Teletrabajo sí, ¡trabajadores del pijama no!

Teletrabajo y Conciliación
La conciliación de la vida profesional y familiar es uno de los mayores retos de la sociedad actual. Analizamos la situación del Teletrabajo en España.

La conciliación de la vida profesional y familiar es uno de los mayores sueños y retos a los que se enfrenta la sociedad actual. Tanto es así que la modalidad del trabajo a distancia gana cada vez más adeptos y ya es tendencia entre las empresas españolas. La implantación de las nuevas tecnologías en casi todos los ámbitos y la rentabilidad que ofrecen las herramientas colaborativas en Internet hace que un 22% de las pymes cuente ya con programas de teletrabajo. No son datos equiparables a Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Francia o Finlandia pero la cifra va en aumento.

Según datos manejados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), las empresas que han implantado el teletrabajo en parte de su plantilla han notado un aumento de la productividad entre un 5% y un 25% frente a los trabajadores que desarrollan su jornada durante 40 horas semanales desde la oficina. A este aumento en la producción, hay que añadir que el teletrabajo supone para las empresas una alternativa a la crisis porque permite ahorrar costes en recursos –viajes, hoteles, alquiler de oficina y mobiliario- y tiempo en reuniones o desplazamientos innecesarios. Y como colofón, esta nueva modalidad de trabajo es un estímulo para el empleado. Al ver satisfechas sus necesidades responde con un mayor compromiso hacia su empresa.

Esta nueva forma de organizar el trabajo engloba a un amplio abanico de actividades y puede realizarse a tiempo completo o parcial. No obstante, las áreas que se prestan mejor a este formato son las de administración, atención al cliente, diseño gráfico, marketing, informática, ventas o grabación de datos.

¿Por qué las empresas apuestan por el teletrabajo?

Entre las principales razones que llevan a una empresa a apostar por el trabajo a distancia está el ahorro –sobre todo en espacio de trabajo-, el aumento de la productividad o como incentivo para no perder a sus trabajadores más válidos o captar a los más rentables de la competencia.

Se calcula que solo en ahorro por puesto de trabajo, las empresas pueden ver reducidos sus costes anuales en unos 1.200 euros por empleado con esta fórmula. Asimismo, el 78% de los directivos piensan que la flexibilidad de horarios es un aliado fundamental para retener, fidelizar y motivar a los empleados más importantes.

Ante este panorama, es deducible que la falta de interés por el teletrabajo responde al miedo por parte del empresario de perder el control y la supervisión sobre sus trabajadores. Como todo, se pueden correr riesgos, pero la importancia y revolución de las nuevas tecnologías en el mundo empresarial reduce esta posibilidad.

La perspectiva es tan óptima que los departamentos de recursos humanos de compañías como BBVA, IBM, Repsol, Microsoft o INDRA fomentan el teletrabajo entre una amplia parte de sus plantillas. Y algunas organizaciones como el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) cuentan con este tipo de empleados. Para ello ponen a su disposición las herramientas necesarias para teletrabajar: móvil, portátil, conexión a Internet, aplicaciones en red- e imparten cursos de formación para los trabajadores que se acojan a esta fórmula. Además, el teletrabajo es una buena oportunidad para adaptarse a la nueva cultura informática, tendente a la oficina virtual, sin papeles, y al cloud computing.

Incluso parte de los sindicatos de trabajadores solicitan ya la extensión de esta fórmula a la Administración Pública bajo el convencimiento de que el entorno familiar es óptimo para el desarrollo de tareas que no implican una atención directa con el usuario.

Si bien la mayor parte de los teletrabajadores fijan su oficina en el salón o despacho de su casa, también se considera teletrabajo el realizado por el personal de la empresa en otras zonas como hoteles o cafeterías –en el caso de agentes de seguros, publicistas, creadores-, centros de coworking (cada vez más habituales por su comodidad y rentabilidad) e incluso oficinas satélite conectadas con la sede principal de la compañía que realizan funciones independientes.

La actual coyuntura económica hace que la modalidad más utilizada hoy por hoy sea el autoempleo, sobre todo en el caso de los personal shopper, escritores, abogados o periodistas. La figura del “Teletrabajador Freelance” es una de las salidas más demandadas por las personas desempleadas.

