Reduce tus Huellas de carbono – Cambio Climático

La Huella de Carbono es un indicador creado para cuantificar la cantidad de gases, en equivalentes de dióxido de carbono (CO2).

El cambio climático es una de las cuestiones que más preocupaciones ha levantado en los últimos años, no solo entre los grupos y activistas en defensa del medio ambiente, sino, incluso, dentro del propio núcleo empresarial de los países, que ha empezado a preocuparse por las posibles consecuencias que las emisiones de gases de efecto invernadero, o gases GEI, pueden tener en el futuro de nuestro planeta.

Cualquier actividad que se realice, ya sea a nivel personal, como el simple hecho de cocinar o moverse en transporte, como a una escala mayor, como el proceso de comercialización de un producto, supone un consumo de energía que tiene como consecuencia una liberación de emisiones a la atmósfera.

Con el objetivo de sensibilizar a la población acerca de las emisiones de GEI y su más que considerable relación con el calentamiento global se creó un indicador de sostenibilidad que sirve para cuantificar la cantidad de gases, en equivalentes de dióxido de carbono (CO2), que se conoce como “huella de carbono”.

El análisis de las emisiones liberadas se ha convertido en una importante herramienta para las compañías, que han dado más valor a la responsabilidad social corporativa y abogan por asumir prácticas más sostenibles, y abarca todas las actividades del ciclo de vida productivo, desde la obtención de materias primas hasta la gestión de los residuos obtenidos.

El principal valor de analizar la huella de carbono es la identificación de las fuentes de emisiones de un producto, así como su cantidad para poder buscar maneras alternativas para que, a través de la implementación de políticas de reducción efectivas e iniciativas de ahorro, se consiga reducir esa “huella” que la producción deja tras de sí y que afecta de forma negativa al medio ambiente.

Como la emisión de GEI a la atmósfera tiene un peso distinto si se mide a nivel individual o a nivel de organización, los estándares para cuantificar la huella de carbono son, en consecuencia, diferentes.

  1. Por un lado, existen los estándares para evaluar la huella en las organizaciones, donde se analizan las emisiones de gases de efecto invernadero en un período determinado, como podría ser un año, y se realiza un inventario. La huella de carbono a nivel empresarial utiliza estándares como la norma ISO 14064-1:2012 o el Greenhouse Gas Protocol (Protocolo GHG), desarrollado por el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, por sus siglas en inglés) y el Instituto Mundial de Recursos (WRI). En materia de cuantificación de la huella de carbono a nivel empresarial se distinguen las emisiones en tres niveles: las emisiones de Alcance 1, que son las directas; de Alcance 2 o indirectas; y las de Alcance 3, que son otras emisiones indirectas derivadas de actividades de la empresa en cuestión, pero cuya fuente no está controlada por ella, como pueden ser las emisiones asociadas al transporte de empleados por trabajo y las de proveedores, entre otras.
  2. Por otro lado, existe la huella de carbono de productos o servicios, indicador con el que se analizan las emisiones de GEI durante lo que se conoce como el ciclo de vida. En este caso, entre los estándares más utilizados, se encuentran el PAS 2050:2011, una especificación que la Institución Británica de Estándares publicó en 2008, de aplicación voluntaria; o la norma ISOTS 14067:2013, que sienta los principios y requisitos para que la comunicación de emisiones de CO2 que se liberan durante toda la cadena productiva sea más transparente y su cálculo, más comparable.
  3. Por último, se encuentra la huella de carbono personal, una iniciativa de Clima Futures Association y ADEME, que permite a título individual la evaluación de las emisiones liberadas derivadas de las acciones de la vida personal. De esta manera, cada persona puede averiguar cuál es su participación en el proceso que vive el planeta de calentamiento global. Las cuatro cuestiones que se analizan para valorar la huella de carbono personal son el alojamiento, el transporte, la alimentación y el consumo.

Una vez que se establecen los estándares para calcular la huella que un producto, un servicio, una organización o una persona dejan tras de sí, afectando al cambio climático, es mucho más fácil poner en marcha un plan cuyo objetivo sea reducir y compensar las emisiones de cara a una significativa mejora en un futuro.

