La importancia de la estandarización en la Cuarta Revolución Industrial

La importancia de la estandarización en la Cuarta Revolución Industrial

Las dos primeras revoluciones industriales fueron posibles gracias a cambios sustanciales en los usos y aprovechamientos de la energía y remarcaron la íntima relación entre el desarrollo científico-tecnológico y social. La primera de ellas tuvo lugar en el siglo XIX  estando estrechamente relacionada con la conocida como máquina de vapor, invento del ingeniero escocés James Watt. Esta máquina hacía uso del carbón, material transformador económico que desplazó la madera como fuente energética, y tuvo muchas y muy variadas aplicaciones redundando en el progreso de muchos sectores industriales, como por ejemplo, la fabricación de papel, los molinos de harina, la minería, las destilerías de licores, la construcción o el ferrocarril que permitió importantes avances en las comunicaciones facilitando  asentamientos en nuevas ubicaciones geográficas. Son muchos los historiadores que consideran que no se han producido en la historia mayores cambios sociales  desde el Neolítico pasándose de un modelo esencialmente rural basado en la agricultura a uno urbano e industrial con la aparición de nuevos grupos o clases sociales como los proletarios y la burguesía y la aceptación de un nuevo modelo económico, el capitalismo. Es por ello que las referencias a esta etapa de la historia emplean el término “revolución”.

La continuidad natural de la Primera Revolución Industrial, la Segunda, incrementó los niveles de desarrollo y está asociada esencialmente al uso de nuevos combustibles o fuentes energéticas, como la electricidad de la que se comienza a realizar una aplicación sistemática en los procesos productivos o fabriles o el petróleo. Los dispositivos se mejoran en relación a la eficiencia, apareciendo, por ejemplo, el motor de combustión interna, el alumbrado eléctrico o el telégrafo que permitiría la comunicación a través de un lenguaje de rayas y puntos denominado código Morse. Otro invento, particularmente importante en el campo de las comunicaciones fue la radio del italiano Marconi. Posteriormente aparecen otros equipos que cambian las interacciones y dan lugar al entretenimiento en términos parecidos a cómo lo entendemos a día de la fecha. Es el caso de la televisión o el cinematógrafo.

En la tercera Revolución Industrial no hay tantos elementos de continuidad como en las dos anteriores. Se sitúa ya a mediados del siglo pasado y viene caracterizada por la sistematización de los automatismos en los procesos industriales para lo que la incipiente “computación” jugó un papel esencial. La energía puesta en funcionamiento tiene otros orígenes. En algunos casos es más sofisticado y avanza en paralelo al desarrollo de la ciencia y la tecnología, como ocurre con la energía nuclear. En otros se trata de una mirada a la Tierra y sus posibilidades, particularmente en todo lo que tiene que ver con las denominadas energías renovables. Se suceden inventos que cambian aspectos muy importantes de la sociedad, como la medicina, que se beneficia claramente del denominado diagnóstico por imagen o de la radioterapia. En otros casos no queda tan claro el beneficio social derivado del avance, como ocurre por ejemplo con la carrera armamentística.

Son muchos los pensadores que consideran que vivimos en la actualidad inmersos en una nueva revolución industrial, la Cuarta, caracterizada por la incorporación sucesiva e imparable de las tecnologías de la información y la comunicación a la cadena de valor lo que ha redundado clarísimamente en la mejora de los procesos. La denominada Industria 4.0 se caracteriza por su optimización gracias a los flujos de información, eliminándose o al menos minimizándose tiempos muertos así como la intervención manual. La producción se flexibiliza y se customiza, facilitándose la generación de lotes mucho más pequeños y más adaptados a los requerimientos, requisitos, necesidades o expectativas del cliente. La relación con éste se fideliza a través de las redes sociales, terminales móviles o similares, en tiempo real, lo que permite la obtención de un feedback muy directo y que puede provocar cambios instantáneos de la producción o bien servicios adicionales que aportan experiencias con valor añadido.

