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¿Por qué la agricultura climáticamente inteligente es tan controvertida?

¿Por qué la agricultura climáticamente inteligente es tan controvertida?
La Agricultura Inteligente para el Clima intenta elevar la productividad de los cultivos y reducir la emisión de gases responsables del cambio climático

La demanda alimentaria mundial, en directa relación con el crecimiento demográfico, es fuente de un debate apasionado: qué agricultura debe tener el planeta en un contexto cercano, que combine las necesidades de elevar la producción con la amenaza de un cambio climático asociado a las actividades humanas, entre ellas la agricultura.

Es este el marco intelectual, pero también práctico, que propicia la aparición de la Agricultura Inteligente para el Clima, un concepto con tantos valedores como detractores. Para los primeros, se trata de una respuesta integral a dos desafíos conjuntos: hambre y cambio climático. Para los críticos, es una estrategia acuñada por las multinacionales del sector primario, que desoye los errores cometidos en el pasado y amenaza con replicar sus efectos.

La llamada Agricultura Inteligente para el Clima (Climate Smart Agriculture, CSA, por sus siglas en inglés) puede ser definida como un enfoque que promueve acciones necesarias para transformar los sistemas agrícolas y garantizar la seguridad alimentaria en un clima cambiante. Bajo estas premisas, tiene como objetivo abordar tres objetivos principales: el aumento sostenible de la productividad agrícola; la adaptación y fortalecimiento de la resistencia al cambio climático; y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en la mayor medida posible.

La agricultura inteligente es una de las once áreas corporativas que movilizan recursos bajo los Objetivos Estratégicos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Está, por tanto, en consonancia con la visión de la FAO para una alimentación y agricultura sostenibles y apoya el objetivo de la institución multilateral para hacer más productivos y sostenibles la agricultura, la silvicultura y la pesca.

Como ya se ha señalado, son tres los pilares sobre los que se asienta la CSA:

  1. Productividad: la Agricultura Inteligente para el Clima se propone aumentar de forma sostenible la productividad agrícola y los ingresos de cultivos, ganado y peces, sin tener un impacto negativo en el medio ambiente.
  2. Adaptación: la CSA presta especial atención a la protección que los ecosistemas proporcionan a los agricultores, esenciales para mantener la capacidad para adaptarse a los cambios climáticos.
  3. Mitigación: siempre que sea posible, la Agricultura Inteligente para el Clima debe ayudar a reducir e incluso eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto implica que se propone reducir las emisiones por cada caloría o kilo de alimentos, fibra y combustible que produce. También combate la deforestación vinculada a la agricultura.

Características principales de la CSA:

  • Aborda el cambio climático: contrariamente al desarrollo agrícola convencional, integra el cambio climático en la planificación y desarrollo de sistemas agrícolas sostenibles.
  • Integra objetivos múltiples y compatibles: busca resultados de triple ganancia, con aumento de la productividad, mayor resiliencia ante el cambio climático y reducción de emisiones.
  • Mantiene los ecosistemas: la Naturaleza proporciona a los agricultores los servicios esenciales: aire limpio, agua, alimentos y materiales. Es imperativo que las intervenciones de Agricultura Inteligente para el Clima no contribuyan a su degradación.
  • Enfoque multidisciplinar: la CSA no puede ser percibida solamente como un conjunto de prácticas y tecnologías. Tiene múltiples puntos de entrada, desde el desarrollo de tecnologías hasta la elaboración de modelos y escenarios de cambio climático, tecnologías de la información, cadenas de valor y fortalecimiento de entornos institucionales y políticos.
  • Actuación diferenciada a escala local: lo que es inteligente para el clima en un solo lugar puede no ser inteligente para el clima en otro, y ninguna intervención es inteligente para el clima en todas partes ni en todo momento.
  • Involucra a los colectivos vulnerables: para lograr las metas de seguridad alimentaria y mejorar la resiliencia, los enfoques de la CSA deben involucrar a los grupos más pobres y marginados. Estos grupos a menudo viven en tierras frágiles, más vulnerables a desastres climáticos como sequías e inundaciones. Por lo tanto, es muy probable que se vean afectados por el cambio climático.
  • Atención especial a las mujeres: el género es otro aspecto central de la CSA. Las mujeres suelen tener menos acceso y derecho legal a la tierra que cultivan, así como a otros recursos productivos y económicos que mejoran su capacidad para prosperar.
  • Involucra a todos los actores institucionales: la Agricultura Inteligente para el Clima se esfuerza por implicar a todos los actores locales, regionales y estatales en la toma de decisiones. Solo así es posible identificar las intervenciones más adecuadas y formar las alianzas necesarias para permitir el desarrollo sostenible.

