Las SICAV como inversión y ejemplo de un fracaso

Las SICAV como inversión y ejemplo de un fracaso
Las SICAV en España: tributación, qué son, diferencias con las IIC o fondos y sus ventajas. ¿Cómo llega a ser su gestión? Ajram y el fracaso en la misma

En los últimos años se ha asistido a un auténtico bum de las SICAV en España. Esta manera de invertir, de forma colectiva, ha atraído a todo tipo de inversores.

Desde los minoritarios tradicionales hasta los grandes fondos de inversión más ‘agresivos’ usan este instrumento. En Europa es bastante común el uso de una Sociedad de Inversión de Capital Variable, sobre todo en Italia, España, Francia, Reino Unido y Bélgica. No obstante, dentro de la corta historia de estas Sociedades se lamentan ya casos de fracaso, aunque esto no significa que toda la inversión realizada a través de estas Sociedades no pueda ser un éxito.

¿Qué es una SICAV? ¿Cuál es la diferencia con un fondo de inversión? ¿Y las diferencias fiscales entre estas Sociedades y una IIC? A continuación, se desgrana toda la información referente a estas Sociedades, además de contar un caso de fracaso en la gestión.

¿Qué es una SICAV?

Una SICAV es un tipo de inversión que es de carácter societario. Es decir, tiene forma jurídica de S.A. o Sociedad Anónima.

El objeto social, recogido en los estatutos de las mismas, es el mismo que para las ICC (captación de recursos para invertirlos en cotizadas). En este caso, las entidades que son SICAV se encuentran regidas no solo por la Ley de Sociedades de Capital, sino también por la 25 / 2003 de IIC.

Todo el capital se encuentra suscrito y pagado en títulos. Así, un inversor únicamente debe comprar estos títulos para participar en las inversiones de la SICAV. Además, normalmente las acciones de una SICAV cotizan en renta variable (bolsa) pero en el MAB, el Mercado Alternativo Bursátil, un mercado paralelo al de toda la vida que cuenta con requisitos inferiores (o más laxos) para cotizar en él.

Las SICAV, como sus propias siglas indican, es el capital variable en el sentido de que son sociedades abiertas. Para el cumplimiento de la demanda de todos los inversores pueden crearse o cancelarse nuevos títulos, eso sí, sin necesidad de reformar los estatutos.

¿Qué es una Institución de Inversión Colectiva? El IIC

Una Institución de Inversión Colectiva es una entidad que tiene como objetivo la captación de recursos de diferentes inversores, los gestiona y llega a invertirlos en una serie de activos. Cabe destacar que pueden ser bonos, bienes tangibles, títulos u otros instrumentos (sean financieros o no).

Así, en función de la rentabilidad que obtenga una IIC, se determinan los rendimientos de cada inversor individual, siempre dependiendo de la participación que tengan en la entidad.

Como se comentaba anteriormente, las IIC se encuentran reguladas por la Ley 35 / 2003, la cual establece que las entidades pueden escoger dos formas jurídicas diferentes: fondos de inversión o sociedades inversoras.

¿Cuáles son las diferencias entre una SICAV y un fondo de inversión?

La gran diferencia entre las diferentes modalidades de ICC es la personalidad jurídica que tiene cada una.

Mientras en la SICAV se habla de una Sociedad Anónima (S.A.), los fondos de inversión no tienen esta personalidad jurídica.

Esto último es únicamente de relevancia si se tiene en cuenta que una SICAV, además, se encuentra gestionada por su propio Consejo de Administración. Hay que tener en cuenta en este punto que los fondos de inversión tienen la necesidad de contar con una sociedad que gestione las carteras para hacer los trabajos de representación o gestión de dicho fondo.

En definitiva, una SICAV se podría decir que se autogestiona, mientras que un fondo inversor necesita a entidades (financieras o no, pero externas) para que se pueda gestionar (como sociedad gestora y depositaria).

En cierta forma, ambos tipos para gestionar cuentan con beneficios y desventajas. Por ejemplo, el hecho de que sea una entidad externa la que gestiona el patrimonio llega a aportar una mayor objetividad y control sobre las políticas de inversión. Además, un Consejo de Administración aporta mayor agilidad en la toma de decisiones, siendo un órgano interno que puede influir de forma directa en la gestión.

Por otro lado, otra de las diferencias más importantes es la constitución de la SICAV. Es necesario suscribir y desembolsar un capital de constitución mínimo de 2,4 millones de euros. Mientras un fondo de inversión necesita 3 millones. Esto no es relevante de cara al inversor, pero así está estipulado.

