Trabajadores felices, trabajadores productivos

Trabajadores felices, trabajadores productivos
La satisfacción laboral ha venido para quedarse, con el fin de fomentar una vida saludable en el empleado, con un mayor bienestar laboral y, por ende, una notable mejora en la productividad.

Desde hace algunos años, el ámbito del trabajo está siendo vinculado al hecho de que, a través de él, se pueda beneficiar a la salud de la población en general. El aumento de las enfermedades relacionadas con el estrés emocional y una pésima conciliación con la vida personal han hecho que los empresarios empiecen a focalizar su atención en este inconveniente, puesto que viene acompañado de un notable efecto secundario: un trabajador insatisfecho es mucho menos productivo.

La satisfacción laboral se ha convertido en un caballo de batalla que viene para quedarse, con el fin de fomentar una vida saludable en el empleado, que potencia un mayor bienestar laboral y, por ende, una notable mejora en los niveles de productividad.

Parece que ha quedado claro que apostar por seguridad y salud es como realizar una inversión en productividad, un fortalecimiento del capital humano que se traduce en mayores ventajas competitivas en el mercado.

Los orígenes

Después de una época que estuvo lastrada por las barbaridades cometidas durante la Revolución Industrial, el tema de seguridad y salud en el trabajo tuvo que esperar hasta la segunda mitad del siglo XX para experimentar un auténtico empujón.

Podría parecer mentira, pero lo cierto es que avanzar en una legislación que acabara con los demonios del pasado ha costado más de lo que en principio podía imaginarse. A pesar de ello, ciertos factores vinieron a sacudir los cimientos de la legislación vigente referida al bienestar laboral y los derechos de los trabajadores.

Aunque en principio costó que el empresariado apoyara estas causas, lo cierto es que con el paso del tiempo llegó a comprender que un trabajador satisfecho era un trabajador mucho más útil y decididamente más productivo.

No obstante, hasta llegar aquí, hubieron de acontecer diversos hitos que contribuyeron definitivamente a que seguridad y salud fuesen dos conceptos imprescindibles a la hora de negociar cualquier convenio colectivo.

Derivadas de esos hitos son ciertas modificaciones esenciales en el campo de la satisfacción laboral, relacionadas con cuestiones como los movimientos migratorios de personas que se trasladaban desde puntos más desarrollados del planeta hacia lugares más recónditos y menos avanzados. Ellas fueron las encargadas de sembrar la semilla de la transformación en esos focos más alejados de las leyes y las normativas y más apegados al uso y a la costumbre.

Igualmente, resulta destacable la incorporación de la mujer al mercado laboral, un hecho que trajo consigo una auténtica revolución que fomentó un cambio en el punto de vista de lo realmente importante para un empleado. La mujer puso de manifiesto que el bienestar laboral venía de la mano de la conciliación de la vida profesional con la vida personal o familiar.

También han sido de vital importancia los cambios regulatorios en la edad de los trabajadores, lo que ha impedido que niños o personas muy mayores estuvieran sometidos a una carga de trabajo impropia para sus edades, cuando menos vejatoria, injusta y en algún caso vinculada a conceptos críticos como el de la esclavitud.

Seguridad y salud como valor añadido

Se ha tardado mucho, pero por fin se ha llegado a comprender que un trabajador sano, seguro y satisfecho es mucho más productivo. De hecho, los datos apuntan a que en estas condiciones se reduce notablemente el índice de absentismo laboral, que puede llegar a ser nulo en el caso de los empleados más felices dentro del puesto de trabajo.

Esta reducción del índice de absentismo también viene vinculada al hecho de que, cuanto más satisfechos están los trabajadores, parecen sufrir menos enfermedades y accidentes. Parece claro que salud y seguridad proporcionan un valor añadido que devuelve productividad, calidad laboral y óptimos resultados, lo que podría estar potenciando un estupendo retorno de la inversión en el apartado de capital humano.

Visto como un valor añadido, hemos de convenir en que el lugar de trabajo puede transformarse en un espacio de vital importancia a la hora de velar por la seguridad, la salud y la calidad de vida, y todo ello relacionado con la posibilidad de obtener el máximo rendimiento laboral por parte del trabajador.

Este hecho ha propiciado una implicación por parte de empresarios y CEOs, quienes han empezado a implementar programas que fomentan la salud y los hábitos saludables entre los empleados. De este modo, también, disminuyen los costes de atención sanitaria, el número de accidentes laborales, las faltas por enfermedad y se produce un importante incremento de los niveles productivos.

