambio en la legislación

Cuando cambian las leyes o las normativas, hay algunas empresas que salen beneficiadas y otras que, por el contrario, salen perjudicadas por este cambio.

Cuando cambian las leyes o las normativas en diferentes ámbitos hay algunas empresas que salen beneficiadas y otras que, por el contrario, salen perjudicadas por este cambio. En los casos negativos algunas veces parece que el efecto tenga que ser devastador y sin embargo acaban saliendo adelante, como fue el caso de los restaurantes y bares que sobrevivieron a la normativa antitabaco, porque al fin y al cabo esto no era lo que vendían y les bastó encontrar la manera que los clientes pudieran fumar en el exterior. Otras veces, en cambio, la nueva normativa deja una estela de bajas en forma de persianas bajadas o negocios cerrados. Este suele ser el caso cuando la prohibición de venta o cambio de normativa afecta al producto principal y único de la empresa. Lo cierto es que los cambios de normativa pueden ofrecer oportunidades de negocio muy interesantes, pero también pueden ser una amenaza temible, especialmente en negocios centrados en un solo producto que no disponen de alternativas para poder capear el temporal. Por ese motivo es tan importante tener opciones y no poner todos los huevos en la misma cesta.

No hace mucho hubo un ejemplo muy claro de cómo la ley puede favorecer primero y luego perjudicar a un negocio determinado. Hace unos años ya, en enero de 2011, la llamada nueva ley antitabaco prohibió fumar en lugares públicos incluyendo bares y restaurantes. En ese momento, este cambio de normativa respecto al tabaco, que por una parte preocupaba a estos establecimientos, parecía, por otra parte, generar un entorno muy favorable para que creciera un negocio relativamente nuevo: los cigarrillos electrónicos. En poco tiempo se abrieron muchos locales de venta de este producto que ya existía en el mercado y había tenido un primer impulso no tan importante con la ley antitabaco de 2006. Parecía entonces un negocio seguro, con mucho futuro y  con gran cantidad de clientes potenciales entre la legión de fumadores, relegados por la nueva ley a fumar en la calle. Algo más tarde, después de otro cambio de normativa en 2014, las perspectivas han dejado de ser tan halagüeñas y el número de establecimientos de venta se ha reducido drásticamente.

El cierre de un porcentaje importante de estos establecimientos de venta de cigarrillos electrónicos se debe en parte a la saturación lógica del mercado, sobrecargado por las perspectivas iniciales tan optimistas y, en parte, también al efecto negativo de algunas críticas al producto desde entornos sanitarios, pero sobre todo se debe al grave revés que representa para este sector el reciente cambio de normativa que prohíbe fumar cigarrillos electrónicos en centros públicos, sanitarios o transportes públicos. Este cambio despoja al producto de una de sus principales ventajas frente al cigarrillo tradicional, al que venía a sustituir y, en consecuencia, reduce drásticamente las expectativas de crecimiento de ventas e implantación del producto. El cambio de normativa ha causado algo más que una contrariedad a un sector en el que la gran mayoría de establecimientos están dedicados a este producto de forma exclusiva. 

Continuando con este ejemplo, hay que añadir que hubiera podido ser peor. Las autoridades sanitarias han querido dejar claro que no es un tratamiento para dejar de fumar y que aunque menos nocivo que el tabaco, no es inocuo para la salud. Pero aún hay quien considera que la legislación no es lo bastante restrictiva y que si las investigaciones que se han llevado a cabo sobre el producto hubieran llegado a la conclusión de que era nocivo o peligroso, lógicamente se hubiera podido llegar al  extremo de la prohibición de venta del mismo. En ese caso, el desastre para las empresas que habían centrado su negocio únicamente en su comercialización hubiera sido total. Cuando el cambio de normativa dificulta o prohíbe la comercialización de un producto o servicio, solo las empresas que disponen de otros productos alternativos que ofrecer pueden sobreponerse a la nueva situación.

Sin duda podemos encontrar muchos otros ejemplos del efecto negativo que la legislación o el cambio de normativa pueden tener sobre un determinado producto o negocio. Puede citarse otro caso, el de las webs de descargas directas. Estas webs son más rápidas y fáciles de usar que las redes de intercambio, pero legalmente más vulnerables. Las empresas que ofrecían este servicio han tenido que pagar multas e incluso cancelar el servicio ante las demandas legales interpuestas por sociedades que protegen los derechos de autor y han terminado por desaparecer. Sin otra alternativa y con la legislación en contra, no han tenido la oportunidad de sobrevivir. No puede saberse si haber ofrecido otros servicios que no estuvieran afectados por las leyes de protección de derechos de autor hubiera podido salvarlas.

