¿Es el Gas Natural Vehicular una alternativa viable?

¿Es el Gas Natural Vehicular una alternativa viable?
Pese a su importancia, el gas natural se ha encontrado con una barrera en el sector del transporte, que constituye en torno al 40% del consumo total de energía en España

El gas natural está plenamente consolidado en España, especialmente para calefacción y en usos industriales para alimentar turbinas productoras de electricidad y motores. En 2014, el gas natural supuso el 19,6 % de la energía primaria en España, una cifra realmente importante aunque todavía menor que las de otros combustibles fósiles.

Pese a su importancia, el gas natural se ha encontrado con una barrera en el sector del transporte, que constituye en torno al 40% del consumo total de energía en España. Un gran porcentaje que evidencia su importancia en la actividad económica del país. Hasta hace poco, las posibilidades del gas natural como posible alternativa a los combustibles convencionales para vehículos han sido bastante pequeñas en España (no así en otros países), no precisamente por limitaciones tecnológicas.

Sin embargo, las especiales características del gas natural lo convierten en un aliado especialmente interesante en la lucha contra la contaminación ambiental urbana, generada principalmente por el tráfico. Es por eso que el llamado gas natural vehicular está tomando fuerza y posiciones en la carrera contra la contaminación y el calentamiento global. Pese a la posición preeminente de las gasolinas convencionales, el gas natural podría convertirse en una energía con gran potencial de desarrollo. ¿Puede el gas natural convencional convertirse en una alternativa viable para el transporte en un futuro no muy lejano?

¿Qué es el gas natural vehicular?

El gas natural vehicular (GNV) no es estrictamente un tipo especial de gas natural, sino más bien una manera de denominar a un uso específico del mismo. Se diferencia del gas natural doméstico en que se presenta comprimido o licuado. El gas natural vehicular es metano y no debe confundirse con el gas licuado de petróleo, un combustible de origen diferente y que consiste en una mezcla de butano y propano.

El gas natural precisa de un tratamiento específico que permita su utilización y almacenamiento en vehículos. Su procesamiento puede seguir dos vías:

  • Gas natural licuado (GNL). Procesado a -162 °C para obtener un combustible en fase líquida a presión atmosférica. Es el más común para autobuses y camiones.
  • Gas natural comprimido (GNC). Procesado a 200-250 bares para obtener un combustible en fase gaseosa almacenado a altas presiones. Común en coches y furgonetas.

El GNV se quema en los cilindros de un motor de combustión del mismo modo que se quema la gasolina, produciendo energía calorífica que hace funcionar el motor. Un mismo vehículo puede consumir gasolina y GNV alternativamente. Solo necesita la implementación de tanques de GNV y los conductos y válvulas precisos para llevar el gas al motor.

La carga de los tanques de GNV se realiza del mismo modo que se reposta gasolina. El vehículo simplemente es alimentado en las gasolineras en las que el GNV esté disponible. Una realidad fácil de experimentar en otros países, no tanto así en España.

La necesidad del gas natural vehicular

Cabe plantearse qué motivos hay para que compense el cambio a GNV en los vehículos particulares, los del transporte público y los del transporte de mercancías sobre el uso de los diferentes tipos de gasolinas.

Se debe partir del análisis de los problemas derivados del uso de esos combustibles. En el caso del transporte, los combustibles derivados del petróleo constituyen un 94 % del total. El suministro de petróleo depende de países extranjeros, pues se produce principalmente en zonas del planeta con reservas limitadas (aunque todavía suficientes) pero de compleja posición geoestratégica que no solo plantea dudas respecto a la continuidad del flujo, sino también sobre la fluctuación de su precio.

Pero en lo que respecta al medio ambiente, los combustibles fósiles tienen sobre sí todas las acusaciones posibles. El efecto invernadero antropogénico producido por las emisiones de carbono y el consecuente calentamiento global, son hechos probados sobre los que ya se está trabajando. Además, los combustibles derivados del petróleo, en su combustión, emiten otros gases y partículas que se han convertido en un verdadero problema de salud pública en las ciudades.

Con la quema de los combustibles fósiles derivados del petróleo, como la que se hace en los motores de combustión, se emiten gases de efecto invernadero (gases GEI) como el CO2, principal responsable del efecto invernadero antropogénico, y diversas variedades de óxidos de nitrógeno (NOx), que aunque tienen menos protagonismo en el cambio climático, sí presentan un auténtico peligro para la salud. Se suman los óxidos de azufre, los metales pesados, el peligroso CO, ozono, partículas, etc.