Una reflexión acerca de lo que a lo largo de la historia ha aportado la estandarización al desarrollo industrial y cómo particularmente puede asentar el modelo actual, la Industria 4.0, es necesaria en este punto. Por estandarización entendemos la generación de estándares, a los que normalmente se les da el nombre de normas, que definen los ámbitos comunes y las especificidades propias para los distintos productos y servicios en aras de su homogeneidad con independencia del lugar geográfico donde se ubiquen u operen las empresas y/o los usuarios. Las ventajas de la estandarización están fuera de toda duda:

  • Permite el desarrollo de mercados en armonía con las reglas la internacionalización y globalización de las organizaciones.
  • Supone una importante reducción de las barreras técnicas al comercio al clarificar las transacciones.
  • Optimiza los costes asociados a la producción al simplificar los pedidos de materias prima y mejorar los mecanismos de comunicación entre fabricantes y proveedores y por tanto redundando en la calidad de su relación.
  • Racionaliza la producción homogeneizando y validando las técnicas de fabricación,  fomentando además la transferencia tecnológica entre empresas incluidos aspectos tales como los materiales, sistemas de comunicación e información, sistemas vigilancia tecnológica, etc.
  • Aporta seguridad tanto al producto como a los operadores y a las instalaciones, aspectos todos ellos relacionados con la necesaria transparencia y que resultan de singular importancia cara a las posibilidades para la apertura a nuevos mercados. Esto repercute de forma inmediata y positiva en la competitividad empresarial y es una herramienta para las políticas públicas de importación/exportación a seguir por parte de las Administraciones públicas.
  • Facilita la tarea del usuario para elegir productos más aptos para el uso al que vayan a destinarse.

Un ejemplo claro que permite comprobar cómo la estandarización permite operar en cualquier parte del mundo es la tarjeta de crédito realizada con un material muy similar en todos los casos,  así como con unas medidas estándares,  que permiten su uso en terminales ubicadas en cualquier lugar.

Hay ciertos elementos imprescindibles para la Industria 4.0 que idealmente deben de normalizarse para homogeneizar procesos y sus resultados, es decir, como en tantos otros aspectos, la estandarización juega un papel esencial y desde las Administraciones públicas y los organismos de normalización, AENOR en el caso español, deben liderarse iniciativas en este sentido. Las distintas áreas que nombramos a continuación presentan a día de la fecha muchos aspectos susceptibles de sistematizarse y, a tal fin, existe un nutrido compendio de normas, bien de alcance nacional, bien internacional que pretenden ser una decidida ayuda para las organizaciones que deseen operar bajo este nueva realidad y que podrían encontrar en alguno de los elementos que citamos a continuación su particular talón de Aquiles.

Un primer aspecto a tratar en este particular es el de la hiperconectividad, necesaria como elemento imprescindible para el funcionamiento previsto para las organizaciones operando en la Industria 4.0. Los sistemas conectados permiten mejorar sustancialmente los mecanismos de control sobre la producción lo que se traduce en el incremento de la misma pero además mejoran también sustancialmente la seguridad de las operaciones. Como ya se ha señalado con anterioridad, un aspecto particularmente importante es que la conectividad de los sistemas facilite las entradas al sistema para conseguir una producción que si no es a la carta al menos puede atender mucho mejor los requerimiento o expectativas del cliente, dado que este puede ir casi en tiempo real modulando sus peticiones. Relacionado con este hecho estarían las nuevas tecnologías para la producción facilitadoras para su total adaptación al cliente, particularmente la robótica así como de la impresión 3D.

Un segundo aspecto al que las organizaciones necesariamente deberán prestar atención es el de la ciberseguridad dado que la empresa Industria 4.0 opera en entornos virtuales mayoritariamente siendo la información uno de sus principales activos. Es impensable pensar en la gestión empresarial al margen de conceptos como el Big Data o el cloud computing, que supone de facto la conexión de múltiples elementos. La ciberseguridad definida como el conjunto de técnicas y métodos de protección de los elementos informáticos y, particularmente de los datos es un campo que requiere de atención permanente dado que las amenazas cambian de forma constante. Las primeras medidas a adoptar pasan por la prevención tratando de reducir los posibles riesgos a los que se enfrentaría la organización. Es esencial, en este sentido, alertar a los trabajadores y proporcionárseles unas pautas básicas de actuación así como de las herramientas a utilizar. En caso de detectarse una amenaza, necesariamente deberá de procederse con la total desconexión de los equipos, la instalación de sistemas antivirus, y en el caso de robo de datos o de información confidencial, la correspondiente comunicación a los usuarios afectados. Aspectos, todos ellos muchos más fácilmente abordables desde el claro establecimiento de protocoles de actuación, claramente objeto de normalización.

Por todo ello podemos concluir aseverando que  inexorablemente la Industria 4.0 debe contar con la estandarización como instrumento para su ámbito de mejora.

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