Y siguiendo con los ejemplos relacionados con internet, existen en este medio muchos productos extremadamente sensibles al cambio de normativa. Lo cierto es que en internet se desarrollan rápidamente negocios que se mueven en terrenos inciertos o en vacíos legales y que, en cualquier  momento, pueden llegar a quedar fuera de la ley. Este podría ser el caso de los negocios que están basados en las aplicaciones inicialmente pensadas para compartir transporte o intercambiar estancias y que actualmente son cuestionadas por su posible competencia desleal a otros negocios (taxis u hoteles). Se puede inferir de esta situación que estas aplicaciones van a sufrir pronto algún tipo de reglamentación que puede llegar incluso a la prohibición de venta de servicios. Es importante que quien gestione este tipo de empresas sea consciente de ello y pueda contar con otras opciones ante cualquier cambio de normativa.

Pero un cambio de normativa puede afectar a cualquier sector y hay que estar preparado para ello. Normativas comerciales, sanitarias o de seguridad pueden afectar a las empresas de forma muy diversa. Constantemente se desarrollan nuevas leyes y además es necesario tener en cuenta los cambios en subvenciones, tipos de IVA y semejantes que también pueden influir en un negocio o empresa determinados. Hay que pensar que los cambios pueden ser rápidos y no dar tiempo a reaccionar.

Un sector que está sufriendo ahora a causa de un cambio de normativa es el de las energías renovables y especialmente de las placas solares y las células fotovoltaicas. En este caso no se ha producido ninguna prohibición de venta, pero sí un cambio en la reglamentación que hace que invertir en este producto resulte mucho menos rentable que hace algunos años, lo que por descontado va a afectar al negocio de venta. Hace unos años las compañías eléctricas estaban obligadas a comprar el sobrante producido por estos medios, en cambio con la nueva normativa ya no es así, aplicándose además una tasa a quienes generen su propia electricidad a través de energía fotovoltaica o eólica. Solo la disminución en el coste de los equipos ha evitado una crisis aún mayor en el sector.

Por descontado se dan muchos casos en los que el cambio de normativa o la prohibición de venta de un producto no afectan en absoluto a un negocio o le afectan mínimamente. Esto sucede cada vez que se prohíbe la venta de algún producto por no ser lo suficientemente seguro o por cualquier razón similar. Cuando esta prohibición se da sobre un servicio o producto que se fabrica o comercializa junto a otros varios, su prohibición no genera mayores problemas al productor o comercializador. Esto podría ilustrarse con el ejemplo de la venta de fuegos artificiales, que ante una prohibición de venta de alguno en concreto, no cabría esperar que afectase en gran medida a dicho negocio, lo que ilustra el hecho de la importancia de la diversificación.  Si en el caso de los cigarrillos electrónicos se hubiera contado además con otras opciones de negocio complementarias, la nueva reglamentación no hubiera resultado letal para estos establecimientos.

En resumen, los cambios en las normativas legales pueden afectar positiva o negativamente a las empresas y, de hecho, son muchas las que han tenido que optar por el cierre tras un cambio en la legislación. ¿Cómo puede evitarse esta circunstancia? No es fácil. Básicamente se dispone de dos opciones que, afortunadamente, no se excluyen entre ellas: una es hacer buen acopio de información y tratar de prever cualquier tipo de cambio de normativa o prohibición de venta que pueda afectar a la capacidad de actuar con agilidad evitando en la medida de lo posible los daños. Y puesto que, evidentemente, esto no es siempre posible, es importante contar también con una segunda opción, la diversificación, cuyo fundamento estriba en evitar poner todos los huevos en la misma cesta. Esta última opción es válida para contribuir a contrarrestar multitud de riesgos y por ello debe ser tenida en cuenta siempre que sea posible. Contar con productos diversos o varias líneas de negocio supone un buen agarradero para poder seguir adelante si la ley afecta la comercialización de alguno de los productos de la empresa. Por otro lado, puesto que la normativa a menudo es nacional, también es bueno contar con mercados adicionales que no estén sujetos a la misma, lo que viene a representar otra variante de la diversificación.

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