Quizás la manera más sencilla para comenzar a contribuir con el medio ambiente sea el cálculo de la huella personal y la puesta en marcha de un plan a nivel individual para reducir las emisiones de CO2 que cada uno libera a la atmósfera, teniendo en cuenta los cuatro aspectos más importantes:

  • ALOJAMIENTO: las medidas que más impacto tienen en un plan individual para reducir la huella de carbono personal son muy sencillas: bajar la temperatura de la calefacción y de los aparatos de refrigeración; programar los termostatos para que el consumo energético sea más estable; mantener cierto aislamiento, gracias a ventanas de doble cristal; y utilizar bombillas de bajo consumo o, incluso, cambiarse a la electricidad verde, que refuerza las fuentes de energía renovables.
  • TRANSPORTE: en este aspecto es muy sencillo, aunque depende de las distancias. Si estas son cortas, se puede ir caminando o en bicicleta; si no, la mejor opción es utilizar el transporte público o compartir el coche, si es necesario. En este caso, evitar los viajes cortos y el exceso de velocidad reduce el consumo de combustible y, con ello, la emisión de CO2.
  • ALIMENTACIÓN: otros aspectos más cotidianos, como cocinar, también pueden contribuir a disminuir la huella de carbono, como no calentar demasiado el agua y utilizar las tapas de las ollas para hervir, no meter comida caliente en el frigorífico o utilizar el lavavajillas sólo cuando esté completo. También es una buena opción reducir el consumo de carne, cuyo impacto, tanto en el medio ambiente como en la salud, es significativo; u optar por productos de temporada y locales, que requieren menos energía y reducen las emisiones de CO2, al ser su transporte más reducido.
  • CONSUMO: reducir el consumo de aparatos eléctricos favorece significativamente la lucha por la reducción de las emisiones. Así, se recomienda utilizar, por ejemplo, el ordenador sólo cuando sea necesario o tener en cuenta pequeños detalles, como desenchufar el cargador del móvil cuando no se esté utilizando o no dejar los aparatos en ‘standby’.

A nivel de organización, el proceso es más complicado. Es necesario que las compañías implementen planes de reducción de emisiones basados en el reciclado, el diseño ecológico o los nuevos modelos de negocio y que consigan una satisfactoria gestión de la eficiencia energética, así como de los residuos, del agua o de la calidad del aire. Gracias al cálculo y compensación de determinados consumos, las compañías son capaces de visualizar cuáles son las fuentes de emisiones y reducirlas.

En este sentido, las organizaciones deben tener en cuenta los consumos de electricidad, pudiendo unirse, por ejemplo, a servicios de comercialización de energía con garantía de origen renovable o desarrollar sistemas de dinamización e iluminación ecológicos e inteligentes.

El transporte o el consumo de agua también son aspectos a tener en cuenta, pudiendo revisar el número de kilómetros recorridos, tanto en transporte aéreo como terrestre, para reducirlos dentro de lo posible, así como el de centímetros cúbicos consumidos en la empresa. Además, las organizaciones pueden valorar la impresión de documentos en papel, con el objetivo de controlarlos, ya que esta actividad no sólo tiene consecuencias a nivel energético, sino también en materia de tratamiento de residuos.

A pesar de los intentos por reducir la huella de carbono, cabe mencionar que se trata de un objetivo a medio y largo plazo, por lo que puede que los resultados no se vean de forma inmediata. En este caso, y con el objetivo de que las emisiones se equilibren en todo el globo, las organizaciones (y los Gobiernos) pueden vender o comprar reducciones de GEI.

Teniendo en cuenta que no importa la parte del mundo en que se reducen las emisiones, ya que el efecto global es el mismo, las compañías o entidades que tienen unas emisiones por debajo de los límites establecidos legalmente tienen la posibilidad de vender permisos de emisión a otras entidades que, por la razón que sea, no han conseguido reducir esas emisiones hasta el límite que se les ha impuesto.

En Europa, los límites de emisiones y la compraventa de derechos para liberar más CO2 del permitido se regulan, para cumplir con las obligaciones de los protocolos, por el Sistema Europeo de Comercio de Emisiones.

La huella de carbono es una herramienta que ha resultado ser muy útil para muchas empresas y organizaciones que ya se han subido al tren de la lucha contra el cambio climático y las recomendaciones para reducirlo, tanto a nivel de organización como personal, son relativamente sencillas, tanto de determinar como de implementar de forma posterior, precisamente para facilitar la reducción de emisiones de carbono a todos los niveles, ya que la lucha contra el cambio climático es trabajo de todos.

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