Un entorno laboral de vida saludable

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un entorno laboral de vida saludable debe contar con la participación activa de las fuerzas de trabajo. La plantilla debe ser partícipe de cuantas medidas se adopten con el fin de estimular los niveles de satisfacción laboral.

Para un entorno laboral plenamente saludable y satisfactorio se exige un compromiso ético y moral entre empresarios y trabajadores, que debe propiciar ciertas metas:

  1. Encontrar una armonía de salud y seguridad que envuelva el lugar físico de trabajo.
  2. Se debe promocionar una cultura organizativa desde la que la salud, el bienestar y la seguridad, relacionados con el entorno psicosocial del puesto de trabajo, sean prioritarios para todos los implicados.
  3. Poder llegar al empleado, para que adopte medidas sanas y un estilo de vida saludable.
  4. Organización de actividades participativas y en grupo, para que se desarrolle un sentimiento de comunidad que propicie un patrón de vida sano en el trabajador, pero también en sus familias y entre los miembros de esa comunidad.

Cuidar del recurso más importante de la empresa

Efectivamente, el capital humano es el recurso más importante de una empresa y, de hecho, es el que consume una de las mayores partidas presupuestarias anuales de la organización. Parece lógico, entonces, cuidar y velar por un bien tan preciado.

Resulta, además, que de nuestra fuerza laboral depende el éxito de nuestra estrategia empresarial, ya que son sus integrantes los encargados de llevar a buen puerto cualquiera de las acciones empresariales que vayamos a desarrollar.

Llegados a este punto, parece fácil adivinar que el bienestar laboral no es, por tanto, una cuestión menor, sobre todo para las arcas de la organización. Qué empresa no cuidaría de su inversión.

Existen muchas medidas que fortalecen ese concepto de satisfacción laboral y ya hemos dicho que un empleado feliz es un empleado más productivo. Pero, ¿qué medidas se pueden adoptar para que se incremente ese nivel de felicidad?:

  • Flexibilidad horaria. No es tan difícil como parece, y un simple giro en nuestra política de horarios de entrada y salida puede traernos muchos beneficios. Basta con disminuir la hora de la comida y pasar de 2 horas a 45 minutos y, a cambio, flexibilizar el horario de entrada y salida para que los trabajadores puedan llegar entre las 8 y las 9 de la mañana y salir entre las 5 y las 6 de la tarde, por poner un ejemplo. Esto les permitiría más tiempo para sus fines personales.
  • Retrasar el horario de entrada. Parece una barbaridad, pero el pensamiento cambia si demostramos que entrando entre 30 minutos y una hora más tarde se eluden todos los atascos, el estrés que ello conlleva y las faltas de puntualidad.
  • Conciliación de la vida familiar. Hay que adoptar cuantas medidas sean posibles para permitir que el trabajador pueda conciliar vida laboral y familiar. Ejemplos de ello serían poder tomar vacaciones en la época en la que lo hacen los hijos, poder reducir jornada para atender a familiares, disminuir el horario de comida para poder salir un poco antes…
  • Motivación. No se debe escatimar en este apartado. Motivar al empleado, tenerlo satisfecho y con la autoestima alta, es decir, lograr que sepa lo valioso que es para la empresa, va a proporcionar empleados mucho más implicados con la organización y dispuestos a ofrecer una mejor contraprestación en forma de productividad y calidad de trabajo.
  • Mantener un buen clima laboral. Reduce el estrés y la depresión hasta límites increíbles. Basta con hacer del lugar de trabajo un sitio al que apetezca ir y donde se puedan echar tantas horas de un modo agradable.
  • Buenos equipos de trabajo. La organización no debe escatimar a la hora de suministrar el material y los equipos de trabajo necesarios para desarrollar las tareas de manera segura y cómoda. Un trabajador cómodo y seguro es un trabajador con menos enfermedades y que tiende a sufrir menos accidentes.

Queda claro que el cuidado de la plantilla debe ser una de las prioridades de las organizaciones. Solo con una fuerza laboral imbuida de seguridad y salud, podemos alcanzar cotas de productividad incomparables para nuestra empresa, además del ahorro que experimentaremos por el notable descenso del número de enfermedades comunes y derivadas del trabajo.

Por supuesto que implementar el concepto de vida saludable entre los trabajadores llevará consigo un gasto de dinero, pero ello debe ser evaluado como una inversión económica más que acabará dando resultados óptimos en muy poco tiempo. Lo importante es adaptarse a un plan de fomento de una vida saludable y experimentar el beneficio de tener trabajadores más productivos.

Formación relacionada

La página web www.cerem.es utiliza cookies para mejorar los servicios ofrecidos. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso e instalación. Para más información haga click aquí.

Subir