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SDDR versus SIG

SDDR versus SIG
El SDDR frente al SIG y, según un informe de la Cátedra de la Unesco, es menos eficaz en todos los ámbitos analizados e incide sobre el medio ambiente

La Cumbre de la Tierra de Naciones Unidas de 2002 vertió luz sobre los principales motivos por los que sigue deteriorándose el medio ambiente. Estas residen en modos insostenibles de producción y consumo, sobre todo en los países industrializados.

Sin embargo, existe una conciencia para reciclar, arraigada en la preocupación por el entorno. Según una investigación hay una percepción global de que los efectos de la actividad humana han llegado tan lejos que han desgastado el medio ambiente.

En este contexto, el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno de Envases –SDDR– y los Sistemas Integrados de Gestión –SIG– tienen mucho que decir. Uno puede ser complementario del otro, aunque existen voces encontradas al respecto.

Gestión de residuos: ¿SDDR o SIG?

El Sistema Integrado de Gestión (SIG) hace hincapié en la recogida, el traslado, el almacenamiento y posterior procesado de los residuos para su reciclaje. Además, se ocupa de la vigilancia de estas acciones y de los sitios de descarga.

Este proceso incide en la importancia de que una vez que un producto ha concluido su vida útil o la persona lo desecha ha de incorporarse a un sistema de correcta gestión. Aquí entra en escena el SIG.

En el marco de la Ley 22/2011 de Residuos y Suelos Contaminados, las empresas adoptan la responsabilidad de administrar los residuos que ponen en el mercado. Además, han de hacerse cargo de los costes que ello conlleva.

SIG: tres vías de administración de residuos

Según la mencionada Ley, las compañías pueden optar por tres vías:

  • Es la propia empresa la que se encarga de gestionar los residuos que pone en el mercado, desde su almacenaje y reciclado hasta su posterior revalorización.
  • Dejar en manos de una empresa o entidad todos los residuos generados para que ellas se responsabilicen de las acciones mencionadas.
  • Entregar a una empresa pública o privada de recogida de residuos. Estas están incluidas en el ámbito de la economía social.

El número de empresas que recurren a la última vía es considerablemente mayor a las que recurren a las dos primeras. Se trata de un trámite más barato, sencillo y rápido.

Entre las empresas de economía social que se ocupan del tratamiento y la gestión de residuos se encuentra Ecoembes, cuya misión reside en los residuos de envases, plásticos, papel y cartón.

Opera a través de una red de contenedores distribuidos por pueblos y ciudades: el amarillo, destinado a plásticos y envases y el azul, a papel y cartón.

Por su parte, Ecovidrio se centra en la tramitación de residuos de cristal a través de su contenedor verde.

Por otro lado, la mayoría de las farmacias cuenta con un punto Sigre donde desechar los medicamentos o productos de la industria farmacéutica.

Todos los productos acogidos al SIG llevan una etiqueta que los identifica. Esta demuestra que el fabricante ha abonado la tasa correspondiente para una adecuada gestión.

El consumidor se convierte en protagonista de este proceso, al seguir el camino trazado por el SIG. En este sentido, separa en origen la máxima cantidad de residuos y los vierte en los iglúes adecuados para que continúen el sendero del reciclaje.

De esta forma, los residuos generados se llevan a una planta de tratamiento donde se aplican las medidas oportunas para crear nuevos productos, bien sean similares al original o diferentes y se valorizan. Así, entran de nuevo en el ciclo.

El SDDR: sistema de recuperación de envases

 Al igual que el SIG, el SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno) se basa en la economía circular, a través de la cual un producto, en este caso un envase, vuelve a la cadena de producción y consumo.

En este caso, existen variables que lo diferencian del SIG. Estas se arraigan en los conceptos de depósito y devolución.

El depósito consiste en una cantidad económica que da valor a cada envase. De esta manera, se transforma en un incentivo para que el objeto se restituya a la cadena de producción de forma óptima.

La devolución, por su parte, es sinónimo de restitución, de tal manera que una vez que el consumidor haya hecho uso del envase y lo deposite en el comercio se le reembolsa la cantidad que antes había adelantado.

El retorno no es ni más ni menos que un recurso. Cierra la cadena, incorporando de nuevo, como es el supuesto del SIG, el envase al sistema de producción para que pueda ser reutilizado como materia prima.