Ventajas y desventajas del Teletrabajo

Parece innegable que la principal ventaja para el teletrabajador es la conciliación. De hecho, desde su puesta en marcha es más factible la incorporación laboral de muchas madres de familia que de otro modo no tienen facilidades para acceder al mercado de trabajo. Además, esta forma de trabajar no presencial supone para el empleado:

  • Ahorro de tiempo en desplazamientos hasta el trabajo. Como media, se estima que un trabajador emplea unos 45 minutos para llegar a su puesto de trabajo. Realizado dos veces al día -1,5 horas-, este tiempo puede ser utilizado en trabajar sin moverse de casa.
  • Ahorro ecológico. No tener que coger el coche o transporte público contribuye a reducir la contaminación.
  • Ahorro económico. No hay que hacer tanta inversión en renovar el armario –puedes vestir a tu gusto- , echar gasolina, moverse en medios de transporte o desayunar diariamente en la cafetería más cercana.
  • Flexibilidad horaria. La autogestión del tiempo de trabajo acaba con los horarios controlados e interminables en la oficina.
  • Más motivación y menor estrés. Está comprobado que aumenta el nivel de concentración y se reducen los plazos de entrega de los trabajos. Además, se evitan situaciones de tensión entre empleados y distracciones innecesarias.
  • Movilidad geográfica. Las herramientas colaborativas de Internet hacen que sea posible trabajar para una empresa desde prácticamente cualquier lugar con conexión a la red.
  • Mayor autonomía personal, más tiempo libre, en definitiva, mejor calidad de vida.

Por contra, el principal y casi único de los inconvenientes para el empleado es el aislamiento del resto de trabajadores y cierta sensación inicial de pérdida de pertenencia empresarial. Por eso, es obligatorio que la empresa realice un seguimiento para evitar la falta de integración y comunicación con el resto de departamentos. También cabe considerar las barreras sociales y tradicionales que consideran el teletrabajo como ineficaz, bajo la percepción de que la persona que trabaja en su casa no trabaja en serio.

En general, el balance económico para la empresa es positivo sin bien se deben considerar una serie de posibles “obstáculos”, ya que:

  • Es necesario invertir en recursos y herramientas para poner en marcha sistemas de evaluación y auditorías del teletrabajo. Solo de este modo se podrá confirmar eficazmente la consecución de los objetivos.
  • Desde el punto de vista legal, los teletrabajadores tienen los mismos derechos que los trabajadores que desarrollan su actividad dentro de la oficina. Sin embargo se echa en falta un mayor marco legal. Esto, además, empujaría a más empresas a dar el salto hacia el trabajo virtual.
  • Para implantar el teletrabajo primero hay que llevar a cabo un proyecto piloto entre distintos departamentos y puestos de trabajo. El objetivo será evaluar los puestos y los empleados que están preparados para el teletrabajo.
  • Otro aspecto a tener en cuenta es poseer la tecnología y equipamiento adecuado para que llevar la oficina a casa no resulte un problema más que una oportunidad. La mayor inversión que debe realizar una empresa para adaptarse al teletrabajo reside en los sistemas de la sede central más que en el ordenador que tenga el teletrabajador. Normalmente, la empresa es la que corre con los gastos de todos los equipamientos –internos y externos- aunque en otros casos la compañía opta por establecer una compensación.

Cualidades para trabajar a kilómetros de distancia

Como norma general, las personas que trabajan a distancia dedican un 11% más de horas a trabajar que las que lo hacen desde el centro de trabajo. Pero no todo es tan sencillo como parece. Para huir del estereotipo del “trabajador del pijama” y adaptarse a esta nueva fórmula es necesario tener disciplina, ser responsable y reportar a una dirección por objetivos. Conlleva mayor dosis de dedicación y autocontrol. En caso contrario, será difícil diferenciar la vida privada del trabajo y terminarán por fusionarse.

El lugar de trabajo virtual suele ser el domicilio habitual del empleado y deberá reunir una serie de requisitos para garantizar el buen desarrollo y clima laboral. Se debe contar con un espacio habilitado a tal fin –siempre el mismo- que reúna las condiciones mínimas de seguridad de un puesto de trabajo tradicional. Algunas empresas, para confirmar que se cumplen esas condiciones laborales, hacen periódicamente visitas de evaluación.

En realidad, son más las ventajas que los inconvenientes de esta tendencia en auge. Lejos de ser una moda pasajera, supone un cambio cultural significativo para el que las empresas deben estar plenamente preparadas y concienciadas. Aquellas que sigan el paradigma de “más te veo, más produces” difícilmente podrán subirse al tren del teletrabajo. Por su parte, los trabajadores deben tener seguridad y confianza en este sistema. No es cuestión de permanecer más horas delante de la pantalla de un ordenador sino de producir más y alcanzar los objetivos establecidos para cada puesto.

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