Liderazgo smart y objetivos smarter: claves para una buena gestión y un liderazgo exitoso

Liderazgo smart y objetivos smarter: claves para una buena gestión y un liderazgo exitoso

Decía Peter Drucker, uno de los mayores expertos en estrategia empresarial, que la diferencia principal entre leadership y management radica en que “el buen líder es aquel que escoge las cosas correctas que hay que hacer para llevar a cabo el plan de negocio, mientras que el buen gestor es el que las hace correctamente”.

En los tiempos que corren en la sociedad del conocimiento y del aprendizaje continuo y debido a la evolución de las culturas y estructuras organizativas, cada vez se pide más a los empleados que se autogestionen y se autolideren. Está demostrado que cuanto mayor es el nivel de compromiso con nuestro propio desarrollo y con el de la empresa y el equipo con el que colaboramos, mayor es el nivel de consecución de resultados.

Partiendo entonces de la premisa de que para liderar a otros es necesario liderarse a uno mismo se puede seleccionar una serie de competencias que valdrían tanto para autoliderarse, como para desarrollar un liderazgo exitoso e inspirador que motive a otras personas hacia la consecución los objetivos establecidos. Estas competencias clave son:

  • Habilidades de comunicación, tanto las relacionadas con el lenguaje verbal, como con el corporal y el paraverbal, que se manifiesta este último a través del volumen, el ritmo, el tono de voz, los silencios, exclamaciones, …. Hay que aprender a escuchar lo que otros no dicen y ser capaces de influir conscientemente en nuestra comunicación a través de lo que no decimos. Del modo en el que manejemos de forma efectiva nuestras habilidades comunicativas, especialmente las no verbales que pueden llegar a suponer el 70% de lo que comuniquemos, dependerá nuestra capacidad para inspirar o retraer a otras personas a actuar de una manera determinada y hacia un objetivo común.
  • Empatía. Conseguimos ser empáticos cuando somos capaces de ponernos en la piel de nuestros interlocutores, bien sean compañeros, proveedores, clientes, … y transmitirles nuestro respeto.
  • Inteligencia emocional, que implica ser capaces de reconocer nuestras propias emociones, autocontrolarnos e influir en ellas para mejorar la forma de relacionarnos con los demás y reducir el nivel de estrés negativo o distrés.
  • Orientación a resultados, que incluye la capacidad para la toma de decisiones y la inteligencia ejecutiva, que consiste según el filósofo José Antonio Marina en “la capacidad de dirigir bien el comportamiento, eligiendo las metas, aprovechando la información y regulando las emociones”.
  • Asertividad, esa cualidad que, aunque a veces nos haga sentir tan mal, tan necesaria es para avanzar en el camino hacia los objetivos planteados. La asertividad es también una habilidad fundamental para dar un buen feedback constructivo y saber aceptarlo como un regalo, como una oportunidad para mejorar.
  • Generosidad y humildad, fundamentales para compartir los éxitos con el equipo y diluir el protagonismo con aquellos que han contribuido al logro del objetivo. La generosidad implica agradecimiento y reconocimiento, así como compartir conocimientos y experiencias, aspectos clave para construir entornos de trabajo y aprendizaje colaborativos.
  • Conocimiento del negocio, del sector y de la actualidad de un mundo cada vez más globalizado. En la mayoría de los casos no es necesario ser un experto y menos presumir de ello, pero si conviene estar actualizado acerca de las últimas tendencias y mejores prácticas.
  • Sentido del humor, que nos acerca a los que nos rodean. Favorece la adaptación al cambio, rebaja la frustración asociada a nuestras limitaciones e incluso ayuda a mejorar nuestra salud física y mental. No es de extrañar que en muchas organizaciones se hagan ejercicios de “risoterapia”, muchas veces integrados en reuniones y cursos de formación.
  • Gestión del cambio con actitud positiva hacia nuevos retos y oportunidades, conviene tener muy en cuenta que las emociones se contagian y que la mayoría de los adultos somos por naturaleza resistentes al cambio. Por ello es importante desarrollar una cultura que promueva el cambio y la mejora continua.
  • Pasión por lo que haces. Independientemente del puesto que desempeñes ésta es una cualidad imprescindible si quieres tener éxito. Entre las frases célebres de Steve Jobs, co-fundador de Apple podemos destacar que “Cuando alguien ama lo que hace se nota, pero cuando no haces lo que amas se nota aún más.
  • Capacidad de innovación, habilidad que hoy en día pasa por la búsqueda de nuevos mercados, productos y servicios, así como por la robotización y la transformación digital de las organizaciones.
  • Trabajo en equipo, que incluye la capacidad para construir relaciones y la preocupación por el desarrollo de los miembros del equipo. La palabra equipo en inglés se traduce como TEAM y si la usamos como acrónimo podemos concluir que juntos conseguimos más, “Together Everyone Achieves More”.
  • Curiosidad por aprender de forma continua, la actitud proactiva para aprender a lo largo de toda la vida, no sólo durante los periodos típicamente asociados con el colegio y la universidad anteriores a un primer empleo. De hecho, Google destaca la “aprendibilidad” como una de las competencias clave a identificar en sus candidatos y a desarrollar en sus empleados para convertirlos en “animales de aprendizaje”.
  • Planificación. Como decía el general Eisenhower “Un plan no es nada, pero la planificación lo es todo”. Y así es, si no actuamos el plan no sirve para nada y éste debe incluir un plan de contingencias que contenga las pautas de acción tras el análisis y priorización de un mapa de riesgos.
  • Capacidad organizativa. Empezando por uno mismo y siempre con el objetivo de mejorar en calidad, en eficiencia y productividad. Es importante saber gestionar el tiempo y que éste no nos gestione a nosotros.
  • Ética, honestidad y transparencia. Fundamentales para motivar y para evitar el surgimiento o paliar los efectos de crisis organizativas y económicas. Conviene recordar que “las mentiras tienen las patas muy cortas” y que aquellos que no actúan con sinceridad y sentido de la justicia suelen acabar, a corto, medio o largo plazo, siendo al menos sonrojados y perdiendo la confianza de su equipo.
  • Prudencia, esa gran virtud que actúa como contrapunto de la intuición y otras ya mencionadas como la pasión, la ilusión y la orientación a resultados. La prudencia debe llevarnos a saber, en ocasiones, “ponernos de perfil” y desarrollar nuestra capacidad de observación y escucha activa.
  • Confianza en uno mismo, porque si no confiamos en nosotros mismos cómo van a confiar otros en nosotros. La confianza se percibe y es sin duda, el lubricante necesario para que un equipo funcione y alcance su máximo rendimiento.
  • Compromiso, relacionado con el esfuerzo, el entrenamiento, la formación continua y la perseverancia para desarrollar el talento propio y ajeno. Está demostrado que a mayor nivel de compromiso se consiguen mejores resultados y menor probabilidad de abandono del proyecto. Hay que evitar ocultar el talento, lo cual por desgracia es bastante habitual cuando se trata del talento ajeno. Todo lo contrario, tenemos que procurar que éste emerja en aras de la mejora del equipo y de la organización.
  • Ejercicio físico, descanso y bienestar interior, cada vez existen más investigaciones que demuestran como estas variables influyen en el desempeño profesional y en nuestra manera de comunicar de forma eficiente, motivadora, e inspiradora. Por eso las empresas cada vez promueven entre sus empleados más actividades deportivas, culturales, de comida saludable e incluso de relajación, lo que en inglés se conoce como “welllness” y “mind fullness”
  • Flexibilidad y resiliencia, entendiendo la primera como la capacidad de adaptarnos a nuevos retos, tecnologías, contextos y grupos de trabajo y la segunda como la capacidad de sobreponernos a las adversidades.
  • Visualización del éxito. Igual que hacen grandes deportistas cuando manifiestan públicamente que dedican incluso más tiempo a la preparación mental que al entrenamiento físico, especialmente los días previos a la competición

