La gestión de los conflictos: la caja de Betari

Con la caja de Betari, una persona se da cuenta de que un comportamiento, sea del signo que sea, desata una respuesta del mismo cariz en quienes le rodean

Elena ha abierto la caja de Betari. Hoy teme que su jefe se presente en su puesto. Su actitud la predispone a pensar que las cosas puede que no salgan bien. Se pasa la mayor parte del día con un talante observador para asegurarse de que sus compañeros, de rango inferior, hacen su trabajo adecuadamente.

Se para a mirar el reloj para confirmar que sus subordinados dedican exactamente una hora para la comida. Además, rara vez los elogia. Más bien les señala puntos de mejora y realiza fuertes críticas negativas.

No es sorprendente que Elena y los empleados que tiene a su cargo desconfíen de su superior. Como resultado, dejan de tomar decisiones por sí mismos. No asumen la responsabilidad de lo que tienen entre manos. Esto solo sirve para reforzar la creencia del jefe de que sus trabajadores, con Elena a la cabeza, no son capaces de desempeñar su labor por iniciativa propia.

Este comportamiento cíclico es lo que se denomina Betari Box, cuya apertura ha comenzado con la actitud de Elena. Como se ha comprobado, a ella le han seguido la conducta de sus empleados y el pensamiento de su jefe.

¿Qué sucede cuando se destapa la caja de Betari?

La escena anterior resulta familiar. Se trata de un modelo sencillo que puede ayudar a comprender el impacto de las actitudes y comportamientos de una persona sobre quienes le rodean.

Así, el estado de ánimo de alguien desempeña un papel muy importante en sus interacciones con las personas que entabla una relación, sea esta más o menos pasajera. Cuando Elena se siente motivada, elogia a sus compañeros, sonríe, se muestra positiva y potencia las capacidades y actitudes de las personas que tiene a su cargo.

Mientras, cuando se apodera de ella la negatividad, puede comportarse de manera impaciente, se enfada, incluso puede discutir y gritar, lo cual incide en el comportamiento que tienen los demás hacia ella. Llega hasta tal punto que desmotiva a sus subordinados.

A medida que los comportamientos de Elena afectan a las personas que la rodean, las actitudes de signo negativo vuelven hacia la protagonista, y el conflicto está servido.

Se trata de un concepto muy sencillo, que ayuda a comprender hasta qué punto una actitud positiva o negativa desempaña un papel determinante en el comportamiento que una persona muestra.

Como se ha mencionado, el círculo se cierra: el comportamiento, de la naturaleza que sea, influye, a su vez, en la respuesta que recibe la persona protagonista por parte de quienes la rodean. 

El ciclo de Betari

El ejemplo de Elena plasma a la perfección el ciclo de Betari. ¿Dónde radican sus características?

La esencia de la caja de Betari es que el comportamiento humano influye en sus propias actitudes. De esta manera, una persona se fija e interpreta el comportamiento de otra, hecho que supone el arranque del ciclo.

Al fin y al cabo, las personas actúan según el comportamiento de quienes les circundan, influyen en las acciones que observan en los demás. Esto, al tiempo, incide en la primera persona nuevamente.

De esta manera, la caja de Betari es una representación de la actitud y el comportamiento que va en consonancia con las acciones del otro. Estas se plasman en un ciclo cerrado. Así, enseña a las personas a comprender de manera más adecuada sus propias acciones y a mejorar el ambiente en el lugar de trabajo.

Con mucha frecuencia, existen patrones de comportamiento cíclicos en juego en ámbitos laborales.

Reconocer los ciclos negativos y cambiar para superarlos

¿Qué se consigue empleando la Betari Box? El quid radica en reconocer los ciclos de negatividad y cambiar para superarlos. La actitud humana desempeña un papel esencial en el comportamiento que una persona muestra.

Se trata de patrones de acción-reacción. Si a una persona le embarga la alegría y la positividad, estas incidirán en su comportamiento. Son personas amables y agradables con los demás y exhiben acciones como sonreír o hacer cumplidos.

En consonancia, los demás le corresponden con comportamientos similares. Después de todo es difícil ser cruel con alguien tan simpático y amigable.

Lo contrario también funciona de acuerdo con estas normas de comportamiento. Cuando una persona se siente mal, exhibe un humor desagradable o tiene sensación de tristeza es menos capaz de ocultar esto al resto del mundo.

Como consecuencia de ello, sus acciones serán crueles e incluso se enfadará sin motivo con su círculo cercano o con quienes se relacione. Estas personas, a su vez, actuarán de la misma manera y emprenderán una serie de acciones para evitar a esa persona o enfrentarse a ella.