De más relevancia es que las SICAV cuentan con un límite máximo de capital. No pueden hacer crecer el patrimonio más de un techo que debe estar fijado en los estatutos. La Ley establece que este límite máximo no debe superar más de 10 veces el capital inicial invertido, algo que no sucede, en contra, con los fondos de inversión.

Por último, se debe tener en cuenta que ambas entidades son IIC y se encuentran reguladas por la misma normativa. También ambos tipos se encuentran bajo la supervisión de la CNMV, la Comisión Nacional del Mercado de Valores española.

¿Y cuál es la diferencia fiscal entre una SICAV y una IIC?

En este caso, se puede dividir la pregunta en dos. Por un lado, la fiscalidad que se aplica a una IIC y, por otro, la fiscalidad que se le va aplicar a cada inversor por individual.

Las IIC, tanto fondos de inversión como sociedades, se encuentran sujetas al Impuesto de Sociedades. Pero, en este caso, el tipo de gravamen se encuentra muy reducido, gravándose con únicamente el 1 % de los rendimientos netos conseguidos en un ejercicio fiscal. Si se compara con el Tipo General que se aplica al resto de sociedades, del 25 %, el ahorro fiscal es muy importante.

Además, el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados se encuentra exento.

Si se tiene en cuenta a los partícipes (o los socios) se debe destacar en cualquier caso que las IIC tienen la misma tributación.

No obstante, en ambos casos, tener participaciones o títulos (depende de si es fondo o sociedad) no llega a tributar hasta que no se produce un reembolso definitivo. Esto es, hasta que la inversión no se retire, no se paga ni la retención ni el tipo impositivo del rendimiento de capital obtenido, tampoco se realiza su declaración.

Cuando se venden los títulos, como ocurre en la bolsa, el inversor tiene que pagar la pertinente retención. En este caso es del 19 %, que después se ajusta al tipo aplicable en la declaración, puesto que únicamente tributará como ganancias patrimoniales. Es decir, la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta de las acciones es lo que se paga al 19 % comentado.

Por último, los rendimientos fiscales se consideran ganancias de patrimonio, no rendimientos del capital mobiliario. Tributan, asimismo, en la base imponible de ahorro, no en la general.

La gestión de las SICAV: del éxito al fracaso más rotundo de Josef Ajram

Trader, deportista, escritor y… ex gestor de la SICAV que era, probablemente, la más famosa de España. Uno de los inversores o especuladores en bolsa más conocido, Josef Ajram, tras un comienzo de éxito en el que se llegó a captar un gran patrimonio y a acumular importantes rentabilidades (de doble dígito), acaba cerrando su SICAV.

La gestión de una Sociedad de este tipo no es fácil, menos cuando se tiene la presión de centenares de personas que han confiado todos sus ahorros en este vehículo inversor. El propio Arjam confiesa que «ni loco» volverá a gestionar un fondo a lo largo de su vida, pero hace hincapié a la normativa, la cual pese a contar con ventajas frente a otras opciones de inversión, confiesa, es muy «exigente».

«Lo que he aprendido de hacer movimientos rápidos en bolsa (trading) es que no es lo mismo invertir capitales medianos o pequeños, que gestionar o invertir grandes capitales, menos si se producen ponderaciones importantes para diversificar o para dotar a la SICAV de mayor seguridad», palabras de Josef, en las que confiesa sentirse «dolido» por haber perdido parte del dinero de las personas que han confiado en él.

Josef, que gestionó cada vez más capital a raíz de una entrevista en televisión nacional, dice que el crash bursátil de Abengoa ha afectado, más que nunca, a la SICAV. «El miedo a que existieran nuevas empresas en la situación de Abengoa hizo que muchos inversores sacaran su capital de la Sociedad, provocando la salida de valores líquidos, provocando también nosotros todas las bajas que se producían en el mercado».

En resumidas cuentas y como se puede comprobar, una SICAV es similar a un fondo de inversión, aunque cuenta con una personalidad jurídica propia. Al estar en esta forma jurídica obtiene por un lado una serie de beneficios, como mayor agilidad y flexibilidad en las decisiones a la hora de invertir, pero también una serie de inconvenientes. Aunque existen diferencias «pequeñas», la ausencia de distintas restricciones al realizar traspasos que se ofrece por parte de los fondos de inversión hace que una SICAV sea menos atractiva para invertir. Su gestión es vital, puesto que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso, como se menciona en este artículo con la famosa SICAV de Josef.

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