¿Qué hacemos con los residuos radiactivos?

Residuos Radioactivos
Un residuo radiactivo comporta unos determinados peligros para la salud que son conocidos por la población. Analizamos que hacemos con estos residuos.

Un residuo radiactivo comporta unos determinados peligros para la salud que son conocidos, a grandes rasgos, por la población. El personal no maneja información exhaustiva sobre el tema, pero es consciente de que la radiactividad supone riesgos en general. También, por otro lado, se tiene en cuenta la necesidad de la producción energética para el funcionamiento de nuestras sociedades.

Los riesgos de una energía que no se desestima

Gobiernos y poblaciones, como se ha comentado, comparten una opinión generalizada acerca de la peligrosidad de la radiactividad. Sin embargo, esto no supone que compartan impresiones acerca del futuro de la radiactividad que se genera en las sociedades modernas. La sensibilidad hacia este tema, tanto por parte de poblaciones como de gobiernos, varía en función de contextos y coyunturas.

La reacción social contra los peligros asociados a la industria nuclear tiene su origen en las manifestaciones de la nueva izquierda surgida en los años sesenta del siglo XX. Durante los años ochenta y noventa del siglo pasado, la sensibilidad en estos temas se trasladó a importantes contingentes sociales.

El debate acerca del uso de la energía nuclear entró en la agenda social y política y se vieron, en España, las primeras manifestaciones relacionadas con esta cuestión. Destacaron las protestas organizadas contra la instalación de centrales nucleares en determinados territorios. Por ejemplo, en Lemóniz (Euskadi).

Las posturas contrarias al empleo de la energía nuclear, como se comentó, venían del surgimiento de los primeros movimientos sociales alternativos. La Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS trajo consigo un incremento exponencial del potencial armamentístico de ambos países. La potencia destructiva de la energía nuclear ya se había atestiguado con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

Los arsenales nucleares que empezaron a acumular las dos superpotencias de la segunda mitad del siglo XX llevaron al convencimiento de que el objetivo final de estas estrategias residía en la disuasión mutua, ya que se albergaba la sensación de que la capacidad de destrucción recíproca suponía una razón de peso para no dar inicio a las hostilidades.

Sin embargo, tanto Estados Unidos como la URSS no reprimieron su intención de probar estas armas de destrucción masiva y trasladaron una serie de guerras estratégicas a territorios lejanos (Vietnam, Afganistán...).

Las reivindicaciones del movimiento antinuclear se unieron a las defendidas por las organizaciones pacifistas. Al fin y al cabo, los objetivos de ambos movimientos sociales convergían.

Las protestas antinucleares coincidieron con las primeras defensas de las energías alternativas. Estas energías no tendrían efectos nocivos para el medio ambiente, puesto que podrían extraerse de la misma naturaleza (agua, viento, sol...).

El desarrollo de las energías alternativas, por otra parte, dista, a día de hoy, de ser suficiente para satisfacer las necesidades de los países más desarrollados del mundo. No se puede negar su progresión, pero la realidad es que la energía nuclear y otras de tipo contaminante siguen jugando un rol esencial en el funcionamiento de las sociedades más avanzadas.

Pese a los progresos constatados en materia de sensibilidad medioambiental (por ejemplo, en su día, la Cumbre de la Tierra), la dependencia energética de países como España (incluso, existe la necesidad de comprar energía a otros Estados) reactiva el debate acerca de si es imprescindible la energía nuclear.

No escasean, además, las opiniones favorables a ciertos usos de la energía nuclear en los ámbitos industriales, ya que la tecnología y la ciencia han permitido a la humanidad obtener aplicaciones prácticas y útiles del fenómeno de la radiactividad.

En este sentido, las radiaciones ionizantes y ciertos materiales tóxicos se emplean en distintos ámbitos sociales y generan los consiguientes residuos:

  • Dentro del campo de los residuos sanitarios, aparte de otro tipo de residuos (biosanitarios, citotóxicos, químicos, citostáticos...), destacan los que están contaminados con sustancias radiactivas, por la exposición a determinadas máquinas que emiten radiaciones. ENRESA (Empresa Nacional de Residuos Radiactivos S.A.) se encarga de su recogida.
  • En el ámbito industrial, la radiactividad se puede utilizar para medir espesores y densidades. Los residuos también sirven para reelaborar el combustible que hace funcionar las centrales nucleares.
  • La arqueología, por su parte, aprovecha las radiaciones para datar yacimientos.
  • La producción energética propicia una importante acumulación de residuos. Por ejemplo, mediante la operación de los reactores que generan energía eléctrica.
  • Por último, la investigación y la docencia también dan lugar a una cuota importante de residuos radiactivos, derivados de sus experimentos. Por ejemplo, el que ha valido para demostrar que el californio sirve para reciclar residuos radiactivos.

Sobre todo, la visión problemática de la radiación parte de una preocupación por sus efectos perniciosos para la salud.

