Para liderar a otros primero hay que liderarse a uno mismo

Para liderar a otros primero hay que liderarse a uno mismo
Ésta es la base del liderazgo inspiracional, un estilo de dirección que aprovecha los beneficios del contagio emocional y que se basa en el ejemplo y la capacidad de motivación del líder.

Decía Robert Fisher en su famoso libro de autoayuda “El Caballero de la Armadura Oxidada” que para poder amar a otros primero tenemos que amarnos a nosotros mismos y que para ello hay que saber reconocer y comunicar nuestros propios sentimientos. El libro refleja a través de un cuento el proceso de cambio de un ser humano que no expresa sus sentimientos.

De hecho, el reconocimiento y la verbalización de las emociones son una constante en el desarrollo de los programas de coaching, en cuyas sesiones se trabaja sobre las creencias, valores, deseos, sueños y objetivos, procurando siempre alcanzar un buen nivel de autoliderazgo emocional.

Si extrapolamos la lección de Fisher desde el terreno del amor al del liderazgo podemos afirmar, como decía Ortega y Gasset, que “Para dirigir a los demás, es requisito indispensable imperar sobre usted mismo” y ésta es la base del liderazgo inspiracional, un estilo de dirección que aprovecha los beneficios del contagio emocional y que se basa en el ejemplo y la capacidad de motivación del líder.

Evolución del liderazgo

Si analizamos la evolución del liderazgo a lo largo de los siglos podemos encontrar diferentes estilos que se han ido sucediendo y mejorando progresivamente hasta llegar al momento actual en el que el liderazgo individual es más importante que nunca. Un resumen de los estilos de liderazgo más destacados a lo largo de la historia sería:

  • Liderazgo por instrucciones y amenazas: es el estilo más antiguo, se apoya en la fuerza y en la autoridad y en él las personas actúan por miedo al castigo en caso de no acatar las órdenes del jefe.
  • Liderazgo por objetivos: este término fue acuñado en los años 60 y busca la eficiencia y la administración óptima de los recursos para lograr la máxima productividad. En este estilo de dirección las personas actúan de una determinada manera motivadas por las recompensas materiales establecidas y logran su mayor rendimiento cuando participan en el diseño de sus propios objetivos. Es aquí cuando comienza a extenderse la importancia del liderazgo de uno mismo.
  • Liderazgo por valores: surge a medida que se alcanza el tope en la búsqueda de la eficiencia y la eficacia sin más. A través de los valores y de una visión y misión empresarial compartida por todos se intenta, sin dejar de lado el liderazgo por objetivos, dotar de sentido al esfuerzo de las personas para construir organizaciones sanas y perdurables.
  • Liderazgo situacional: En paralelo a estos dos últimos estilos Paul Hersey y Ken Blanchard  lanzaron hace hace ya cuarenta años un estilo de liderazgo  que sigue muy vigente en la actualidad. El liderazgo situacional postula que el líder debe adaptar su estilo de liderazgo en función del contexto de cada situación y de la madurez de los colaboradores. Un buen líder debe ser flexible y variar su posición hacia la tarea, resultados y objetivos en función de las necesidades del equipo y del contexto.
  • Liderazgo inspiracional: Una de las personas que más y mejor han trabajado sobre el liderazgo inspiracional y su ADN ha sido Juan Fernando Cruz Torres, quien en 2014 publicó el modelo IIDDAA basado en las características que tienen en común los mejores líderes:

Inspirar – Influir - Desarrollar - Delegar - Actuar – Apoyar.

“La grandeza del líder reside en replicarse e inspirar a personas que se consideran ordinarias a lograr lo extraordinario”

El liderazgo inspiracional está muy relacionado con el modelo de “Dirección por Hábitos” del profesor Javier Fernández Aguado diseñado en 2002. Esta manera de dirigir consiste básicamente en poner los valores en acción, para lo cual es necesario que los empleados los asuman en su trabajo diario en forma de hábitos operativos.

"También este estilo de liderazgo tiene en cuenta el modelo de Inteligencia Emocional del profesor Daniel Goleman, que destaca la importancia del reconocimiento y la expresión de las emociones propias y ajenas”.

Basado en todo lo anterior hoy podemos decir que el mejor modo de motivar a los demás es a través del ejemplo propio, que permite involucrar y contactar emocionalmente con diferentes interlocutores o grupos de interés de la organización (compañeros, clientes, proveedores, accionistas, periodistas, ….)

Para lograr ese contacto emocional es conveniente desplegar una serie de cualidades que distinguen a los líderes inspiradores:

  • Conocerse y creer en uno mismo, con voluntad firme y proyectarlo.
  • Controlar el estrés.
  • Compartir la visión y la misión.
  • Reconocer emociones propias y expresarlas, fomentando el contagio emocional positivo.
  • Dar ánimo y generar entusiasmo.
  • “Vivir” los valores.
  • Ser respetuoso, responsable y honesto.
  • Estar orientado al logro de objetivos y ayudar a los demás a orientarse hacia los resultados.
  • Pensar en los beneficios colectivos más que en los individuales.
  • Ser claro a la hora de comunicar, especialmente cuando esperamos algo de otra persona.
  • Saber escuchar.
  • Generar empatía.
  • Crear y facilitar relaciones entre personas y equipos.
  • Estimular y capacitar a los demás para perseguir la visión.
  • Saber delegar.
  • Trabajar en equipo, gestionando adecuadamente la diversidad de las personas en todas su manifestaciones (cultural, profesional, generacional, religiosa, de genero e incluso de orientación sexual).

Ser proactivo y catalizador del cambio a través de estrategias transformadoras.

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