En este sentido, la actitud humana se muestra a través de los comportamientos externos. Se refleja en las expresiones faciales, el uso de la voz y la entonación. Es más,incluso en el empleo de determinados vocablos.

En definitiva, todo lo que una persona muestra con sus comportamientos afecta a la actitud de los demás.

El despertar del conflicto

Con estos comportamientos de signo negativo se llega al círculo de conflictos. Por lo tanto, es fundamental conocer y abordar de manera activa el proceso.

Por poner un ejemplo gráfico: un perfeccionista a menudo se enfrenta al estrés que se impone. Este actúa como una mancha de aceite, que se expande entre quienes le rodean. Si no cumplen con sus expectativas, se impacienta.

Asimismo, jamás está satisfecho con el resultado que le ofrecen y considera que siempre hay aspectos de mejora. Este comportamiento extremadamente negativo no es acogido de buen grado por sus colegas.

Además de molestar esta actitud perfeccionista, su entorno se volverá contra esa persona y se enfadará con él. Tal vez adopten una actitud cínica y sarcástica hacia él o hablarán mal a sus espaldas. El único que puede romper este patrón es el propio perfeccionista. Debe cambiar sus formas y tomar conciencia de sus propias acciones y comportamiento.

Con posterioridad, le resultaría de gran ayuda hablar con sus colegas y admitir que estaba equivocado.Inicialmente, sus compañeros encontrarán esto extraño, pero ulteriormente reconocerán su esfuerzo y valentía.

¿Qué significará este cambio de rumbo? Sencillamente que en situaciones similares resultará para todos más fácil abordarlas y afrontarlas.

La gestión de conflictos: un caso concreto

1. El comienzo: un atasco de camino al trabajo

Una persona se ve inmersa en un atasco de camino al trabajo, lo cual le genera emociones de cariz estresante. Cuanto más tiempo permanezca en el embotellamiento, más frustrado se sentirá y a su llegada a la oficina estará de mal humor.

Su actitud hace que se comporte de forma negativa y malhumorada. Su temperamento en ese momento hace que le grite a su secretaria. Posteriormente, descubre un error de un compañero en un informe que le entregó, con un consiguiente cabreo por ello.

Su comportamiento, a su vez, angustia a su asistente personal y a su colega. Se sienten molestos por su actitud y comportamiento y pronto comenzarán a dar signos de ello. Su asistente se sume en el malhumor y se bloquea en las siguientes horas. Por su parte, su compañero se muestra sarcástico y resentido.

En este contexto viciado no se lleva a cabo una comunicación real ni natural.

2. El darse cuenta: una disculpa genuina

Tras la comida y una reflexión, el trabajador del ejemplo se da cuenta que todo comenzó con algo muy banal: un impulso en el trabajo. Después de ello, decide romper el círculo. Comienza ofreciendo a la asistente una disculpa genuina, quien la acepta con una sonrisa.

También le pide perdón a su compañero de trabajo y le ofrece trabajar codo con codo con él para mejorar el informe. Además, este agradece sus disculpas y su ofrecimiento para estar dispuesto a enmendar el error.

¿Cuál es el resultado final? Ahora puede tener lugar una comunicación productiva y significativa, sencillamente porque está dispuesto a detener su pensamiento negativo y salir del ciclo destructivo en el que ha sumido a sus compañeros.

3. El cambio de actitud

Al día siguiente, el trabajador también se ve sumido en un parón en el tráfico. Sin embargo, en esta ocasión decide realizar respiraciones profundas y emplear técnicas de relajación.

Al entrar en la oficina, hace un auténtico esfuerzo para sentirse alegre y positivo. Saluda de manera cercana y calurosa a su asistente personal y a su colega. El ambiente se ve impregnado por esa cercanía y ese calor, y el protagonista observa cómo el día en el trabajo ha sido productivo, agradable y positivo para todos.

El comportamiento cambiante

Como se ha venido describiendo, para cambiar el comportamiento de los demás es importante mirarse a uno mismo.

En primer término, se debe cambiar la actitud y el comportamiento de uno mismo, y el comportamiento de los demás se tornará positivo.

La gestión de conflictos solo es posible si las personas pueden cambiar o adaptar su comportamiento, sin dejar espacio para pensamientos y sentimientos negativos que determinan e influyen en sus acciones.

Por lo tanto, se puede afirmar que la caja de Betari es un buen antídoto frente a situaciones incómodas, conflictos emergentes o enquistados. El darse cuenta de una actitud perjudicial es el primer paso para resolver encontronazos.

 

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