Flexibilidad horaria: utopía o derecho

Flexibilidad Horaria
La conciliación de la vida laboral y familiar es un tema fundamental para el progreso y desarrollo de la economía a largo plazo ¿Cómo estamos en España?

Compaginar la vida laboral y familiar continúa siendo una tarea pendiente en los países de la Unión Europea. En torno a solo cuatro de cada cien trabajadores pueden elegir su horario laboral. Asimismo, los permisos que dan las empresas a los empleados para que cuiden de sus familiares son muy breves. En referencia a este escaso avance en esta materia, Portugal y España son los países que arrojan datos más alarmantes. Son los países con menos flexibilidad, mientras que Suecia y Finlandia son los que cuentan con una mayor flexibilidad laboral. Así lo recoge un informe sobre la evolución de la familia en Europa (2014), desarrollado por el IPF (Instituto de Política Familiar).

La conciliación de la vida laboral y familiar es un tema fundamental para el progreso y desarrollo de la economía a largo plazo. Entre otros motivos, porque afecta de modo directo a la participación en el mercado laboral de la población en edad de trabajar (sobre todo. a las mujeres), así como a la tasa de fertilidad. Son factores que repercuten considerablemente en el crecimiento de la economía de un país.

De hecho, las poblaciones con un mayor nivel de ocupación son también las que registran una mayor tasa de fecundidad, datos que manifiestan el éxito que han tenido las medidas que se han implantado en las últimas décadas para favorecer la situación laboral, en cuanto a conciliar la vida laboral y familiar de las mujeres. En este sentido, no es sorprendente que España, a día de hoy, aún registre tasas bastante bajas de fecundidad y ocupación femenina, lo cual pone de manifiesto todo lo que queda por avanzar, en este aspecto.

En tal contexto, los datos que registra España no son favorables. Tan solo el 27% de la población activa dispone de cierta flexibilidad en el horario laboral, a mucha distancia de la media europea. Que es de un 42%; y, especialmente, muy lejos de países como Alemania, con un 42% e Italia, con un 41%.

Estas encuestas, elaboradas por la Comisión Europea, indican la mayor dificultad que tienen los trabajadores españoles para poder cumplir con las responsabilidades familiares o personales, debido a las largas jornadas laborales, además de una mayor dificultad a la hora de concentrarse en el cargo desempeñado. Elementos que revelan un menor incremento de la productividad, respecto a los países europeos. Contar con unos horarios de trabajo más en sintonía con el resto de Europa ayudaría, en gran medida, a la conciliación de la vida laboral y familiar, ya que posibilitaría sincronizar, con mayor eficiencia, los horarios escolares con los laborales. A esta escasa conciliación entre el trabajo y las obligaciones familiares, hay que sumarle la gran desigualdad en los permisos por nacimientos.

Una eficaz convergencia de los horarios se traduciría en una mayor productividad por hora trabajada en nuestro país y, sin duda, ayudaría a disminuir el absentismo laboral y el denominado presentismo (horas presentes en el trabajo, sin una contrapartida efectiva).

Los horarios laborales flexibles reportan numerosos beneficios, tanto a los empleados como a las compañías:

  • Mejoran la calidad de vida de los trabajadores, puesto que permiten la conciliación de la vida laboral, familiar y personal.
  • Favorecen la corresponsabilidad en la repartición de las labores domésticas y el cuidado de los menores, discapacitados y ancianos.
  • Potencian la igualdad entre ambos sexos.
  • Disminuyen el absentismo laboral.
  • Incrementan la productividad de las empresas.
  • Benefician el clima laboral. Unas condiciones laborales adecuadas se traducen en una mayor implicación de los trabajadores.
  • Retienen a los trabajadores que poseen más talento.

En teoría, una de las demandas que incluía el segundo borrador del PIAF (Plan Integral de Apoyo a la Familia) que ultimó el gobierno era aumentar la flexibilidad en los horarios de trabajo. Dicho documento exponía literalmente: "fomentar una mayor flexibilidad en la ordenación de la jornada para atender necesidades puntuales de conciliación en el ámbito de la negociación colectiva". Esta regulación apuntaba, además, a la creación de tramos de horas recuperables. De cualquier forma, los datos objetivos demuestran un nulo o insuficiente avance, en esta temática.

Asimismo, solo una de cada siete personas emplea un servicio de guardería en España, al mismo nivel de Rumanía. En el caso de España, las encuestas han señalado que el 60% de la población manifiesta que no puede acceder a tales servicios porque son excesivamente caros. Estos datos revelan el preocupante empobrecimiento de un elevado sector de los trabajadores, que, pese a contar con un puesto de trabajo, no consigue el suficiente nivel adquisitivo, ni siquiera, para afrontar esta clase de gastos e, incluso, otros gastos para necesidades aún más elementales.