Más allá de esta relación de competencias clave me gustaría sugerir un nuevo modelo de liderazgo SMART desarrollado por el jugador más emblemático y triunfador del baloncesto español, Pau Gasol, quien en su recientemente publicado libro que lleva por titulo "Bajo el Aro explica su modelo para un liderazgo exitoso a través del acrónimo SMART:

  • Set Up: Dar un paso al frente y superar las adversidades cuando tu equipo lo necesita.
  • Manage success: Saber gestionar y contribuir a que los compañeros gestionen el éxito con humildad.
  • Accept Decisions: Aceptar las decisiones, aunque no nos gusten y elegir una actitud coherente con ellas de manera consecuente.
  • Remain an example: Siendo conscientes del impacto que el contexto tiene en nuestra conducta y de que merece la pena asegurarnos de que el impacto que nosotros dejamos es positivo.

Y para terminar con otro acrónimo recomendaría el recurso mnemotécnico SMARTER como ayuda para la definición de objetivos. Los objetivos deben ser:

  • S- SPECIFIC – Específicos, con tareas concretas. Tanto en su redacción como en su ponderación.
  • M- Measurable – Medibles, con Key Performance Indicators o KPI´s , indicadores orientados a resultados cuantitativos y/o cualitativos.
  • A- Attainable- Alcanzables pero que tengan impacto y sean retadores.
  • R- Relevant – Relevantes, relacionados con estrategia, cultura y objetivos de negocio.
  • T- Timely set -establecidos en el Tiempo, con hitos temporales para el seguimiento.
  • E- Ethical or Environmentally respectful, Éticos o respetuosos con el medio ambientE).
  • R- Rewarding, con beneficios o Recompensas claramente establecidas.

Formación relacionada

La página web www.cerem.es utiliza cookies para mejorar los servicios ofrecidos. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso e instalación. Para más información haga click aquí.

Subir