Grosso modo, las sustancias radiactivas son capaces de alterar el ADN de nuestras células y aumentar su riesgo cancerígeno. La leucemia es la enfermedad más relacionada con la exposición a radiación, aunque tampoco hay que desdeñar la presencia de diversos cánceres. Asimismo, los ecosistemas (por ejemplo, los cultivos) también se ven alterados, como se comprobó tras el accidente de la central nuclear de Chernóbil. El agravante de estas problemáticas estriba en que los efectos perversos pueden prolongarse durante largos años.

La gestión del tratamiento de residuos: un tema clave en las sociedades actuales

Efectivamente, por el conocimiento, en líneas generales, que se va adquiriendo sobre las problemáticas citadas antes, la cuestión del tratamiento de residuos en los países más avanzados se ha convertido en tema prioritario para sus Administraciones y poblaciones.

En este aspecto, vale la pena empezar por una somera definición de los residuos radiactivos. Se encuentran en estado sólido, líquido o gaseoso y no tienen usos previstos. Su característica principal, la cual hace que sean problemáticos, es que están compuestos por elementos químicos radiactivos (radionucleidos o isótopos radiactivos), en cantidades superiores a las permitidas por los organismos reguladores.

Según sus riesgos para el medio ambiente y los seres humanos, estos residuos pueden clasificarse en los de baja, media actividad y alta actividad.

Por otra parte, la finalidad de la seguridad ha sido definida por los principios promulgados por una serie de organizaciones internacionales: Comisión Europea (CE), Comisión Internacional de Protección Radiológica (CIRP), Agencia para la Energía Nuclear de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE/AEN) y Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Entre las directrices normativas que han producido estos organismos, destacan la Convención de la OIEA y las directivas de impacto ambiental de la CE, las cuales obligan a los países pertenecientes a la UE a someter sus proyectos a este tipo de evaluaciones.

Por lo que respecta a los residuos radiactivos generados, sobresale, en primer lugar, el combustible nuclear gastado. Tanto el de ciclo abierto como el de ciclo cerrado han de acabar alojados en un almacén geológico profundo.

Actualmente, los residuos radiactivos producidos en España se almacenan en piscinas y contenedores. Las piscinas ofrecen bajo coste, alto blindaje de seguridad y capacidad de enfriamiento. La alternativa la constituyen los contenedores, que pueden ser de hormigón o metálicos. Su construcción se puede plantear en función de las necesidades que vayan surgiendo, por lo que es viable acometer ampliaciones progresivas. En España existen el almacén temporal de la central nuclear de Trillo y el de José Cabrera, ambos de hormigón.

A día de hoy, no ha sido necesaria la realización del transporte de residuos de alta actividad. Estos permanecen, a falta de la construcción de un Almacén Temporal Centralizado nacional, en los contenedores y piscinas de las propias centrales. Cabe señalar que sí que existen normativas internacionales relativas a prevenir los riesgos de esta actividad: la guía de seguridad del OIEA y el Acuerdo Europeo para el Transporte de Mercancías Peligrosas por Carretera (ADR).

Por otro lado, las estrategias asociadas a los residuos radiactivos están contempladas, dentro de España, en el Plan General de Residuos Radiactivos (PGRR), en el que también se tienen en cuenta los estudios financieros y económicos y el desmantelamiento de instalaciones.

Aparte, para la selección de una ubicación para el Almacén Temporal Centralizado (ATC) se siguen las orientaciones contenidas en el programa europeo COWAM y se formaliza un proceso con las siguientes fases: información pública, convocatoria en el BOE, presentación y selección de candidatos y designación por parte del gobierno español.

Estabilización y solidificación de residuos: una solución apreciable

Se trata de un proceso basado en la agregación de aditivos para rebajar la naturaleza peligrosa de un desecho, su nivel de toxicidad y la velocidad de migración ambiental de un contaminante.

La fijación a un aditivo, que actúa como medio de soporte, supone el confinamiento del agente contaminante.

Con la agregación de estos reactivos, mejoran las características físicas de los residuos y su manipulación, se reduce el área de influencia contaminante y se disminuye su solubilidad.

Entre los procesos comprendidos en este tratamiento de los residuos, destaca el de solidificación, por el que se incrementa la resistencia del residuo y se reducen su permeabilidad y riesgo contaminante. También hay que citar los procesos de adsorción y precipitación. En la estabilización, de hecho, intervienen mecanismos como el microencapsulamiento y la adsorción.

Por último, entre los materiales que se utilizan y se han estudiado como reactivos estabilizadores, cabe resaltar el cemento, los materiales puzolánicos y la cal.

En definitiva, un terreno en el que aún es posible innovar y que dota de seguridad a los procesos de tratamiento de residuos. Las polémicas respecto a ellos seguirán presentes, por lo que es conveniente acopiar información relativa a esta cuestión fundamental en la sociedad de hoy en día.

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Comentarios (2)

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pedro

Enviado el

viva franco mi color es rojo

rataaaaaa republicano

Enviado el

racistaaaaaaaa

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