Gestionar el cambio de estrategia

Gestionar el cambio de estrategia
Este verano las regatas de traineras volverán a llenar de aficionados las costas del norte de España. Con este simil explicamos los conceptos de replanificación de la estrategia.

Este verano, como tantos otros, las regatas de traineras volverán a llenar de aficionados las costas del norte de España. En cada embarcación, trece remeros y un patrón luchan por alzarse con la bandera en los distintos puertos del Cantábrico y del Atlántico. El recorrido habitual consiste en recorrer cuatro largos desde la baliza de salida hasta la de llegada, debiendo realizar tres ciabogas o giros, virando siempre de tal forma que la baliza quede por babor de la embarcación. Esta maniobra, la ciaboga, puede resultar definitiva por la ventaja obtenida o por el tiempo perdido en cada una de ellas. El papel del proel, que es el decimotercer remero situado en proa, es clave. Él es el encargado de clavar el espaldín, un remo más corto, que sirve para forzar el giro de la embarcación. En el mundo de la empresa, los recorridos tampoco son lineales, y menos en las cambiantes aguas en las que estamos obligados a competir. Por ello ser capaces de gestionar nuestros cambios de estrategia y la forma en que los afrontemos van a resultar determinantes para nuestro éxito.  Las traineras nos marcan las pautas a seguir.

Dirección. El patrón conduce las traineras y es el que ejerce las tareas del timonel, marcando con sus voces el ritmo y profundidad de las paladas. Establece la estrategia, fija la dirección y busca las tácticas más favorables para su equipo. En un momento de cambio, la dirección de la empresa debe también fijar y mantener con claridad su rumbo. La proximidad de un cambio puede generar intranquilidad en las organizaciones. El papel de la dirección en esos momentos será clave para mantener los esfuerzos de los equipos centrados en el día a día y preparados para el giro que se aproxima.

(Re)Planificación. La planificación es esencial. No cabe dar una sola palada sin tener antes un plan. Salir sin una idea de cómo abordar cada manga y ciaboga supone renunciar a ganar. Del  mismo modo, las organizaciones deben preparar y planificar sus acciones con gran detalle, tratando de anticipar las cambiantes condiciones del entorno. El cambio de estrategia debe traducirse en objetivos y metas claras a los que llegar mediante determinadas actividades y tareas que deben tener unos responsables y un tiempo medido para su realización. Como en una perfecta metáfora empresarial, las luchas en las aguas del Norte no son fáciles: corrientes traicioneras harán que las traineras no sepan exactamente por dónde ir, el capricho de los vientos podrían ayudar o frenar los esfuerzos… Por ello, en los momentos de cambio, también deberemos estar alerta y contar siempre con la necesidad de tener que rehacer nuestros planes.

Colaboración. Ya hemos dicho que la actuación del proel en las ciabogas lleva a las traineras a perder o ganar regatas ajustadas. Sin embargo, cada remero en la embarcación juega un papel fundamental en mantener el ritmo y la velocidad. Los dos anekos o marcas, por ejemplo, que son los primeros en la popa, son remeros que deben atacar muy rápido y ser capaces de llevar una remada continua. Los llamados centros son los remeros situados en la mitad del bote. Son más las bestias y mulas de carga y han de insistir en una palada progresiva con una pasada de menos a más y un final potente.  En los cambios de estrategias, también se requiere normalmente de un grado de coordinación e interacción extraordinario en el que cada equipo debe saber ejercer perfectamente su papel y, a su vez, trabajar de forma unida y coordinada entre todos ellos.  

Velocidad.  La velocidad es determinante para ganar. En las regatas,  esta velocidad tiene especial importancia en diferentes momentos clave, como en la atacada inicial, la salida de las ciabogas y la llegada. La implementación de un cambio de estrategia también requiere velocidad. Mantener excesivamente largos los periodos de transición puede frenar nuestros planes o ayudar a la reacción de nuestros competidores. En un cambio de estrategia, el tiempo es la medida del ritmo con la que vamos a ejecutarlo. Por ello una vez fijada la nueva estrategia y planificado adecuadamente el cambio, es importante no relegar su ejecución. Siempre habrá un buen surtido de excusas para dudar o dejar a un lado los cambios previstos. Ninguna de ellas nos llevará a ganar.

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