El SDDR, en acción

Esta suerte de círculo económico sigue los siguientes pasos:

  1. Los productores pagan determinada cantidad (depósito) al operador del sistema por cada uno de los envases que incorporan al mercado.
  2. El consumidor desembolsa una cantidad económica por cada producto envasado, en la que se incluye el depósito del recipiente. Si lo devuelve al comercio una vez consumido, se le reembolsa dicha cantidad que ha abonado en concepto de envase. En caso de que no lo retorne, el dinero sirve para financiar el sistema.
  3. El operador de esta cadena repone al comercio la cantidad económica por cada uno de los envases que se le han retornado. Asimismo, se ocupa de tramitar la logística de los recipientes, la adecuada recuperación de los materiales y de hacer un exhaustivo control del fluir económico entre los distintos actores que intervienen.
  4. La Administración Pública audita la transparencia de las estadísticas y las cuentas del sistema.

¿Es viable y sostenible el SDDR en España?

La Cátedra Unesco de Ciclo de Vida y Cambio Climático de la ESCI-UPF manifiesta las posibles repercusiones que puede tener la implantación del SDDR en España.

En primer lugar, incidiría sobre el ámbito económico, generando un coste adicional de 1.784 millones de euros. En el terreno familiar supondría un incremento de 96 euros anual.

En segundo lugar, en el contexto medioambiental implicaría un aumento del calentamiento global en un 19,4 %.

El estudio, en un principio, asegura que el nuevo sistema entrañaría un leve incremento del 1,5 % del restablecimiento y recuperación de envases. En concreto, se restablecerían hasta 300 000 toneladas.

Además, el informe confirma que el 57 % de los residuos en forma de envase se trataría a través de este sistema, lo que implicaría un considerable ahorro si no se tuvieran en cuenta los costes para su activación.

Impacto medioambiental

La Cátedra de la Unesco también recoge en su informe el impacto medioambiental que conlleva el SDDR. Los datos que arroja no son nada halagüeños para la naturaleza, el ser humano y el entorno. Entre ellos destacan:

– El impacto en la contaminación o la acumulación de residuos en las aguas se dispararía hasta un 64,1 %.

  • La lluvia ácida sería hasta un 31,4 % mayor, como consecuencia de lo anterior.
  • En cuanto al calentamiento global, se asistiría a un incremento del 19,4 %.
  • La capa de ozono se agotaría hasta un 18,9 %.
  • Con respecto a la contaminación fotoquímica del aire, se registraría un 7,2 % más.

El informe ha estudiado seis variables y la única en la que se percibe una mejoría es en el agotamiento de los recursos, ya que supondría un 10,2 %.

El análisis, además, concluye que el impacto ambiental también sería mayor durante la recogida y transporte de los envases.

A ello añade que hasta el 54 % de ellos habrían de gestionarse manualmente y el transporte se realizaría sin compactar. Este hecho hace del SDDR un modelo menos eficaz porque produciría un aumento de las emisiones de dióxido de nitrógeno y dióxido de carbono.

Un coste 11 veces mayor

Se calcula que la implantación del SDDR tendría una incidencia económica hasta 11 veces mayor, tanto en el ámbito nacional como en el doméstico. En concreto, supondría un total de 2.275 millones, lo cual implica 1.784 más que los actuales sistemas.

De media, cada ciudadano abonaría 48,7 euros al año con respecto a los 10,5 euros que paga actualmente. Esto se traduce en un 38,2 % más por un proceso que resultaría menos eficaz y más costoso.

Rosa Colomé, coordinadora del análisis económico, ha aclarado que los ingresos procedentes del SDDR no compensan con los gastos. El motivo es la estructura económica y comercial de España, con una elevada atomización, donde son preponderantes los pequeños y medianos establecimientos. Este contexto es totalmente diferente al de otros países europeos.

El informe de la Cátedra Unesco incide especialmente en el impacto sobre la ciudadanía. Para su estudio, se han basado en entrevistas a entidades y organizaciones afectadas, encuestas sobre la intención de pagar y en la evaluación de la huella sobre la sociedad.

El resultado es similar al estudio del impacto medioambiental. Esto es, solo uno de los indicadores revela un dato positivo. En concreto, la disminución de la cantidad de envases en los entornos públicos.

En definitiva, el Sistema de Gestión Integral (SIG) se encara con el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), al haber una clara incidencia sobre la sociedad, la familia y el medio ambiente de este último en España. Los organismos vinculados al SIG, de este modo, defienden su proceso, ya que no compensa la inversión que supone el SDDR si se estudia su eficacia en todos los ámbitos.

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