Pim, pam, pum… ¡decisión!

Pim, pam, pum… ¡decisión!

Vivimos en una era de acceso a la información sin precedentes. Ya sea para comprar un vino, encontrar unos zapatos o contratar a un nuevo empleado, no necesitamos más que teclear en internet e investigar todo lo que necesitamos saber antes de decidirnos y elegir.  Tener tanta información tan fácilmente disponible ha hecho de nosotros los seres más informados que han existido nunca. Parecería por tanto, que lo razonable sería tomarnos todo el tiempo necesario para analizar y procesar toda la información disponible, incluso esperar a incorporar nuevas informaciones, antes de decidir. Sin embargo, el tiempo y la rapidez en la decisión es también un factor crucial en el éxito de la misma. Mantener un ritmo rápido en la decisión requiere ejecución rápida de la estrategia (las estrategias, recordémoslo, consisten en definitiva en decidir). En este sentido, las empresas más grandes a menudo están en desventaja con respecto a las más pequeñas y ágiles.

El ritmo constante de decisión, cambio y adaptación que se vive en una dinámica pequeña o mediana empresa poco tienen que ver con cómo se gestionan los procesos de cambio y decisión de las empresas de gran tamaño. Para superar este inconveniente, el equipo de liderazgo de una empresa más grande puede tratar destilar y articular claramente la intención estratégica y el contexto de la empresa en el lenguaje más simple posible, para que las personas de todos los niveles de la organización estén alineadas y puedan tomar mejores decisiones con mayor rapidez.  Como dicen los consultores George Stalk y Sam Stewart, para garantizar la alineación y la acción rápida, las misiones individuales y de equipo deben estar explícitamente vinculadas a la misión y estrategia general de la empresa.  Cualquier incongruencia entre objetivos, recursos y limitaciones debe identificarse y eliminarse pronto, para que no se desperdicie tiempo y esfuerzo. La mayoría de las empresas dedican demasiado tiempo a cosas que roban tiempo a la gente, usan los recursos y agregan poco valor a las empresas.  Las empresas que reconocen la importancia de una dinámica ágil y adecuada de gestión los tiempos de decisión entienden que la mejor manera de evitar los ataques de la competencia y defender su liderazgo es mantener un enfoque inquebrantable en los factores que confieren una ventaja competitiva, y nunca detenerse.  Como decía el presidente de un importante grupo de alimentación: “si estás quieto, te meriendan”. Lo cierto es que el tiempo acaba siendo muchas veces un factor preponderante sobre la información en el proceso de decisión.

En realidad, la era de la información ciertamente tiene el potencial de mejorar nuestra comprensión pero el acceso a la información funciona de hecho mejor en teoría que en la práctica. En un mundo cambiante, tomarse todo el tiempo que se necesite para acumular información puede suponer un coste muy elevado en términos de oportunidades perdidas y ventajas neutralizadas. Unos experimentos recientes dirigidos por el profesor Ed O’Brien de la Universidad de Chicago, demostraron que lo que ocurre es que las personas piensan que evaluarán racionalmente toda la información disponible antes de formar conclusiones, pero luego, con tanta información a su disposición, en realidad forman conclusiones casi de inmediato. La gente no es consciente del todo de esta “trampa psicológica” y ve la mente como un árbitro racional, asumiendo que ellos y otros contendrán el juicio y su decisión seguirá un proceso totalmente racional hasta que terminen de hojear toda la evidencia.  Pero la mente no es solo un procesador de información pasivo; También es emocional.  En realidad, una vez que las personas comienzan a experimentar esa evidencia en tiempo real, inevitablemente reaccionarán a ella a medida que avanzan.  No necesitaremos ver información posterior si nuestras emociones han tomado partido y se han decantado c por una de las alternativas de la decisión. Llegados a este punto lo que probablemente hagamos no sea mucho más que anotar la información adicional que refuerce nuestra elección. Es precisamente este juego e interacción entre las plataforma racional y emocional lo que resume el proceso de muchas de las decisiones que se toman en las empresas. En ocasiones, los factores racionales y emocionales se revelan con total evidencia y casi con naturalidad como a la hora de considerar un determinado despido en una empresa familiar, plantear un plan de sucesión o decidir vender el negocio que tanto esfuerzo costó levantar. Ello significa también que en las decisiones será muchas veces difícil saber cuanta información adicional necesitamos esperar a acumular antes de decidir ¿Cuánto debería probar un producto antes de comprarlo?  ¿Cuánto tiempo debe esperar antes de despedir a un empleado?  ¿Cuánto debería trabajar en un artículo antes de que otros dejen de notarlo?  La clave es mantenernos alerta constante que nos ayude a evitar perder el tiempo y para ello lo más recomendable es seguir un proceso estructurado de diagnóstico, reflexión y decisión con rapidez. A medida que sumamos experiencia además el proceso se contraerá y acabará resultando aún más ágil la toma de determinadas decisiones. Obviamente no todas las decisiones son iguales, pero lo cierto es que lo que vayamos a decidir, o lo que lo demás hayan ya decido sobre ti, es de facto un proceso mucho más rápido de lo que estamos dispuestos a admitir. Debemos tratar de identificar con claridad y rapidez ese momento en nuestro entendimiento en el que más paladas de nueva y mayor información no aportan gran cosa a los juicios que nuestra mente ya ha tomado. Debemos tratar de evitar acumular información sólo para refrendar o apoyar decisiones que en realidad ya están tomadas. El simple hecho de ser conscientes de todo ello debe ayudarnos a aprovechar realmente la era de la información de hoy para decidir mejor.

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