Tal y como se ha señalado anteriormente, las diferencias entre la duración del permiso de maternidad son muy grandes entre los países europeos. Por ejemplo, en el caso de Suecia, el permiso de maternidad es de 77 semanas; mientras que nuestro país se halla en la cola, con solo 16 semanas. Las ayudas sociales a las familias también son muy desiguales dentro de la Zona Euro. Estados como Luxemburgo o Alemania conceden 216 y 184 euros mensuales por hijo, respectivamente. España, por su parte, también es precaria en este sentido, puesto que es uno de los países que ofrece unas prestaciones más bajas por hijo: 24,25 euros al mes a las familias que no superen la cifra de 11.529 euros de ingresos brutos anuales. Cabe señalar que, en la mayoría de los países, esta prestación es universal, es decir, es igual para todas las familias independientemente de sus ingresos, mientras que en España se establece según la cifra de la renta anual. Lejos de aumentar la retribución por hijo, como han hecho muchos países (Gran Bretaña, Bélgica, Suecia, Bulgaria...), el gobierno español ha reducido estas ayudas en los últimos años de recesión económica.

Mientras que hay Estados que intentan incentivar la economía familiar, como Dinamarca, que destina más del 4% del PIB a esta materia; otros países, como España, no parece que den valor a este serie de incentivos familiares y destinan solo un 1,4 del PIB a las familias. Por todo ello, no es de extrañar que España posea otros indicadores nada halagüeños: las madres de nuestro país son las que tienen su primer hijo a una edad más avanzada, con una media 31,6 años; el índice de natalidad se encuentra entre los más bajos del mundo, con una media de 1,3 hijos; la población de jubilados o pensionistas es una de las más elevadas, con 8,2 millones de ciudadanos. Esta situación es crítica y los análisis del IPF emplean términos como \"invierno demográfico" y "natalidad crítica" para determinar estas condiciones demográficas.

No obstante, las grandes empresas españolas ya miran la crisis y la recesión económica como parte del pasado. Hacen balance de esta última época y plantean cambios indispensables para afrontar la necesaria reindustrialización de nuestro país. Parece ser que han advertido que no es importante disminuir los salarios, pero sí incentivar la flexibilidad laboral. En términos laborales, toman como ejemplo a Estados Unidos, que cuenta con empresas muy competitivas, a nivel mundial, las cuales ofrecen una gran flexibilidad a sus empleados. Otro elemento negativo de los países europeos, respecto a Estados Unidos, es el gasto energético. En Europa es un 50% superior al del país norteamericano. Se trata de una pesada carga a la hora de competir. A todo ello hay que añadir otros factores, como la financiación y regulación. En referencia a esta última, los empresarios señalan que Europa establece excesivas regulaciones, como, por ejemplo, en el aspecto medioambiental.

De todos modos, el avance del país, en este sentido, resulta ínfimo. Incluso, Yolanda Palomo, responsable del sector de la Unión General de Trabajadores (UGT), denuncia que, con las últimas normativas, el cómputo de la media de horas anuales por trabajador se ha ampliado, puesto que las 37,5 horas han pasado de ser un tope a convertirse en un mínimo. Además, señaló que los empresarios, actualmente, tienen la potestad de modificar, de forma unilateral, los horarios y las vacaciones de sus empleados, lo que dice muy poco del avance que ha tenido España respecto a la flexibilidad horaria de los trabajadores. Estos preceptos se unen a las medidas que se anunciaron para penalizar el absentismo en el trabajo.

En definitiva, todo indica que la mayoría de empresas españolas dista mucho de ofrecer un buen clima laboral entre sus empleados. En este sentido, a día de hoy, España tiene un considerable retraso, respecto a otros países más desarrollados de Europa, como Alemania o Suecia. Más, si cabe, respecto a los Estados Unidos. Sin duda, el campo de visión de los empresarios españoles aún es limitado y no acaban de instaurar estas mejoras en las condiciones de trabajo, las cuales aún no son consideradas como un derecho y repercuten, en gran medida, en la productividad de la empresa. Esta insuficiente productividad genera sueldos más bajos, lo que, a su vez, produce gente con escaso nivel adquisitivo. Estas circunstancias conllevan una bajada en el índice de natalidad. La población activa disminuye y el consumo baja, entre otras consecuencias negativas.

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