Los NOx, junto con los óxidos de azufre, son responsables de la lluvia ácida, un fenómeno atmosférico local por el cual esas moléculas, en contacto con la humedad ambiental, se transforman en ácidos nítrico y sulfúrico. Los NOx también están presentes en el llamado smog fotoquímico, una niebla tóxica que se puede formar en las grandes ciudades bajo ciertas circunstancias.

Además de los efectos negativos para el medio ambiente, NOx y SOx, así como el ozono, tienen efectos perniciosos para la salud de las personas y animales. Provocan irritación en las mucosas y la piel, enfermedades cutáneas, afecciones pulmonares, etc. Eso, unido a las microcenizas y partículas emitidas por los vehículos en la combustión, convierten a los derivados del petróleo en un objetivo que claramente conviene sustituir o, al menos, reducir todo lo posible.

El gas natural vehicular, incluso siendo un combustible fósil, presenta unas ventajas innegables tanto para la salud como para el medio ambiente, que hablan muy a favor de su incorporación al sector del transporte en detrimento de los anteriores.

Las ventajas del GNV

Es posible diferenciar dos grandes bloques de ventajas que el GNV ofrece al consumidor y a la sociedad. Por un lado, están aquellas de tipo económico que favorecen directamente al bolsillo del usuario. Por otro, las de salud y protección medioambiental.

Respecto a las primeras, hay que señalar que el GNV es más económico que la gasolina. En base a la equivalencia por litro, es un 25-50 % más económico que esta. El coste por kilómetro recorrido es menor que con gasolina o gasóleo. Por otro lado, la limpieza en la combustión del GNV supone menor acumulación de partículas, lo que alarga la vida útil del vehículo y reduce los costes de mantenimiento.

Esa limpieza en la combustión explica la reducción en contaminantes emitidos con el GNV. La emisión de CO2 baja un 25 %, se reduce en más de un 80 % la emisión de NOx y más de un 95 % la de partículas y cenizas. E incluso se elimina por completo la presencia de SOx. Esto convierte al GNV en una alternativa de gran interés en la lucha contra la contaminación ambiental urbana y el calentamiento global.

Frente a estas ventajas, los críticos del GNV suelen señalar una pérdida de potencia del motor, que se estima en torno al 10 %, aunque en situaciones de tráfico urbano o de circulación normal en carretera no debería suponer un problema.

Situación actual del mercado de GNV

Pese a su importancia en otros países, como algunos de Latinoamérica (Argentina, Brasil,  Ecuador, Bolivia o Chile, por ejemplo), así como su gran presencia en el sector del transporte de mercancías estadounidense y su empuje en Alemania y Francia, en España todavía no se ha mostrado como una opción conocida y fuerte.

Sin embargo, es un sector en auge. En el intervalo 2002-2013, el número de vehículos de gas natural ha crecido un 28 % anual, sobre todo entre el transporte público. Los autobuses (41 %) y los camiones de basura (29 %) lideran el ranking del parque de vehículos de GNV, seguidos de taxis y furgonetas (11 % cada uno). Madrid y Barcelona lideran en número de vehículos, así como de estaciones de servicio de GNV, lo que sin duda provoca una retroalimentación positiva.

El sector precisa de una mayor apuesta de instituciones, fabricantes y particulares. La tecnología, aunque siempre evolucionando, está plenamente disponible, pero hace falta que el fabricante encuentre motivación para ofrecer más vehículos adaptados al GNV. Por su parte, la administración y los municipios deben implicarse en el fomento de la compra y uso de vehículos GNV, tanto particulares como en la flota pública. Y el usuario particular debe concienciarse en la necesidad de una ciudad sostenible que no atente contra su propia salud.

En ese sentido cabe destacar las iniciativas que ayuntamientos como los de Madrid y Barcelona han llevado a cabo para la conversión de sus flotas de vehículos, como los autobuses urbanos y los camiones municipales, que aprovechan la línea de otros planes similares que organizaciones como Gas Natural Fenosa han puesto en marcha. Esta compañía, por ejemplo, aprovecha su posición de proveedor de GNV para facilitar la conversión de los vehículos a gas natural vehicular en Colombia, proveyendo financiación para ello.

El GNV, útil y necesario, pero ¿encontrará su sitio?

Ante las ventajas innegables que el GNV presenta sobre otros combustibles fósiles, cabe preguntarse si, siendo necesario y útil, existe un interés auténtico en su utilización. La sustitución de los derivados del petróleo es imprescindible, pero la llegada del vehículo eléctrico podría acaparar la posición de alternativa sostenible. ¿Debe España invertir en infraestructuras para GNV o potenciar el desarrollo de otras alternativas? ¿O en la lucha contra el cambio climático debe haber sitio para todas las opciones?

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