Los desafíos de la CSA

La Agricultura Inteligente para el Clima aborda la seguridad alimentaria, la mala distribución y la desnutrición.

A pesar de la atención prestada al desarrollo agrícola, todavía hay alrededor de 1.000 millones de personas desnutridas en el mundo.

Al mismo tiempo, más de 1.400 millones de adultos padecen de sobrepeso. Y lo que es peor, un tercio de los alimentos del planeta se tira a la basura.

Las previsiones son inquietantes. La población mundial crecerá por encima de los 9.500 millones de personas antes de la primera mitad de este sigo, según las previsiones de Naciones Unidas.

A ello hay que añadir el cambio en los patrones de consumo de alimentos, con una mayor demanda de productos con mayor huella ecológica, sobre todo la carne.

De continuar las tendencias actuales en los patrones de consumo, la producción de alimentos tendrá que crecer un 60%, con lo que ello conlleva para la generación de residuos.

Por otro lado, la CSA ayuda a mejorar la seguridad alimentaria de los grupos pobres y marginados, reduciendo al mismo tiempo los desechos de alimentos a nivel mundial.

Un enfoque crucial de la Agricultura Inteligente para el Clima es que aborda la relación entre la agricultura y la pobreza. Hay que tener en cuenta que la agricultura es la principal fuente de alimentos y recursos para millones de personas que viven en países en desarrollo.

De hecho, en torno al 75% de los pobres del mundo viven en zonas rurales. Y para este colectivo, formado por millones de seres humanos, la agricultura es su único medio de supervivencia.

Como tal, la agricultura está en una posición única para rescatar a millones de personas de la pobreza. El crecimiento agrícola sostenible es el mejor camino hacia la prosperidad colectiva para millones de campesinos en todo el mundo.

La amenaza climática

El cambio climático no deja de deparar malas noticias. La temperatura media crece y el futuro, en este aspecto, amenaza con convertir el planeta no solo en más cálido, sino también con un clima más volátil.

Combinados, estos cambios aumentarán la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos como huracanes, inundaciones, olas de calor, tormentas de nieve y sequías.

Pueden causar el aumento del nivel del mar y la salinización, así como perturbaciones en ecosistemas enteros. Todos estos cambios tendrán profundos impactos en la agricultura, la silvicultura y la pesca.

El sector agrícola es particularmente vulnerable al cambio climático. Esto supone que la agricultura depende en gran medida de rangos de temperatura consistentes y disponibilidad de agua, que son exactamente lo que el cambio climático amenaza con socavar.

Además, las plagas sobre los cultivos probablemente aumentarán su incidencia y se extenderán a nuevos territorios, lo que plantea nuevos desafíos para la productividad agrícola.

Cambios en los cultivos

En la actualidad, se estima que el cambio climático ha reducido ya la producción mundial de maíz en un 3,8 %. Mayor aún es la pérdida en el cereal más común, el trigo, con una caída del 5,5 %. En parecidas circunstancias se encuentran otros cultivos masivos, como la soja y el arroz.

Además, la relación entre la agricultura y el cambio climático es una vía de doble sentido: la agricultura no solo se ve afectada por el cambio climático, sino que tiene un efecto significativo sobre el mismo.

La actividad agrícola y ganadera tampoco es inocua para el medio. El cultivo y la silvicultura son responsables del 20 % de las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta. Por esta razón, la mitigación es uno de los tres pilares de la Agricultura Inteligente para el Clima.

No todo son elogios

Esta visión sobre una estrategia común por la productividad, contra la emisión de carbono y ante la perspectiva del cambio climático es defendida, con matices, por la FAO, pero ni mucho menos genera consenso en la comunidad científica.

Más bien al contrario, los colectivos ecologistas vinculados a la agricultura se han apresurado a señalar que la Agricultura Inteligente para el Clima es más una marca que un propósito.

Para los críticos de la CSA, son las grandes multinacionales del sector primario, principalmente radicadas en Estados Unidos, las que tienen su propia estrategia de expansión ante la perspectiva del crecimiento demográfico, ante el que quieren ser las mejor colocadas. Abogan, por el contrario, por la agricultura sostenible, o ecoagricultura, como respuesta idónea.

En ese sentido, científicos y activistas concluyen que aquellas políticas que han producido los efectos adversos ya conocidos, difícilmente pueden ser impulsores de un nuevo paradigma más respetuoso con el entorno y las comunidades pobres.

El debate está servido; lo único claro es que la humanidad se juega mucho con las políticas agrícolas que sean implementadas en un futuro cercano.

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